Autor, Literatura

Trainspotting, Irvine Welsh

 Trainspotting es uno de esos clásicos modernos que todo el mundo conoce, ya sea por la novela en sí como por la afamada versión cinematográfica. Animada por varios comentarios positivos, lo anoté en mi Plan Infinito y hace ya unos cuantos años le llegó su turno. Sin embargo, por motivos relacionados con épocas de exámenes, obligación de devolución del libro a la biblioteca y demás, lo dejé. Eso sí, no olvidé que quería terminarlo de leer.

Ahora, aprovechando un viaje en el que sabía que estaría un tiempo sentada en un avión, decidí volver a él cargándolo en el ebook, y conociendo que se trata de una de esas historias que se pueden leer de corrido.

Welsh introduce cuatro personajes protagonistas: Renton, Sick Boy, Spud y Begbie que configuran el centro de novela llena de drogas y adicción, una historia en la que se exponen de forma salteada cada una de las acciones de los protagonistas, que aunque puedan parecer independientes entre sí, influyen en la vida de de los demás.

Desde el primer capítulo el autor nos plantea la acción, es decir, no existe introducción alguna. Si a esto añadimos que apenas existen descripciones, desde el primer momento nos transportamos en la vida de estos cuatro chicos escoceses, oímos sus diálogos y menciones, como si fuéramos uno más, una persona invisible que escucha cada una de las cosas que dicen. Por este motivo el inicio resulta un poco caótico, parece como si perdiéramos información, esto es, aparecen de golpe muchos nombres y situaciones, que además no se explican de manera directa, por lo que el lector se puede ver un poco perdido. Pasados los dos primeros capítulos, cuando ya podemos decir quién es quién, llega el momento de la acción. Y lo digo porque es una novela en la que no paran de suceder cosas, algunas demasiado escatológicas para mi gusto.

Continué avanzando, hasta llegar a la mitad del libro. Y me encontré a mí misma aburrida por una historia demasiado lineal, simple en el sentido del estilo, muy visual. Compleja tarea la de continuar un libro que aburre, que no motiva, con el que no se ve un fin aparente. Lo que quiero decir es que es una novela tan plana, tan sencilla, que uno puede ver la película y no perderse nada. Si con otras novelas las películas cercenan y cortan, en este caso simplemente muestran lo más destacado, con lo que se ve condensado el libro en apenas hora y media. No me convencía el estilo de Welsh, o quizá su falta de estilo, su poca elaboración, su impostada simpleza. Porque sí, sé que todo lo que hay en la novela está hecho adrede, pero no puedo evitar sentirme defraudada, como si estuviera perdiendo el tiempo con un libro que no merece tal honor.

Tras dudarlo durante un tiempo, decidí abandonarlo y ver la película, y la verdad es que esta versión resulta mucho más amena, más propia de la historia que está contando, da la impresión que uno no se pierde nada al optar por la película, porque es tan psicodélica y tan escatológica como el libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Su versión cinematográfica.
Contras
  • Con determinados pasajes casi me entran arcadas.
  • Muy lineal. Personajes planos.

Namaste.

Autor, Literatura, Martin

Canción de hielo y fuego (III): Tormenta de espadas

Tormenta de espadas es la tercera parte de la saga Canción de Hielo y Fuego. A nadie le voy a descubrir a estas alturas que se trata de una saga de siete libros, de los que a día de hoy hay publicados cinco.

Tras leer las dos primeras partes de la saga, es inevitable continuar leyendo. Martin lo sabe, y precisamente por ese motivo termina las novelas como las termina, justo en el momento exacto en el que el lector se plantea qué es lo que puede ocurrir a continuación.

Como sus predecesoras, Tormenta de espadas tiene batallas, pactos, amores y traiciones. En fin, que mirado desde una perspectiva alejada uno podría decir que es un culebrón. Y no andaría errado. Es un culebrón con algún que otro tinte fantástico. No quiero repetirme en lo que ya dije en las reseñas de Juego de tronos y de Choque de reyes, porque básicamente la estructura, los personajes y la trama continúan inalterables. Los Stark y los Lannister, los Targaryen y los Baratheon… todas las familias lucharán para conseguir el ansiado Trono de Hierro.

A diferencia de la segunda parte, Tormenta de espadas es una novela mucho más dinámica, que tarda bien poco en arrancar, que gana personajes y actividad desde un primer momento. Ahora bien, es el tipo de libro en el que antes de empezarlo uno ha de ser consciente de que tiene que tener tiempo suficiente como para conseguir que coja inercia. De lo contrario (por ejemplo, leer sólo un personaje por día), la historia se hace pesada y lenta. Eso fue precisamente lo que me ocurrió a mí: lo dejé estar un tiempo, y cuando lo volvía a retomar me costaba situarme, se me hacía lento, ¡incluso me planteé en dejarlo y pasarme a la serie de televisión!

Sin embargo, y como lectora que soy, he visto alguna que otra cosa en la serie que no me gusta, salidas del guión, simplificación en demasía de muchos aspectos (¡qué más da quién sea quién y cómo se apellide!). Todos esos pequeños detalles que a un lector le exasperan, como esa elección de la hermana de Theon (no me podía quedar sin decirlo, ¿¿quién ha podido seleccionar a esa actriz que podría pasar más bien por Brienne??), me hicieron querer continuar.

Volviendo al libro, lo que sí que he notado, en cuanto al estilo de Martin, es que la trama fluye a trompicones. Si al principio ocurren muchas acciones simultáneas, posteriormente se adentra en unas cien páginas (si no más) de calma chicha, para después acumular todos los capítulos interesantes en las últimas cincuenta páginas. Ocurre que, en muchas ocasiones echamos la vista atrás y pensamos ¿qué sé que no supiera antes de empezar ese libro? Y la respuesta es: poco más. Algún detalle, pero nada verdaderamente importante. Precisamente es al final, en esas últimas cincuenta páginas, cuando ocurre todo a la vez. Y todo es todo. He estado pensando el tema, si es que lo hace aposta, para mantener al lector en un estado de incertidumbre o interés, o si bien es falta de programación necesaria. Mi conclusión es que o bien a este señor le pagan al peso o tiene un esquema de lo que va ocurriendo, escribe las partes culminantes y después lo va colmatando con otros detalles hasta llegar a ese fin. No sé. Lo que sí que sé, es que seguiré leyendo. Una vez uno se ha adentrado al universo Martin es complicado dejarlo. Y menos que me lo troceen por televisión.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Entretenimiento sin pretensiones.

Contras

  • Por momentos se hace lenta. Otros se atropella.

  • Repetición de detalles obvios: ¿¡Que los Stark son del Norte!?

  • Ausencia de distinción entre qué/que.

  • Podemos discutir muy mucho las portadas cuasi-spoiler que se gastan los de la editorial.

Namaste.

Autor, Higgins, Literatura

Mátalos suavemente, George V. Higgins

Después de marear insistir cada vez que veía este libro o bien el anuncio de la película por televisión, @Castillodnaipes decidió, sabiamente, regalármelo (puedo ser muy cansina si me lo propongo).

Mátalos suavemente es una novela de suspense que se ambienta en los bajos fondos de Boston. Sencillamente eso. Y a partir de aquí, Higgins desarrolla su estrategia que está basada, fundamentalmente, en los diálogos. Cuestión que puede parecer fácil y simple, pero que es precisamente lo contrario. Conseguir una novela creíble apostándolo todo a esa carta es arriesgado, porque al final un autor puede hacer buenas o malas descripciones, complejas o simples, pormenorizadas o cortas, pero serán descripciones. No todos hacemos descripciones, no es fácil, pero sin embargo reconocemos un diálogo trillado a lo lejos, jugamos a adivinar qué frase dirá el personaje guaperas de la película de la tarde de Antena 3 y no fallamos nunca. Dialogar es diario. Describir circunstancial.

Y aunque parece difícil el autor lo consigue. Es certero, porque sabe que el lector no es todo y si bien puede ser más benevolente con la descripción de un lugar o de un paisaje, sabemos cuándo un diálogo es real o no, cuando parece simple o cuándo parece eabsurdo. Higgins es un mago en este campo. Desde la primera página el lector no tiene más que diálogos para situar los personajes y los asuntos y aun así no se echan de menos las descripciones. ¿En qué libro podemos encontrar la típica conversación (y sin embargo poco usada en las novelas) que se mantiene cuando hace tiempo que no se ve a alguien y se le pregunta por su salud, su familia o sobre amigos en común? ¿Pero es que acaso aporta algo a la trama? Pues probablemente no. Pero nos enseña cómo es la realidad sin artificios, sin maquillar, esas conversaciones de estar por casa que suelen ser las habituales.

Si nos fijamos en la trama, ésta puede resumirse en dos líneas: un capo de la mafia es el encargado de llevar a cabo una investigación sobre el atraco a una timba ilegal. Desde el primer capítulo sabemos quién ha sido, cómo lo ha hecho y con quién. Y aún así la fuerza de cada línea aporta un realismo inusual.

A partir de ahí tendréis que adentraros vosotros en esta historia dinámica y entretenida, que se lee en un suspiro, muy visual y llena de acción, porque no pienso contar más. Eso sí, tengo que reconocer que me gustó más Los amigos de Eddie Coyle, me pareció más compleja o quizá tenga que ver con que no sabía lo que atenerme con este autor. No sé.

Una lectura perfecta para desengrasar y desconectar. Y encima la edición es bonita.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La inusual realidad en los diálogos.
Contras
  • La faja con la cara de Brad Pitt. Ojo, no tengo nada en contra del actor, pero no me gusta que cambien fajas/portadas o lo que sea por la versión cinematográfica. Ahora que lo pienso, no es que no me guste, es que directamente me repatea.

Namaste.

Autor, Literatura, Roy

El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy

El dios de las pequeñas cosas cuenta la historia de dos gemelos heterocigóticos: Estha y Rahel, pero además, la historia de una familia abocada al desastre. El punto de partida es la visita de Sophie Mol, la prima británica que va a la India a pasar una temporada vacacional. Nuestros protagonistas sienten deseos de conocer a su muy mentada prima, una desconocida familiar que origina mucha expectación.

A partir de aquí, se suceden los acontecimientos: amor y odio, intereses contrapuestos, tragedia y soledad, se intercalan entre la vida de los hermanos, empujándoles a un destino del que no pueden modificar un ápice.

La trama bien podría contarse en un par de líneas: un amor prohibido, un descuido, una tragedia, rencores enquistados por el paso del tiempo. Sin embargo, lo interesante es cómo se cuenta. Roy huye de una narración lineal para crear una historia en la que un narrador omnisciente alterna presente y pasado y unos personajes con otros.

De esta forma conocemos a Ammu, la madre de los gemelos, pero también el paso de Chacko y de los abuelos o el origen de la empresa familiar. Todos familiares que se mantienen en un segundo plano pero que, de una forma u otra influirán en el futuro de Estha y Rahel.

Utilizando objetos y sensaciones habituales (un objeto, un olor, un sonido) como catalizadores que nos unen al pasado, consigue conectar el pasado que se recuerda con los sentimientos de nostalgia, o consternación, como si de un túnel al pasado se tratara, como si mirando una fotografía pudiéramos regresar al momento en el que se hizo, el porqué de esa triste sonrisa, el motivo de esa ropa, el momento en el que se tomó. Así vamos descubriendo las piezas, los eventos que marcaron un antes y un después, que consiguieron que todo cambiara. Porque la autora narra sobre lo de antes, o lo de después, pero sin mencionar ese punto intermedio, ese epicentro que originó la debacle. Para saberlo, para conocer el motivo de la precipitación de los acontecimientos tendremos que esperar al final, ya que mientras tanto Roy nos muestra cómo es cada personaje y qué hechos ha marcado su actual vida, para ir mostrando poco a poco piezas de los acontecimientos, pequeñas pinceladas de comportamientos cuando no meros detalles que quizá pueda dar una pista al lector de lo que se avecina.

Si a algún libro me ha recordado esta novela es a Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Y aunque podría parecer una exageración, al compararlo con tamaña obra de la literatura, no son pocos los elementos comunes que unen una obra y otra: la centralización de la trama en una familia, las historias truncadas, de tristeza y tragedia. Es cierto que en la novela del colombiano se sigue una historia cronológica, lineal, con abundancia de personajes y con referencias al pasado o al futuro, pero escasas si las comparamos con El dios de las pequeñas cosas. En la novela que os presento hoy no ocurre lo mismo: apenas son media docena de personajes, con una historia que se retroalimenta, que avanza del pasado, que une presente y futuro a través de recuerdos, más centrada en las emociones que nos aportan esos pequeños detalles del día a día, esas inevitables conexiones que nos llevan a asociar dos momentos temporalmente lejanos.

Había oído buenas críticas de esta novela, pero lo cierto es que no esperaba tantísimo, que me encogiera el corazón, que me quedara pegada a sus páginas. Así que no puedo si no recomendarla, porque es una historia bien narrada, real sencilla y poderosamente triste. Una novela que considero demasiado desconocida para la calidad que tiene, para lo bonito del tema, para lo especial del estilo de la autora. Qué gusto toparse con un libro así.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
  • Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.
Pros
  • El modo de conocer la trama.
  • Cómo evoca recuerdos con simples detalles.
Contras
  • La tristeza que destila.

Namaste.

Autor, Literatura

El cuaderno gris, Josep Pla

Esta reseña es una deuda que tengo pendiente. No sólo con vosotros, también conmigo misma. Y es una deuda compleja de saldar, de ahí que la lleve tiempo postergando sentarme a escribir esta reseña. No va a ser fácil.

Empecé El cuaderno gris hace muchos, muchos meses. Pensaba que era un tipo de libro muy diferente de lo que me encontré en realidad. Era una título que llevaba mucho tiempo en mi Plan Infinito. Como siempre, en el momento que un título se incluye en la lista, prefiero no saber nada de él. Ya está anotado por un motivo así que ni necesito ni quiero más información. Lo siguiente es leerlo.

En ocasiones esta manía mía genera trabas. Cuando empecé a leer El cuaderno gris lo leí como otro tantos libros, esto es, del tirón. Al desconocer que se trataba de un dietario no me había planteado la posibilidad de que se tratara de uno de esos libros que hay que leer de a poco. Eso lo descubrí más tarde.

El cuaderno gris se puede dividir en dos partes: una en la que se centra en el Ampurdán, provincia de Gerona, donde vive en la casa familiar, a la espera de regresar a Barcelona para continuar sus estudios universitarios. La mirada que extiende sobre la realidad se centra en sus vecinos y amigos, las vidas y la cotidianidad de sus paisanos, la reflexión sobre la tierra y el carácter.

Tras leer doscientas páginas seguidas me di cuenta de que El cuaderno gris hay que saborearlo. Como si se tratara de un buen vino, hay que tomarlo a sorbos, oliendo lo que nos ofrece, apreciando sus matices. Desde ese momento encaré la lectura de otro modo, leyendo algunas páginas cada día, justo antes de acostarme, dejando este dulce bombón para los momentos finales del día.

Comprender esto fue muy importante para mi visión de la lectura, porque me permitió apreciar más el estilo del autor, además de valorar de otro modo la grandeza de la obra. Ocurrió que en ocasiones estaba leyendo una novela corriente y que el mejor momento del día era cuando la dejaba y empezaba con El cuaderno gris.

En la segunda parte del libro Pla habla de Barcelona, de su vida universitaria y de todo lo que le rodea: de lo que lee, de lo que hace y de lo que piensa. Reflexiona sobre su futuro y su presente, sobre la vida de sus amigos y conocidos, sobre la idiosincrasia de Barcelona, sobre lo divino y lo humano.

Esta parte me ha gustado mucho más, quizá porque tengo más cerca la vida universitaria, o quizá porque me suele gustar esta temática, me gusta comprobar cómo los diferentes autores recuerdan su paso por la Universidad. Sin embargo, he observado que generalmente los autores enmascaran sus recuerdos o sus relatos con una pátina de nostalgia y de positivismo, probablemente a consecuencia de aquél refrán cualquier tiempo pasado fue mejor. La visión de Pla es diametralmente opuesta. No por ser negativa, sino por ser realista: se aburre con las clases, duda de la utilidad de muchas de sus asignaturas, está lleno de incertidumbre… etc. En definitiva, disecciona la vida universitaria sin ensalzar los puntos positivos, como un catalizador de la realidad. Además, su vida social se amplía, comenta sobre su círculo de amistades, sobre las discusiones en que se enzarzan, sobre lo peculiar de sus amigos. Nos enseña la Barcelona de las primeras décadas del siglo pasado, su ambiente de bares, su filosofía, su día a día.

Lo complejo de este libro y a la vez, lo maravilloso al saber que Pla lo escribió cuando apenas tenía veinte años. Y aún así sus palabras destilan una importante sencillez, de un lado, y por otro una visión exageradamente lúcida de su realidad. ¿Cuántos autores pueden demostrar esas capacidades por medio de un dietario? ¿Y cuántos lo hacen cuando son jóvenes?

Pero por encima de todo está el estilo, la suave elegancia de Pla, que combina con sus descripciones certeras, su análisis del conjunto sin perder importancia a los detalles, esa lúcida inteligencia que le hace ser capaz de comprender la realidad, no sólo la intelectual sino la humana.

Es un placer leer a Pla, ya lo dije en otra ocasión. Porque es complicado encontrar a un autor que abarque tantos temas, que tenga esa capacidad de aportar luz a cada uno de los embrollos, independientemente de qué se trate. Y al mismo tiempo, es un placer leer a un genio hablando de libros, de los libros con los que se topa, los libros que le quitan el sueño; esos autores que lee y relee, que marca como favoritos. Esa sensación compartida por todos los que leemos de amor a la lectura.

En muchas ocasiones terminaba la página con un suspiro. Otras, con risas, por su sátira y su sutil maldad recubierta de ironía. Incluso con melancolía, por verme reflejada en alguna de sus reflexiones.

Terminé El cuaderno gris hace un tiempo. Mi ejemplar de Austral ha quedado lleno de notas multicolores, que quieren marcar una ínfima parte de los fragmentos que más me han gustado. Sin dudarlo es el libro con más post-it de colores de todos los que he leído.

Qué pena que esta triste reseña no sea más que una gota en el océano de Pla. Pero espero que tengáis mis palabras en consideración y que os animéis a leerlo. Leerlo en catalán, si podéis, o en castellano, o en alemán. Da lo mismo. Las obras maestras hay que leerlas. Y esta es una de ellas.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La forma de diseccionar la vida.
  • Las múltiples referencias literarias.
Contras
  • No me acaba de convencer la edición de Austral. Tiene un papel demasiado basto. Recomiendo que la edición no sea de bolsillo.

Namaste.

Autor, Literatura

El país imaginado, Eduardo Berti

Eduardo Berti es un argentino valeroso. Ha de serlo necesariamente si decide trasladarnos a la China de principios de siglo XX. ¿Cómo arriesgarse a centrar la historia en China si lo puede hacer en Buenos Aires, mucho más cercana? Fácil: Eduardo Berti es un suicida. Y es que hay más, porque no sólo nos envía a Oriente, sino que además lo hace de la mano de una narradora. Una joven. Una niña.

 

Cómo no prejuzgar. Cómo no dudar. Cómo asumir que algo hará mal. Que es apostar muy alto, enviarnos lejos, desde un punto de vista femenino, para, además, presentarnos una novela delicada, sutil y elegante.

Portada de
Portada de «El país imaginado», de Eduardo Berti

Y resulta que acierta. De lleno.

De la mano de Ling, nos adentramos a una historia de miedos, de incertidumbre respecto al futuro, centrada en un momento temporal culminante: la futura boda programada de la protagonista.

La novela comienza con una muerte, la de la querida abuela de Ling. Desde ese momento, la familia de la fallecida tratará de afrontar la pérdida aferrándose a las milenarias tradiciones chinas. Simultáneamente, se tantean candidatos para la boda de su hija, cuestión que plantea muchas dudas en varios miembros de la familia.

Aunque se podría pensar que la muerte de la abuela constituye un momento puntual de la trama de la novela, lo cierto es que este hecho influye en cada uno de los pasos de Ling, ya que el autor incluye las conversaciones que tiene la joven con su abuela mientras sueña, alternando realidad y sueño y consiguiendo aumentar el dinamismo a la hora de conocer qué le deparará el futuro a la joven muchacha.

A fin de cuentas El país imaginado es una novela de posibilidades, de hipótesis sobre un futuro que se desconoce pero del que se teme lo peor. Pero es que además en esta novela encontramos un sutil mundo a medio camino entre la vida y la muerte, un lugar donde todo es posible. Donde Ling puede recibir consejo de su querida abuela, donde puede vaticinar su porvenir. Entre esta atmósfera mágica aparece Xiaomei, verdadero centro de atención de Ling, amiga cercana y desconocida, objeto de atracción y de envidia, modelo a seguir y objeto inalcanzable. Apenas con media docena de personajes, Berti crea una atmósfera nebulosa, en la que se vaticina un infortunio. Y es que tememos por Ling, pero también por Xiamei, por su inestable felicidad y equilibrio.

Con estos ingredientes Berti crea una novela sencilla pero elegante y efectiva, sutil y abundante en silencios, que se centra en emociones y sensaciones, con la que podemos sentir la brisa del viento, o la soledad de la protagonista. Una narración conmovedora que nos hace evocar recuerdos pasados, en una época, la adolescente en el que todo era posible, en la que la vida se veía como un sinfín de opciones.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • La conexión vida-muerte.
  • La atmósfera mágica en la que los silencios dicen tanto como las palabras.
Contras
  • El regusto de tristeza que deja en el paladar.

 

Namaste.

Autor, Bolaño, Literatura

La pista de hielo, Roberto Bolaño

Cuando uno se acerca a Bolaño después de haber leído alguna de sus novelas más conocidas, como Los detectives salvajes o Estrella distante, sabe qué encontrarse. Sabe cómo escribe este chileno, cuáles son sus temas predilectos y cómo son sus personajes. El lector que conoce a Bolaño y al que le gusta este autor se encuentra cómodo. Como con cualquier otro escritor que nos gusta, lo asumimos como a un amigo al que le gusta hablar de música o de deportes, una característica más asociada a su personalidad.

Portada de
Portada de «La pista de hielo», edición Compactos Anagrama

Lo que no podía suponer, dado que evito leer las contraportadas de los libros, era que Bolaño se iba a atrever con el oscuro mundo del crimen, y no cualquier crimen, sino el de una muerte, un asesinato. Desde el primer momento el lector sabe que hay un muerto, pero desconoce quién es. Y a partir de ahí el autor siembra la semilla de la intriga. “¿Bolaño escribiendo una novela negra? No puede ser”, me dije. Y en cierto modo tenía razón, realmente no es una novela negra, por mucho muerto que aparezca, porque carece de los rasgos típicos del género. El autor utiliza ese hecho para hilar una narración en la que se mezclan otros muchos aspectos más bolañescos: la desaparición, el amor y el desamor y la inseguridad.

Así, nos encontramos con tres narradores distintos: un poeta chileno que acaba viviendo en España, un político catalán con ínfulas de grandeza y un mexicano que trabaja en un cámping. Todos testigos, de directa o indirectamente, de la situación que converge en el crimen, del misterio de una extraño palacio abandonado desde hace décadas.

He de reconocer que al principio tuve dudas sobre cómo se desarrollaría la trama, además de que en los primeros capítulos aparecen bastantes nombres de personajes de golpe. Sin embargo, una vez que nos situamos en la historia y sabemos quién es quién, entramos de lleno en una trama muy entretenida, auspiciada no sólo por saber quién es la víctima y quién el asesino, sino por conocer las relaciones entre los protagonistas, la importancia de los secundarios y ayudada por la técnica de intercalar cada uno de los narradores, con el consiguiente impulso.

Es aquí donde vemos cómo se despliega el estilo del autor, la magia de ofrecer brillantez en las descripciones o en los pensamientos y sentimientos de los protagonistas, así como los temas recurrentes en la obra del chileno: la ausencia y el desamor, la huida, el amor y la tristeza, la melancolía y la nostalgia. Y todo esto está presente en una novela de la que uno queda prendado desde la primera página, que gana dinamismo desde los primeros capítulos, que se extiende como una tela de araña, conociendo los vericuetos de las relaciones sociales. Es interesante apreciar los puntos de vista, las percepciones de unos y de otros, los perjuicios, la diferencia entre la valoración personal y la que hacemos a los demás. Imposible separarse de sus páginas, de sus cortos capítulos que invitan a seguir leyendo, como si siempre nos quedáramos a las puertas de descubrir los secretos, como si leyendo un capítulo más supiéramos la Verdad. Y la Verdad es, que sin comerlo ni beberlo llegamos al final, y nos da igual quién fuera el muerto y quién el asesino. Echamos la vista atrás y vemos el fino hilo de las relaciones personales, de las inseguridades y los problemas, la percepción de que para que unos ganen otros han de perder necesariamente.

Una novela que recomendaría a todos, pero en especial a aquéllas personas que quieren leer algo de Bolaño pero que no saben por dónde empezar. Es corto, es entretenido y es Bolaño. No se puede pedir más.

 FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo del autor.
  • Ideal para los que quieran leer algo de él pero no sepan por dónde empezar.
Contras
  • NO leáis la contraportada. No me fío de Anagrama.

Namaste.

Autor, Cameron, Literatura

Algún día este dolor te será útil, Peter Cameron

Animada por las buenas críticas que leí de esta novela, y conociendo que Priceminister la regalaba a quien se quisiera apuntar, me apunté enseguida a su iniciativa, y aunque tardé más de lo esperado en recibirlo (cuando ya pensaba que estaría en el triángulo de las Bermudas o en algún lugar al otro lado del mundo), llegó.

Lo cierto es que este libro lo tenía en mi punto de mira, precisamente por su título. Un título que, desde mi punto de vista, parece arriesgado. Demasiado largo, y a la vez cargado de significado. Una de esas mentiras que oímos frecuentemente, que el dolor viene bien para aprender, para conocernos mejor a nosotros mismos. Es más fácil pensar que el dolor tiene una utilidad, sea la que sea.

 

Volviendo al tema que nos atañe, Algún día este dolor te será útil trata de la vida de James, un adolescente asocial que se replantea la posibilidad de ir a la universidad, básicamente porque no se encuentra cómodo con la gente de su edad, y porque le encantaría irse al campo a devorar libros.

Lógico sentir empatía hacia este chaval, por cómo es y por cómo ve su vida, y más si tenemos en cuenta un inicio rápido y fresco en el que el único personaje por el que podríamos sentir curiosidad es él, dado que tanto su hermana como su madre son diametralmente opuestas. El inicio del libro se pasa volando: diálogos sarcásticos e interesantes, narración sencilla y directa. Hasta ahí.

A partir de ese momento, la historia se vuelve monótona, repetitiva. Los diálogos ya no sorprenden tanto, el sarcasmo se debilita. James se crece, como lo haría un ególatra o un soberbio. Se vuelve obtuso, radical, extremo. Como consecuencia, la trama se estanca. En su momento pensé que era normal, ya que estaba esperando el gran evento del pasado de James que merodea en cada capítulo, en cada conversación con su psicóloga. Cuando finalmente se desvela la anécdota, no pude sino sentirme defraudada. No me pareció ni la mitad de interesante ni tan decisivo (me refiero al incidente de El aula norteamericana) en el comportamiento de James. Después mi relación con la novela fue de capa caída: James me parecía insufrible, demasiado, en todos los aspectos. Demasiado listo, demasiado asocial, una especie de exageración, de caricatura de un personaje que por extremo no puede ser sino irreal.

Por si fuera poco, mi sensación de que el autor no sabía adónde iba, que el desarrollo y posterior desenlace de la novela estaban hechos a bandazos, a trompicones, sin tener muy claro adónde quería llegar ni cuál era su propósito. No puedo concretaros el motivo de esa sensación, quizá porque desarrolla otras tramas en principio secundarias, quizá por su relación con otros personajes. En cualquier caso me di cuenta de que no iba por el buen camino.

Reconozco que en mi percepción me han perjudicado las excesivas recomendaciones de la historia. Muchas recomendaciones (como las de Lady Boheme, Bartleby, Cargada de Libros, Isi, por decir algunos). Quizá si en lugar de decirme que es una novela buenísima, la mejor y demás, me hubieran dicho que se deja leer, me habría gustado mucho más, sin duda alguna. Quizá si en lugar de ver montones de reseñas positivas hubiera visto alguna negativa habría puesto un listón más bajo. Pero mi expectativa estaba mucho más alta, y no se ha cumplido.

Pero qué queréis, si tiene un corte a lo El guardián entre el centeno y esa tampoco me gustó…

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • El guardián entre el centeno, J.D. Salinger.
Pros
  • El inicio de la historia.
  • Los primeros diálogos.
Contras
  • A partir de la mitad del libro, la historia se ralentiza y da bandazos.

Namaste.

Herling-Grudzinski

Un mundo aparte, Herling-Grudzinski

No quería pasar esta fecha sin publicar, sobre todo teniendo en cuenta mi ausencia de la semana pasada. Sigo leyendo, tengo muchas (quizá demasiadas) reseñas pendientes, lo que me falta es el tiempo necesario para sentarme y plasmar mi opinión. En cualquier caso, y como viene siendo habitual, en esta semana procuraré enseñaros el balance de lo que ha dado de sí el 2012, en relación a mejores y peores lecturas. Pero eso tendrá que esperar, porque hoy os traigo una reseña de un libro que me ha gustado mucho.

Todos los que me conocen saben que me atrae sobremanera la época de la Segunda Guerra Mundial. Ese momento

Portada de
Portada de «Un mundo aparte»

histórico en el que varios de los líderes más extremistas, sanguinarios y fanáticos coincidieron en el mismo momento. Distintos países, opuestas ideologías. La misma barbarie.

Mucho se ha escrito sobre el Holocausto, sobre los campos de concentración nazis, sobre las sistemáticas matanzas cometidas por los fánaticos de Hitler. Incluso un ciudadano medio podría mencionar al menos un par de ellos de esos campos. ¿Y qué pasa con los rusos? ¿Alguien puede mencionar alguno de ellos? ¿O acaso no existieron?

Aquí entra la historia Un mundo aparte, un desesperado relato de un preso en un campo de trabajo soviético situado en Polonia. Herling-Grudzinski nos cuenta su historia: la de una persona acusada de espionaje al ser interceptado en la frontera lituana. A partir de ahí comienzan dos años y medio de hambruna, frío y desesperanza en un campo de trabajo sádico y cruel. En su paso por el campo de trabajo el autor se encuentra con múltiples prisioneros de distintas procedencias y enviados allí por motivos variados: desde tener un antepasado aristócrata, hasta quejarse de la escasez de alimentos que afectaba a gran parte del país.

Herling-Grundzinski nos narra el día a día de la vida de los prisioneros: la jornada laboral de 12 horas ininterrumpidas, la escasez de comida (apenas una sopa y trozos de pan duro), la enfermedad, la desesperanza, la incomunicación con los seres queridos. Y por encima de todo, la incertidumbre. ¿Cuánto iba a durar la espera? ¿Saldrían del campo alguna vez o morirían como todos aquéllos compañeros que no tuvieron tanta suerte?

En julio de 1941, dos semanas después del estallido de la guerra ruso-alemana, fui testigo de cómo un viejo ferroviario de Kiev, Ponomárenko, que había pasado por todos los campos soviéticos imaginables y que era el único de nosotros que hablaba de su inminente puesta en libertad sin sombra de duda en la voz, fue convocado en la administración del recinto el último día de su condena, donde le comunicaron que se la habían prolongado “indefinidamente”. Cuando volvimos del trabajo ya estaba muerto; murió en el barracón de un infarto.

Personalmente me aterra que esta narración sea cierta. Pero lo peor es lo desconocido, y aún más, la negación. Cuando, tras publicar la historia en su lengua original, se intentó publicar en Francia, ninguna de las editoriales tuvo el valor de publicarlo, achacándolo a su falsedad y negando la existencia de dichos campos de concentración, probablemente argumentando que Stalin no era de la misma calaña que Hitler, lo mismo que después se alegó con Mao Zedong. 30 años después por fin pudo publicarse en Francia.

Pienso con pavor y profunda vergüenza en aquella Europa dividida en dos por el río Bug: en uno de sus lados, millones de esclavos soviéticos rezaban por que los liberaran los ejércitos hitlerianos; en el otro, los millones de víctimas de los campos de concentración alemanes aún con vida ponían sus últimas esperanzas en el Ejército Rojo.

Un libro que me parece indispensable para entender un poco más los acontecimientos de mediados del siglo XX. Un relato escalofriante y horroroso de las penurias cometidas por los soviéticos. Nos hace reflexionar y pensar, y al mismo tiempo revuelve el estómago y nos hace dudar de la Humanidad misma. No me queda otra más que agradecer a Libros del Asteroide la publicación de esta novela. Al igual que con El infierno de los jemeres rojos, de Denise Affonço, me hace pensar que leyendo estas historias contribuimos, aunque sea poco, a que todo ese sufrimiento no haya sido en vano, a poner algo de luz a esos turbios momentos.

Y a vosotros, os recomiendo que la leáis. Ya estáis tardando.

 

 

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • El equilibrio entre los sentimientos y sus situaciones y el contexto histórico.
Contras
  • Lo escalofriante de ser una historia real.

 

 

Espero que esteis disfrutando del período navideño. Feliz Navidad.

 

Namaste.

 

 

 

 

Autor, Literatura, Rolin

El rapto de Britney Spears, Jean Rolin

El rapto de Britney Spears arranca cuando el protagonista, miembro de una agencia de espionaje francesa, es avisado de una amenaza a la popular cantante. Él será el encargado de que no se produzca un posible secuestro a manos de una asociación terrorista. Con esta información, viaja a Los Ángeles para mantenerse cerca del entorno de Spears.

Portada de
Portada de «El rapto de Britney Spears»

Sin embargo, para ser el protagonista, el supuesto héroe de la novela, no parece que sea una buena opción, ya que encarna el antónimo del buen investigador al aunar una serie de características que podríamos considerar, al menos, extrañas para la que es su profesión: no dispone de información alguna sobre el mundo de Hollywood o de la vida de Britney Spears y por no saber, no sabe ni conducir. ¿Cómo se puede pretender seguir entonces los pasos de alguien dependiendo, en una ciudad como Los Ángeles, del transporte público? Rolin utiliza estos rasgos para llevar a la cercana línea del ridículo a un protagonista de una historia que dispone de una trama propia de las novelas de intriga y espionaje. Con esto consigue darle una vuelta de tuerca: de un lado, el curioso protagonista, de otro, lo extraño de una historia de espionaje con un personaje como Britney Spears de por medio. Este segundo peculiar rasgo lo utiliza Rolin para reducirlo a lo absurdo: el porqué de un interés irracional por las estrellas de Hollywood, el parapeto de los paparazzis que les persiguen a todas horas, lo estúpido de un público más interesado en alegrarse de las desgracias ajenas que de preocuparse por su propio día a día.

Al final entre ambos elementos, Rolin, como un buen escritor inteligente que es, une la trama con una sutil ironía, sobre su visión de Estados Unidos o las ideas liberales de un país que critica la ausencia de democracia en algunos países pero que mantiene una cárcel como la de Guantánamo. El francés utiliza un sarcasmo muy europeo, ridiculizando determinadas visiones del otro lado del charco para mostrarnos que quizá no tengamos demasiado que envidiar de nuestros vecinos ricos.

Autobiográfico en muchos de sus capítulos, Rolin consigue crear una novela divertida y graciosa, estrambótica y sarcástica, con referencias a otros de sus libros (meridiana queda la referencia a Cristianos), con guiños sobre distintos temas. Aunque bien es cierto que hacia la mitad del libro se aleja del objetivo inicial, El rapto de Britney Spears es un alegato hacia un mundo insustancial y simplón que se agolpa en muchos de los programas de televisión, páginas web o publicaciones de las revistas rosas. Consigue que en el lector, crearle una sensación de melancolía, propia del reflejo de las opiniones de Rolin: un mundo de contrastes en los que unos cuantos gastan su dinero en un par de zapatos Loubotin mientras que muchas familias viven en la pobreza.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Desengrasante y muy activa, se lee en un suspiro.
  • La ironía y el sarcasmo del autor.
Contras
  • Hacia la mitad de la novela, se desinfla un poco.

Namaste.