Literatura

Autores base

Es curioso cómo nos vienen ligados los recuerdos. Era verano. Uno de esos períodos en los que se aprovecha para irse a la playa a tratar de coger algo de calor. En el momento de hacer la maleta escogí varios libros, creo recordar que cuatro. Cuatro libros que rondaban por mi casa, un par que había escogido de la biblioteca, todo aleatorio. A los dos días había terminado dos de ellos, y cuando empecé a leer el tercero resultó que era demasiado lento, o no me gustaba o no me convencía, qué sé yo. Decidí pasar al siguiente: me pasó lo mismo. Me quedé noqueada. De los libros que llevaba ninguno me satisfacía. ¿Qué hacer? ¿En qué libro invertir las múltiples horas que me quedaban en la arena de la playa? Me encontraba con la disyuntiva de continuar leyendo algo que no me gustaba o bien adquirir algún otro libro nuevo.

Después de eso creé mentalmente el término autores base. ¿Y eso qué es? Pues los autores a los que aferrarse, a los que volvemos, bien porque nos gusta cómo escriben, bien nos interesa lo que escriben o bien porque somos fanáticos de su obra. Son autores asidero: a aquéllos a los que recurrir cuando uno no sabe qué leer, cuando se duda, cuando se quiere acertar.

Son valores fijos, autores que nos sostienen: a los que recurrimos cuando queremos estar seguros de que nos va a gustar el libro: quizá como yo, en épocas en las que tenemos más tiempo para leer, o quizá simplemente en épocas en las que leemos poco o cuando llevamos una serie de libros poco llamativos, autores que resultan un pilar, una seguridad para el lector, un refugio entre tanta novedad y tantos autores “indispensables”. Son los que en cuanto vemos su nombre en la estantería los cogemos, los compramos y los tenemos cerca. Son familia.

Decidí que desde ese momento y para períodos vacacionales no me faltaría algún título de los que considero indispensables.

Como en todo, los que anteriormente eran autores base ahora han dejado de serlo. Recuerdo una época en la que recurría a Paul Auster, o a Stephen King o a Umberto Eco. Posteriormente, con unos me cansé (por ejemplo con King, tras encadenar varios libros que no me gustaron). Con otros me pareció que perdió la chispa (Auster) o que directamente se le había ido la olla chispa (Eco, algo que ya conté aquí) y comenzaron a llegar otra ola de autores base, a los que recurro cuando me veo perdida entre tanta novedad, entre tanto autor clave en su generación, cuando me agotan determinados libros o cuando quiero volver a ese universo que crean.

¿Y cuáles son mis autores base actuales? El primero que me viene a la mente es Roberto Bolaño. Porque aunque la editorial trate de publicar hasta el listado de su agenda telefónica, siempre es interesante y siempre hay una chispa, un capítulo, un párrafo, una línea, que me reconcilian con el mundo editor.

La siguiente que me viene a la mente es Almudena Grandes. Por costumbre, porque he leído prácticamente todo lo que ha sacado (exceptuando Las edades de Lulú), porque es familia, tengo sus libros y los regalo. Es la Grandes. Y a la Grandes la leo.

García Márquez también está en mi lista. Aunque hace mucho que no lo leo, aunque vaya relegándolo al final con todos aquéllos: dentro de poco leeré… aunque vaya viendo cómo se cuelan Carlos Fuentes, Sergio Pitol y Vargas Llosa. Está ahí. Y es que no hacen falta más motivos. Escribió Cien años de soledad y por eso se ha ganado un lugar en mi mente. Siempre.

Orwell es otro más de mis autores base. Lo mismo te monta una granja que construye un Gran Hermano. Da gusto leerle, aunque hable de una guerra.

Los recientes son, principalmente, dos: Penelope Fitzgerald, que se ganó su puesto a base de palabra elegante con El inicio de la primavera (qué preciosidad de libro, porfavor), y después se coronó como la inglesa que escribe de quién sabe dónde (lo mismo Rusia que Italia) y lo hace bien. The queen.

El otro es, ya lo habréis adivinado, Mircea Cărtărescu, indefinible señor de negro venido de la tierra de Drácula. Uno de esos autores que te deja con la boca abierta y el corazón encogido.

Así que ahora, que estoy leyendo Las tres bodas de Manolita, el último libro de Almudena Grandes y que tengo en la estantería, mirando de reojo, Las bellas extranjeras de Cărtărescu, soy feliz.

Y para vosotros, ¿cuáles son vuestros autores base?

Namaste.

Autor, Davies, Literatura

El quinto en discordia, Robertson Davies

El libro que siempre recordaré como mi primer asteroide. Y es que en aquél momento en el que recién se había formado la editorial, cuando Pedro me mencionó este título a mí no me sonaba de nada, y menos la editorial en sí. Fue una casualidad la que me llevó a comprarlo, cuando en una librería de viejo lo encontré entre los libros de Ken Follet y Dan Brown me llamó la atención ese pequeño libro verde que resaltaba entre tantos best-sellers. Efectivamente, era un asteroide, el primero de mi colección. Como nuevo y por sólo 4 euros.

El quinto en discordia3El quinto en discordia es, tal y como se define antes de comenzar la novela, aquél personaje de teatro que, sin ser el héroe o la heroína, el confidente o el villano, ejerce una importante influencia para el desarrollo de la trama. Dicho término comenzó a utilizarse en las compañías de teatro.

El título de la novela de Davies es el punto de partido, el inicio y el final, el leitmotiv de la historia. Precisamente porque el narrador, Dunstan Ramsay, un versado profesor y escritor de hagiografías, ejerce esa influencia que aparece en la definición en cada uno de los personajes que se va encontrando. Quizá sean meros detalles, como una simple bola de nieve, pero en todos los casos marcan un antes y un después en el comportamiento del resto de los personajes.

Es curioso pensar que Ramsay no es el verdadero protagonista de la historia, más bien parece un secundario, un accidental narrador de una historia que es la de su amigo Boy Staunton, el verdadero protagonista, el que sí que parece que controla su vida. Esto es, da la sensación de que Ramsay no sabe muy bien por dónde va, como si se dejara llevar. Sin embargo, es Staunton el que toma las riendas de su vida, el que decide y se hace rico, el que busca su camino en la política, el que tiene un carácter fuerte que le hace perseguir una meta.

Y aunque aparentemente esto es así, Ramsay consigue, quizá de un modo incidental, inmiscuirse en la realidad del resto de los personajes de una forma muy clara.

El quinto en discordia es una novela extraña. O quizá lo sea su autor, Robertson Davies, que lo mismo es capaz de hablarnos de la magia y la prestidigitación que de la vida de los santos de la Edad Media. Lo hace de una manera compacta, no parece traído por los pelos, no es casual. Eso es fundamental en su estilo, fluye y lo narra como es la verdadera vida, las cosas ocurren, sin más, por mucho que intentemos encontrar un sentido, una causa y un efecto en ocasiones los acontecimientos se nos presentan de golpe. Parece manido pero es cierto: en un momento la vida puede cambiar. En un segundo. Pero también es cierto que en otras ocasiones pueden pasar décadas sin que apenas cambie nada. Así es el tiempo.

Digo que es extraña porque la verdadera trama se podría comentar en dos líneas. Y ni eso. Pero lo que verdaderamente importa no es lo que pasa, sino cómo pasa, cómo el autor va manejando los hilos para mostrarnos una novela cíclica, interesante y bien ambientada y al mismo tiempo amena. Pero no es entretenida. No es simplista. Es variada, pasan cosas y en otras ocasiones no pasa nada. Quizá tenga que ver con que es la primera parte de la trilogía.

Davies se presenta como un escritor del todo, de lo global. Un escritor que es capaz de abarcar una vida entera y muchos temas distintos para conseguir un efecto compacto. Pero además, es un narrador culto, capaz de incluir citas y menciones históricas, anécdotas y chascarrillos.

En resumen, me ha gustado. Pero esperaba otra cosa. Esperaba un Pentateuco de Isaac, y este libro no es de ese corte. Esto es: no es un libro que aplaque. No es un libro que nos deje anonadados. Es un libro de inteligencia y raciocinio, de cómo escribir y hacerlo a la perfección. De manual. Medido y organizado. Frío como Canadá.

O simplemente también influya en que tengo que seguir leyendo la trilogía de Deptford. Pues sigamos.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El efecto quinto en discordia. Un personaje redondo que afecta a todos pero que podemos apreciar al final del libro.
Contras
  • Es redondo. Pero el estilo depende del tiempo: en ocasiones ocurren muchas cosas pero en otros momentos pasan pocas cosas.
Reto 50 libros
  • 17/50.

Namaste.

Autor, Literatura, Martin

Canción de Hielo y Fuego (V): Danza de dragones

De nuevo, el quinto libro de la mundialmente conocida saga Canción de Hielo y Fuego. El quinto y último libro que se ha publicado hasta la fecha. Por este motivo lo he leído cuanto antes, para no enterarme por casualidad de algún temido detalle que pudiera fastidiarme la lectura.

Danza de Dragones marca¿Y qué nos encontramos? Pues más de lo mismo: la historia de Poniente en el que diversos contendientes luchan por el Trono de Hierro, esto es, el deseado poder que les otorgaría el derecho a gobernar sobre los maltrechos siete reinos.

Más de lo mismo significa también otra cosa: paja, mucha paja (quizá sea el que más relleno tiene, como si la calidad del ejemplar se incrementara según el número de páginas), poca acción aunque eso si, nuevas tramas (si bien desconocemos si llegarán a desarrollarse convenientemente. Yo sinceramente lo dudo). Antiguos personajes con nuevos problemas: Jon con su problemón en cuanto a los salvajes, Daenerys luchando por liberar a los esclavos, Tyrion con su nueva situación… etc.

El problema de fondo es, de un lado, que no se mide la tensión. Quizá es que nos conozcamos los trucos de Martin o que nos vemos venir determinadas cosas. Por este motivo resulta lineal, y de repente, abrupto. Al mismo tiempo, el autor se distrae, se expande en tramas a las que apenas había mencionado con anterioridad (como por ejemplo: Dorne y las ciudades esclavistas) con lo que consigue crear una historia que más bien parece de transición, de la mitad de la saga, en lugar de ser, como bien se sabe, la antepenúltima de todas.

¿Es esto un despelleje? Probablemente no. Danza de dragones, como las de toda la saga, es una historia entretenida, en la que se manejan muchos temas, desde el amor y el odio hasta el ansia de poder, la avaricia y la soledad, el miedo y la desesperación. Sus personajes, buenos y malos, del norte y del sur, consiguen atraparnos en una espiral de preguntas ¿Y tú de quién eres? Que consigue que nos den lástima, que despierten nuestra simpatía, en definitiva, que caminemos a su lado en arduoso camino que les espera.

Porque sabemos, si es que no les ha quedado claro a todos ya, que Martin es un escritor despiadado al que no le temblará la mano si decide, un día de estos, que va siendo hora de aniquilar a uno de esos pobres diablos que tratan de salvar el pellejo.

Yo sigo leyendo. Sigo aunque no me convence, no compro su caótica forma de organizar los libros, su insufrible forma de hacer esperar a los lectores hasta la próxima publicación del siguiente libro (que, como ya sabemos, se retrasará demasiado). Sigo leyendo porque antes que espectadora soy lectora. Porque la serie de televisión no me basta.

Ahora, entiendo que muchos no sigan leyendo. Pero yo no lo haré. Cuanto más mayor me hago más sufro con los cercenados episodios que cuentan una mínima parte de lo que acontecede en esta historia. En esta y en todas. Sinceramente, prefiero saber con anterioridad lo que ocurre. Prefiero gritarle al televisor cuando veo lo mal que lo están haciendo. Lo que decía: la serie de televisión no basta. Soy lectora.

FICHA:

 

Te gustará si te gustó
Pros
  • Las nuevas historias de los lugares, como Dorne.
  • Saber que aquél episodio del primer libro está íntimamente relacionado con uno de estos, que nada es por casualidad, anima a la lectura.
Contras
  • Sobran centenares de páginas.
  • Ritmo lento.

Namaste.

Autor, Literatura

The bluest eye («Ojos azules»), Toni Morrison

The bluest eye es la primera novela de Toni Morrison, ganadora del Premio Pulitzer en 1988, por Beloved y posteriormente del Premio Nobel en 1993. The bluest eye fue una novela que pasó desapercibida hasta que a su autora le llovieron los galardones. Y de repente, se publicó casi veinte años después, se reimprimió y se le otorgó el interés que se merecía.

efecto polaroid con marca

The bluest eye  apareció en mi vida un poco de repente, y me vino fenomenal para practicar el inglés, de un lado, y de otro, anotarme un tanto en el reto de Isi.

Pero os voy a ser sincera. Escribir una reseña de este libro me acojona. Me abruma. Llevo días y días dándole vueltas a cómo contar lo que quiero contar, a cómo escribir algo sobre este novelón. Sobre esta novela de apenas 200 páginas que pesa como una de mil quinientas.

Lo primero que comentaré, por qué no, es el título. The bluest eye. Vale, en castellano de toda la vida, El ojo más azul. MOC. Van nuestros traductores y le plantan un Ojos azules. Bien. Primer fallo. Esta novela es ímproba. Es enorme, es simbolista al máximo, y pasar por obviar una diferencia tan grande como el título llevará a engaños a más de uno.

El inicio de esta novela es uno de esos que no se nos irán de la retina en su vida. Porque sí, porque te deja anonadado sólo con leer la siguiente línea:

Quiet as it´s kept, there were no marigolgs in the fall of 1941. We thought, at the time, that it was because Pecola was having her father´s baby that the marigolds did not grown.

 TRADUCCIÓN PROPIA:

 Silencioso como si estuviera oculto, no había caléndulas en el otoño de 1941. En aquél momento pensamos que era porque Pecola iba a tener el hijo de su padre, por lo que las caléndulas no crecían.

¿Qué mierda es esta? Pensamos. ¿En qué berenjenal me he metido? ¿Lo he leído bien? Y lo relees, dos o tres veces. Y como piensas que no es posible, te vas al diccionario y buscas la palabra father, deseando que no sea lo que sabes que es.

Pero, un momento, ¿quién es esta Toni Morrison y por qué narices comienza una novela con una frase tan cruel? ¿Cómo puede alguien plantearse comenzar una novela así? Después, te entra la congoja, que se pega en tu estómago y parte de tu esófago. Y piensas que no, que no sé quién es Pecola ni quién es su padre pero ya los odias a todos. Y a esta escritora que hace daño desde la primera línea también.

Así que si la primera línea es así de dura, imaginaos las que llegan después.

The bluest eye es la historia de Pecola, una niña fea, poco querida, solitaria y negra, muy negra. Una niña que quiere ser como Shirley Temple y tener unos ojos azules (y aquí entramos en relación con el título: no quiere unos ojos azules, quiere los más azules). Una niña, que pasadas unas pocas páginas de la novela, se pregunta lo siguiente:

 How do you do that? I mean, how do you get somebody to love you?

 TRADUCCIÓN PROPIA:

 ¿Cómo lo haces? Quiero decir, ¿cómo consigues que alguien te quiera?

  

Pero también es la historia de Cholly, un hombre apartado de su padre, arrastrado por el alcohol. Es la historia de Claudia, la amiga de Pecola que se dedica a romper las muñecas rubias que le regalan. Es la historia de Pauline, la madre abnegada que pasa demasiadas horas cuidando hijos que no son los suyos.

Es una historia brutal. De esas que duelen. De las que aplacan. Una historia que uno comienza pensando en que, por ser tan corto, apenas tardará una semana en leerlo, pero en la que, y uno se da cuenta desde el principio, las palabras pesan. Los párrafos agotan. Y aunque te sientas intentando leer más de un capítulo, no puedes, no puedes asimilar tanto dolor, tanta tristeza y tanta soledad de las manos de unos niños inocentes que se ven sepultados entre lo más bajo de Estados Unidos: el racismo, la pobreza y el abuso.

The bluest eye no es un libro para todo el mundo. Es un libro muy duro. Un libro para releer. Un libro lleno de adjetivos en el que uno tiene que coger aire de vez en cuando, no sólo para asimilar lo que está leyendo, sino para admirar el estilo de una Morrison soberbia, que calcula cada frase como si de una fórmula matemática cualquiera. Donde nada es por casualidad, ni la aparición de personajes extraños que parecen venidos de la nada (y en los que el lector no puede evitar un ¿y esté qué pinta aquí ahora?) Porque todo está hilado. Un hilo tirante, en el que cada palabra encierra un significado que va más allá de lo característico.

Y a pesar de la primera frase, de esa losa que pesa sobre nuestro corazón desde el primer momento, vemos que las valoraciones se pueden hacer muy a la ligera, y que los humanos tenemos mil caras, la cara del dolor y la tristeza, la soledad y el abandono, cada una de las frustraciones y los abusos que van acumulando unos personajes tan bien construidos que aparecen reales al otro lado de la ventana. Personajes a los que el lector, aplacado por una lectura de este calibre no justifica, pero sí en cierto modo comprende, inevitablemente se pone en su situación y les agarra de la mano, fuerte, muy fuerte, como si el contacto pudiera hacer que cambiaran su fatal destino.

Una novela que con el paso de los años se ha convertido en referente, una lectura obligatoria en el instituto, con objeto de que los jóvenes conozcan un pasado no tan lejano en el que las personas se valoraban según el color de su piel. Una historia que hoy en día unos cuantos padres escandalizados están intentando tumbar, por considerar que tiene demasiado contenido sexual. Mucho mejor una novela que resulte menos incómoda. Claro. Mejor El guardián entre el centeno.

There is really nothing more to say-except why. But since why is difficult to handle, one must take refuge in how.

 TRADUCCIÓN PROPIA:

Realmente no hay nada más que decir, excepto por qué. Pero desde que puesto que “por qué” es difícil de manejar, uno debe refugiarse en cómo.

Poco tengo más que decir. Sólo una recomendación: coged aire y leedlo.

 FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El desarrollo de la trama, el uso de los personajes.

  • Los simbolismos.

Contras

  • Historia muy dura.

  • Hay que leerlo a sorbos. Aplaca.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (XIII): Juan Eslava Galán

 Juan Eslava Galán (Jaén, 1948): filólogo y escritor prolífico, ha publicado una gran cantidad de libros por los que ha obtenido importantes galardones, entre ellos el Premio Planeta, por En busca del unicornio. Escritor de novelas fantásticas, históricas y de misterio, además de ensayo. Su libro más reciente es Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, que habréis podido ver en el ránking de los más vendidos.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Siete ciudades en África de Lorenzo Silva, una lección magistral de cómo un libro de historia puede leerse como una novela que cautiva al lector hasta el fin.

No conocía este libro, ni siquiera había escuchado con anterioridad el nombre. Me sorprende porque Lorenzo Silva es un autor muy conocido, pero lo cierto es que desconocía esta faceta suya. Un libro con muy buena pinta, del que podréis encontrar más información aquí. Y que, casualmente, presentó hace apenas un mes en la librería Rafael Alberti. De lo que se entera una por la red.

2.- Un libro que nos recomiendas.

El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte.

Uno que no me atrae demasiado, quizá por el tema en sí. Ya sabéis que tengo El tango de la guardia vieja en casa, pero no sé por qué este último no me llama nada la atención.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Álvaro Cunqueiro.

Vaya, un todoterreno. Cunqueiro: poeta, narrador, ensayista, todo un hombre del renacimiento en la España del siglo XX. Más información, aquí.

Y vosotros, ¿coincidís con Eslava Galán? ¿Habéis leído alguno de sus libros? ¿Conocíais Siete ciudades de África? ¿Habéis leído a Álvaro Cunqueiro?

Namaste.

Ginzburg

Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg

Hoy os traigo un libro de relatos, un libro que hojeé en la biblioteca. Suele ocurrir, nos topamos con un libro, leemos unos fragmentos y decidimos que algún día lo leeremos. Con la diferencia que ese período se ha convertido en más de cinco años.

Aún así, estaba anotado en mi libreta, y durante mucho tiempo cada vez que lo veía me invadía la duda: ¿Qué había leído que me había llamado tanto la atención? ¡No era capaz de recordar la temática del párrafo!

Por ese motivo entró en mi lista de los 50 libros que leer antes de los 30. Y por fin, lo he leído.

 Los relatos son diversos, tanto en tamaño como en temática. Al estar escritos en distintas épocas, que van desde 1944 hasta 1962, el modo de escribir de la autora y la temática varían mucho. Lógico. Veinte años dan para mucho: las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, el paso de la juventud a la madurez o la llegada de los hijos, son algunas de las reflexiones que van surgiendo entre las líneas de Las pequeñas virtudes.

Destaca, por encima de todo, el brutal conocimiento del ser humano, de la amistad y de la vida en general. Y por supuesto, el análisis del paso del tiempo, del cambio de parecer según vamos cumpliendo más años. Ginzburg es analítica, matemática y severa a la hora de analizar diversas situaciones. Algo complejo si tenemos en cuenta que parece que la autora toma su propia vida como hilo conductor; es decir, desde mi punto de vista es más fácil analizar a los demás que a uno mismo. A veces un poco de perspectiva es buena para apartarse de la burbuja que nos ciega.

Por otro lado, la autora reflexiona mucho sobre el acto de escribir, sobre el proceso creativo y el método de trabajo de una persona que al menos inicialmente, no se dedicaba a ello de manera profesional. Las dudas, el método y cómo encarar una página. Este relato, uno de los más largos, además, se me ha hecho más pesado. Será que el tema no me interesa demasiado.

Pero… ¡basta de frases describiendo cómo es Las pequeñas virtudes! Creo que lo mejor es que os deje varios fragmentos para que podáis comprobar por vosotros mismos:

¿Cómo podría amar una cosa que no soy capaz de recordar?

Él y yo

Y somos gente ya sin lágrimas. Lo que conmovía a nuestros padres ya no nos conmueve en absoluto.

El hijo del hombre.

Existen dos especies de silencio: el silencio consigo mismo y el silencio con los demás. Una y otra forma nos hacen sufrir igualmente. El silencio con nosotros mismos está dominado por una violenta antipatía que nos invade hacia nuestro propio ser, por el desprecio hacia nuestra misma alma, tal vil que no merece que le digan nada. (…) Está claro que no tenemos ningún derecho a odiar a nuestra propia persona, ningún derecho a callar nuestros pensamientos a nuestra alma.

Silencio.

 FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El relato “Las relaciones humanas”. No tiene párrafos destacables. Todo él lo es. Para releer.
Contras
  • He descubierto que la temática del arte de escribir no me gusta. Más bien, me aburre.
Reto 50 libros
  • 16/50.

Namaste.

Autor, Bradbury, Literatura

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

Hoy os traigo una novela de esas que no necesitan presentación, de las que se suelen incluir como indispensables en cualquier lista literaria.

El argumento seguro que lo conocéis todos: nuestro protagonista es Guy Montag, un bombero muy peculiar que se dedica a quemar libros. Montag vive feliz en su burbuja: trabaja y quema libros, queda imbuido por una rutina que no le permite reflexionar. Sin embargo, su apacible vida da un giro de 360 grados cuando mantiene una conversación con una joven vecina que le hace replantearse todos los aspectos de su vida. Nada más comenzar el libro, tras leer unas pocas páginas, nos encontramos con este interesante diálogo:

  • Is it true that long ago firemen put fires out instead of going to start them?

  • No. Houses have always been fireproof, take my word for it.

  • Strange. I heard once that long time ago houses used to burn by accident and they needed firemen to stop the flames.

He laughed.

TRADUCCIÓN PROPIA:

  • ¿Es cierto que hace mucho tiempo los bomberos apagaban fuegos en lugar de iniciarlos?

  • No. Las casas siempre han sido ignífugas, te lo aseguro.

  • Qué raro. He oído que hace mucho tiempo las casas solían quemarse por accidente y se necesitaban bomberos para apagar las llamas.

Él se echó a reír.

Desde ese momento, las cosas cambian. Montag comienza a plantearse por qué. Y duda. Y es que, en un mundo distópico, las reglas del juego han cambiado, y leer libros se considera innecesario. Peor aún: peligroso e indeseable. Así se lo hace saber el jefe de Montag en este fragmento:

Not everyone born free and equal, as the Constitution says, but everyone made equal. Each man is the image of every other; then all are happy, for there are no mountains to make them cower, to judge themselves against.

So! A book is a loaded gun in the house next door. Burn it. Take the shot from the weapon. Breach

man´s mind. Who knows who might be the target of the well-read man? Me?

TRADUCCIÓN PROPIA:

No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, pero cada ciudadano se hace igual a otro. Cada hombre es la imagen del otro; así que son felices, porque no hay montañas para convertirlos en cobardes, ni se les juzga en su contra.

Así que un libro es una pistola cargada en la casa de al lado. Quémala. Coge las balas. ¡Rompe la mente humana! ¿Quién sabe quién podría ser el objetivo de un hombre que ha leído? ¿Yo?

Precisamente, el título del libro alude a la temperatura con la que arde el papel. Y es que Fahrenheit 451 es un libro sobre libros, sobre la importancia de la lectura, sobre un estado represor que consigue un pensamiento único a través de la prohibición de todos y cada uno de los libros. Excepto los cómics, eso sí.

Esta novela es una oda a la literatura, a los lectores, a todos esos momentos compartidos a través de las páginas de un libro. Es también un alegato en contra de esa vida simple y monótona que existe al margen de los libros, es una novela que ahonda en la metaliteratura: por qué leemos, qué utilidad tiene y qué sentimientos nos genera.

Un libro muy interesante y muy corto, lleno de fragmentos sobresalientes, donde toma importancia más que la acción en sí, los pensamientos y planteamientos de un plan previsiblemente fallido, donde destaca la filosofía instríseca de una novela que nos remueve las entrañas a todos aquéllos que disfrutamos y miramos la vida a través de las páginas de un libro.

There must be something in books, things we can´t imagine, to make a woman stay in a burning house; there must be something there. You don´t stay for nothing.

TRADUCCIÓN PROPIA:

Debe de haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar, para conseguir que una mujer se quede en una casa en llamas. Debe de haber algo ahí. Uno no se queda por nada.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • 1984, George Orwell. (Por lo distópico, pero la novela de Orwell tiene más empaque).
Pros
  • El inicio es muy potente.
  • Los diálogos. Hay fragmentos increíbles.
Contras
  • Al ser un inicio impactante, hacia la mitad el libro parece que se desinfla.
  • El final no está mal del todo. Pero no es un final redondo. EDICIÓN: no es redondo porque no puede ser redondo. Inicialmente no me convenció pero cuando reposa sí que es el final que se merece. Sin duda.

Namaste.

 

IMM

IMM (28)

Me quejaba recientemente por una red social de que los Reyes Magos no me habían traído ningún libro. Lo achaco, como todos los que leemos y compramos con asiduidad a que Sus Majestades no saben muy bien qué comprar. Una pena.

Sin embargo, cuando pensé en publicar un nuevo IMM, me di cuenta de que me equivocaba: que por Navidad sí que había recibido regalos en forma de libro, con la diferencia que ninguno de ellos estaba debajo del árbol. Habían llegado antes y de una forma diferente.

IMM_enero_2014

  • El idiota, Fiódor Dostoievski. Uno de los libros que figuran en mi propósito de este nuevo año, al que le tengo muchas ganas. Sin embargo, tendrá que esperar, al menos hasta que termine con Vasili Grossman (más o menos cuando George R.R.Martin termine “Canción de hielo y fuego”, supongo).
  • Tres rosas amarillas, Raymond Carver. Será mi primer libro de este autor, en este caso un libro de relatos cortesía de Bartleby (al igual que El idiota).
  • Las bellas extranjeras, Mircea Cărtărescu. Soy fan, ya lo sabéis, así que cuando veo a este autor en la portada de una edición de Impedimenta, lo quiero y ya mismo. Ésta vez son relatos, estaba vez parece que hay algo más de humor. Me resulta extraño, pero al mismo tiempo me embriaga una insana curiosidad para saber si me convencerá el autor en esta nueva faceta.
  • Máscara, Stanislaw Lem. Una preciosa portada envuelve los relatos de Lem, al que todavía no he leído a pesar de que llevo mucho tiempo queriendo leer Solaris: una novela de la que todo el mundo habla bien. Lem, allá voy. Gracias a la editorial por ambos ejemplares.
  • El sexo de la risa, de Irene X. Poesía, de la mano de @Tonokix, que decidió que para que me lo leyera me lo tendría que regalar. Se agradece, porque es necesario que salga de tanta novela y empiece a indagar en la poesía y en el ensayo, y éste me parece un perfecto inicio.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de estos libros? ¿Os animáis a leer conjuntamente El idiota?

Os deseo un gran fin de semana lleno de buenas lecturas.

Namaste.

Autor, Literatura

El rayo que nos parta, Jesús Artacho

Hoy os traigo un conjunto de relatos escritos por el amigo Jesús Artacho, Bartleby en la red.

Jesús, además de tener un blog y no parar de leer, escribe. Y como no se le da mal, y resulta que ha ganado unos cuantos premios relacionados con sus relatos, se decantó por publicar su propio conjunto de relatos. Tras contactar con algunas editoriales y valorar sus ofertas, decidió embarcarse en el mundo de la autoedición. Así nació El rayo que nos parta.

Os voy a ser sincera: reseñar un libro que ha escrito alguien que conoces es difícil. Pero si además son relatos es más difícil todavía. Pues nada, vamos a intentarlo.

El rayo que nos parta se compone de 20 relatos muy diferentes entre sí, tanto por la longitud como por el tema: mientras que alguno de ellos son muy cortos (tres párrafos o una frase), otros se alargan hasta conformar un relato mucho más prolongado. Relatos distintos entre sí, escritos en épocas diferentes y con temática variable.

¿Y qué podemos encontrar en ellos? Y aún más, ¿qué tienen de especial? El autor plantea sus relatos incluyendo citas, referencias musicales y literarias (desde Keane hasta Auster), apostando por las reducciones al absurdo y demostrando la inteligencia necesaria para mantener al lector pegado a las páginas hasta que se termina el último relato.

Su estilo envuelve, tiene referencias y evocaciones a otros autores contemporáneos pero eso no significa que copie o imite, sino que le da una vuelta de tuerca. Son claras las referencias, la base que ha adquirido como lector (vemos puntos de Auster, de Kafka, de Levrero), en ocasiones parte de un planteamiento similar y lo malea, resultando algo final diferente a lo que nos habrían planteado los escritores que seguimos. En otros, se trata de un homenaje, de un guiño al lector que ha leído alguno de ellos, de una mera referencia que nos acerca y nos simpatiza con el autor.

Artacho es un tipo listo, callado y tímido, lleno de silencios y medias palabras, sarcástico y divertido, y eso mismo lo plasma en El rayo que nos parta, un conjunto de historias lleno de personajes solitarios, perdidos y solos, que buscan el amor, que se miran al espejo, que dudan. Personajes despistados en un mundo que no acaban de comprender, protagonistas que asumen situaciones surreales con dobles y triples interpretaciones. Historias con palabras pero con muchos silencios, como este breve relato que os dejo aquí:

NO HACER NADA

 Tener la insoportable sensación de haber olvidado durante el día hacer algo muy importante. Que acabe el día y la sensación siga ahí. Que lo que olvidamos hacer fuese no hacer nada.

Personalmente, las historias que más me han gustado han sido los relatos más largos: Último tren, Huete o Laberintos ofrecen una historia que se desarrolla más, plantea más ideas, al ser más largas permiten más técnicas al autor.

En definitiva, El rayo que nos parta resulta, en conjunto, una muy buena lectura, un buen regalo y un muy buen principio. No sólo para el autor, como un perfecto ejemplo de cómo se hacen bien las cosas, sino para los demás, los que estáis al otro lado: el inicio de una carrera literaria que no os deberíais perder. Porque El rayo que nos parta brilla con luz propia. Es la punta de un iceberg que Jesús Artacho irá enseñándonos con el resto de su obra, de la que, estoy segura, nos dará muchas sorpresas.

Y si no me creéis, si mi reseña os ha parecido poco, os invito a pasaros por los espacios de otros lectores (La orilla de las letras, Yossi, Tanyible, Desde la ciudad sin cines) que, como yo, han quedado convencidos por este chico sureño que procede de un pueblo en el que las zanahorias son moradas. Ahí es nada.

Namaste.

Autor, Literatura

El reflejo de las palabras, Kader Abdolah

Este fue uno de esos libros de los que te hablan y desconoces todo. No me sonaba el autor, ni el título, ni tenía ninguna referencia previa. Muy inteligentemente, y tras hablarme muy bien de él, Pedro me lo regaló. Así que tras un tiempo esperando en mi estantería, pasó a ser uno de esos libros que tenía que leer. Aunque sólo fuera por curiosidad.

El reflejo de las palabras narra la historia de una particular relación: la de un padre sordomudo con un hijo en un entorno complejo, el del Irán del siglo XX.

¿Cómo comunicarse con alguien que no nos puede oír? ¿De qué modo le transmiten sus familiares las alegrías y los problemas? ¿Y cómo las transmite este padre aislado de un mundo exterior que comprende a duras penas?

Complejo asunto. Complejo resolver un planteamiento tan diferente a lo que nos tienen acostumbrados otras novelas. El autor no se queda ahí, sino que incluye el devenir histórico de Irán, una nación salpicada de altibajos en los que la guerra, la dictadura y la inseguridad planean a la vuelta de la esquina. Una inestabilidad política que afectará muy directamente a toda su familia, hasta el punto de ese hijo tendrá que abandonar el país.

La prosa del autor es sencilla, pero muy cercana. Trata muchos temas sentimentales y lo hace de un modo muy inteligente para abordarlos, pero al mismo tiempo va más allá, abordando otros temas relacionados e independientes, desde la nostalgia hasta la esperanza, desde el silencio a la modernidad. Es una novela muy humana pero a la vez muy profunda, analítica desde un punto de vista sensible, como sólo los orientales pueden hacer.

No sé vosotros pero cada día noto más esa diferencia a la hora de elegir unas palabras u otras, por el vocabulario diferente que utilizan estos autores frente a los occidentales, a los que encuentro más racionales, más toscos, más directos, es decir, van más al grano. Los orientales, o al menos eso me parece a mí, se detienen para escoger una palabra, relacionan sentimientos, escuchan el silencio, analizan emociones, callan y lloran, evocan recuerdos, es otro tipo de modo de escribir.

En fin, El reflejo de las palabras resulta un libro intimista, que cuenta la vida de un hombre sencillo, el acercamiento con su hijo, su suave inteligencia que le hace amar las montañas de Arak, sus cuevas y sus recovecos. Un padre que escribe un diario, un conjunto de letras incomprensibles para su hijo, que se pregunta frustrado:

¿Llegaré a descubrir algún día el secreto de estas notas? ¿Cómo conseguiré que el libro hable?

Letras incomprensibles que su padre sacó de una cueva. Un lugar lleno de escritura cuneiforme indescifrable para los estudiosos que resulta un misterio lleno de importancia para su pueblo, desconocido para los expertos alemanes que visitan la zona, y dinamitado por los gobernantes de turno.

La novela está, además, aderezada de reflexiones antes de iniciar cada capítulo, de entre las que destaco esta:

La pérdida es una experiencia que conduce hacia un nuevo camino. Una nueva oportunidad para empezar a pensar de otro modo. La pérdida no es el final de las cosas, sino el final de una manera determinada de pensar. Quien cae en un sitio se levanta en otro. Esa es la ley de la vida.

Es una novela deliciosa, que disfrutaréis mucho aquéllos que os dedicáis al mundo de las palabras. Una historia muy bonita que ahora sí que sí, os presento. Porque estas novelas, las minoritarias, las pequeñas, son las que da gusto recomendar en un blog.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo del autor.
  • La conexión padre-hijo y al mismo tiempo, las dificultades
Contras
  • Historia triste.

Namaste.