Conocí a Kis porque lo mencionó Vila Matas. No tenía más referencia que esa, tampoco tenía muy claro por dónde empezar, así que al final, en una Feria del Libro, me acerqué a la caseta de Acantilado a echar un vistazo a varios de sus títulos, y entre este y Salmo 44 acabé quedándome con el más largo.
Leí este libro a principios de este año. No, no es una errata. Fue uno de los primeros libros que leí en este 2019. Después lo dejé en el estante de libros para reseñar y se quedó sepultado por otras lecturas que llegaron más tarde y salieron antes de ahí. Quizá os preguntaréis por qué.
Fácil. No tenía ni la más remota idea de qué escribir.
Los que lleváis tiempo leyéndome sabréis que no escribo las reseñas en cuanto termino el libro, sino que la dejo reposar un poco. Generalmente con distancia soy capaz de analizar mejor las cosas, aunque lógicamente se pierde en el detalle gano en perspectiva de ver la historia en su conjunto. Pero claro, esto también tiene inconvenientes, si el libro no me ha gustado demasiado lo borro de mi memoria. O quizá no, porque pensándolo soy capaz de describir los libros que no me han gustado, los despellejes, los que no he sabido por dónde coger.
Sin embargo, Una tumba para Boris Davidovich tiene una laguna en mi mente. No creáis que la laguna viene motivada por la cantidad de semanas que han pasado desde que lo leí. Qué va. Tuve la sensación de que la historia se me estaba escapando, de que se me escurría de las manos y de la mente, de que no me estaba disgustando pero tampoco me gustaba lo suficiente como para dejar algún tipo de poso en mi mente. Y es que la sensación de que este libro estaba siendo invisible me acompañó durante toda la lectura y también cuando puse punto y final, me confesé a mí misma: lo he leído pero ya se me ha olvidado.
Él no estaba interesado en los supuestos hechos, ni tampoco en los supuestos caracteres sino en aquellas conjeturas y en su funcionamiento dentro de la lógica; sus motivos podrían resumirse, al fin y al cabo, en los mismos que tenía Novski al rechazar por completo cualquier conjetura, partiendo de un esquema completamente distinto ideal e idealizado.
Página 141
Lo he leído, lo sé. Pero no me sugirió nada. Quizá como cuando lees el diccionario, una palabra detrás de otra, una letra y otra letra, pero si te preguntan de qué va ¿qué podrías responder más que generalidades?
He estado tentada de no dejar esta entrada por aquí, pero cambié de idea al pensar que en las reseñas, en las columnas literarias, en las redes sociales, solo vemos libros buenísimos, libros fantásticos, o justo lo opuesto: libros malos, aburridos. Así que vengo a comentar un libro que me ha dejado fría, que dudaré haber leído dentro de dos años, porque sí, los lectores no siempre acertamos, no siempre nos encanta lo que leemos, y ya está. Se aprende, se apunta y se sigue leyendo.
Probablemente esta historia me habría gustado más si no hubiera leído otras historias, como El caso Tuláyev de Victor Serge o quizá la fama y el reconocimiento vienen de la mano de la polémica que causó Kis con sus libros. No lo sé, la conclusión es que este libro no es para mí.
FICHA:
| Te gustará si te gustó |
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| Pros |
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| Contras |
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Namaste.

Como ya sabéis, no suelo leer la sinopsis, así que lo que sabía de la historia era lo que me había comentado Pedro: que se trataba una historia simétrica a 
En ocasiones pienso que esa idea, la de relacionar libros simplemente por su ubicación, quedó en la memoria, y pertenece al pasado infantil en el que todo estaba obligatoriamente conectado. Sin embargo me sorprendo al pensar que para mí Canadá y
Admito también que en las primeras páginas de la lectura, por un momento, por un instante, pensé que esta historia no era para mí. Esa sensación se disipó en cuanto llegué a este fragmento:
Sin embargo, mi amigo Martín por twitter, acabó por decantar la balanza, así que finalmente lo compré en el
Nell Leyshon (Glastonbury): dramaturga y novelista. Ha recibido diversos galardones por sus obras teatrales y además ha sido la primera mujer que ha escrito una obra para el Shakespeare´s Globe Theatre. Autora de 


Sin embargo esa idea que tenía en mente distaba bastante de lo que finalmente me acabé encontrando. (Por supuesto, culpa mía por no leer la sinopsis). Mientras que Las pequeñas virtudes es un libro de reflexión y opinión cercano al ensayo, en Léxico familiar nos encontramos con un libro autobiográfico que incluye un recorrido por las historias que le ocurrieron a su familia, así que como podréis imaginar, el tono, la temática y el estilo del libro los hace muy diferentes.