¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (XIV): Agustín Fernández Mallo

Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967): físico y escritor español, ganó reconocimiento y fama nacional tras la publicación de Nocilla Dream, trilogía que se completa con Nocilla Experience y Nocilla Lab. Poeta y ensayista, es el mayor representante de la Generación Nocilla, de la que también forman parte Jorge Carrión o Juan Francisco Ferré. Se atreve con la música y con el cortometraje, y más aún, con la experimentación reescribiendo la obra de Borges.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Autopsia, de Miguel Serrano (Editorial Candaya)

Es éste. Una historia interesante, no sólo por la sinopsis en sí sino también por los adjetivos dedicados al autor, por las opiniones positivas que se le dedican (aquí, una de ellas)  y que aunque no la conocía, va directa a mi libreta. Y no me digáis que la portada no es impactante.

2.- Un libro que nos recomiendas.

El Nuevo Testamento.

Vaya. He de reconocer que cuando planteo las tres preguntas hay libros que no espero que estén entre los mencionados. Uno de ellos es éste. Entre otras cosas porque no sé qué decir. Vamos, que no he leído el Nuevo Testamento y tampoco lo tengo entre mi lista de libros futuros. Cuanto menos, sorprendente.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Thomas Bernhard

Un autor de renombre: venerado y consagrado. Mencionado siempre entre los autores que hay que leer, como Coetzee, como Pynchon. Y con el que, lo reconozco, no me he estrenado. Un autor de los que sí espero encontrar en esta categoría. Me alegra porque me recuerda que me queda mucho por leer. Mucho y muy bueno.

Y vosotros, ¿habéis leído Autopsia, de Miguel Serrano? ¿Os habéis atrevido a leer el Nuevo Testamento? ¿Qué me recomendáis de Bernhard?

Namaste.

Literatura

Autores base

Es curioso cómo nos vienen ligados los recuerdos. Era verano. Uno de esos períodos en los que se aprovecha para irse a la playa a tratar de coger algo de calor. En el momento de hacer la maleta escogí varios libros, creo recordar que cuatro. Cuatro libros que rondaban por mi casa, un par que había escogido de la biblioteca, todo aleatorio. A los dos días había terminado dos de ellos, y cuando empecé a leer el tercero resultó que era demasiado lento, o no me gustaba o no me convencía, qué sé yo. Decidí pasar al siguiente: me pasó lo mismo. Me quedé noqueada. De los libros que llevaba ninguno me satisfacía. ¿Qué hacer? ¿En qué libro invertir las múltiples horas que me quedaban en la arena de la playa? Me encontraba con la disyuntiva de continuar leyendo algo que no me gustaba o bien adquirir algún otro libro nuevo.

Después de eso creé mentalmente el término autores base. ¿Y eso qué es? Pues los autores a los que aferrarse, a los que volvemos, bien porque nos gusta cómo escriben, bien nos interesa lo que escriben o bien porque somos fanáticos de su obra. Son autores asidero: a aquéllos a los que recurrir cuando uno no sabe qué leer, cuando se duda, cuando se quiere acertar.

Son valores fijos, autores que nos sostienen: a los que recurrimos cuando queremos estar seguros de que nos va a gustar el libro: quizá como yo, en épocas en las que tenemos más tiempo para leer, o quizá simplemente en épocas en las que leemos poco o cuando llevamos una serie de libros poco llamativos, autores que resultan un pilar, una seguridad para el lector, un refugio entre tanta novedad y tantos autores “indispensables”. Son los que en cuanto vemos su nombre en la estantería los cogemos, los compramos y los tenemos cerca. Son familia.

Decidí que desde ese momento y para períodos vacacionales no me faltaría algún título de los que considero indispensables.

Como en todo, los que anteriormente eran autores base ahora han dejado de serlo. Recuerdo una época en la que recurría a Paul Auster, o a Stephen King o a Umberto Eco. Posteriormente, con unos me cansé (por ejemplo con King, tras encadenar varios libros que no me gustaron). Con otros me pareció que perdió la chispa (Auster) o que directamente se le había ido la olla chispa (Eco, algo que ya conté aquí) y comenzaron a llegar otra ola de autores base, a los que recurro cuando me veo perdida entre tanta novedad, entre tanto autor clave en su generación, cuando me agotan determinados libros o cuando quiero volver a ese universo que crean.

¿Y cuáles son mis autores base actuales? El primero que me viene a la mente es Roberto Bolaño. Porque aunque la editorial trate de publicar hasta el listado de su agenda telefónica, siempre es interesante y siempre hay una chispa, un capítulo, un párrafo, una línea, que me reconcilian con el mundo editor.

La siguiente que me viene a la mente es Almudena Grandes. Por costumbre, porque he leído prácticamente todo lo que ha sacado (exceptuando Las edades de Lulú), porque es familia, tengo sus libros y los regalo. Es la Grandes. Y a la Grandes la leo.

García Márquez también está en mi lista. Aunque hace mucho que no lo leo, aunque vaya relegándolo al final con todos aquéllos: dentro de poco leeré… aunque vaya viendo cómo se cuelan Carlos Fuentes, Sergio Pitol y Vargas Llosa. Está ahí. Y es que no hacen falta más motivos. Escribió Cien años de soledad y por eso se ha ganado un lugar en mi mente. Siempre.

Orwell es otro más de mis autores base. Lo mismo te monta una granja que construye un Gran Hermano. Da gusto leerle, aunque hable de una guerra.

Los recientes son, principalmente, dos: Penelope Fitzgerald, que se ganó su puesto a base de palabra elegante con El inicio de la primavera (qué preciosidad de libro, porfavor), y después se coronó como la inglesa que escribe de quién sabe dónde (lo mismo Rusia que Italia) y lo hace bien. The queen.

El otro es, ya lo habréis adivinado, Mircea Cărtărescu, indefinible señor de negro venido de la tierra de Drácula. Uno de esos autores que te deja con la boca abierta y el corazón encogido.

Así que ahora, que estoy leyendo Las tres bodas de Manolita, el último libro de Almudena Grandes y que tengo en la estantería, mirando de reojo, Las bellas extranjeras de Cărtărescu, soy feliz.

Y para vosotros, ¿cuáles son vuestros autores base?

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (XIII): Juan Eslava Galán

 Juan Eslava Galán (Jaén, 1948): filólogo y escritor prolífico, ha publicado una gran cantidad de libros por los que ha obtenido importantes galardones, entre ellos el Premio Planeta, por En busca del unicornio. Escritor de novelas fantásticas, históricas y de misterio, además de ensayo. Su libro más reciente es Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, que habréis podido ver en el ránking de los más vendidos.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Siete ciudades en África de Lorenzo Silva, una lección magistral de cómo un libro de historia puede leerse como una novela que cautiva al lector hasta el fin.

No conocía este libro, ni siquiera había escuchado con anterioridad el nombre. Me sorprende porque Lorenzo Silva es un autor muy conocido, pero lo cierto es que desconocía esta faceta suya. Un libro con muy buena pinta, del que podréis encontrar más información aquí. Y que, casualmente, presentó hace apenas un mes en la librería Rafael Alberti. De lo que se entera una por la red.

2.- Un libro que nos recomiendas.

El francotirador paciente, de Arturo Pérez-Reverte.

Uno que no me atrae demasiado, quizá por el tema en sí. Ya sabéis que tengo El tango de la guardia vieja en casa, pero no sé por qué este último no me llama nada la atención.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Álvaro Cunqueiro.

Vaya, un todoterreno. Cunqueiro: poeta, narrador, ensayista, todo un hombre del renacimiento en la España del siglo XX. Más información, aquí.

Y vosotros, ¿coincidís con Eslava Galán? ¿Habéis leído alguno de sus libros? ¿Conocíais Siete ciudades de África? ¿Habéis leído a Álvaro Cunqueiro?

Namaste.

Ginzburg

Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg

Hoy os traigo un libro de relatos, un libro que hojeé en la biblioteca. Suele ocurrir, nos topamos con un libro, leemos unos fragmentos y decidimos que algún día lo leeremos. Con la diferencia que ese período se ha convertido en más de cinco años.

Aún así, estaba anotado en mi libreta, y durante mucho tiempo cada vez que lo veía me invadía la duda: ¿Qué había leído que me había llamado tanto la atención? ¡No era capaz de recordar la temática del párrafo!

Por ese motivo entró en mi lista de los 50 libros que leer antes de los 30. Y por fin, lo he leído.

 Los relatos son diversos, tanto en tamaño como en temática. Al estar escritos en distintas épocas, que van desde 1944 hasta 1962, el modo de escribir de la autora y la temática varían mucho. Lógico. Veinte años dan para mucho: las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, el paso de la juventud a la madurez o la llegada de los hijos, son algunas de las reflexiones que van surgiendo entre las líneas de Las pequeñas virtudes.

Destaca, por encima de todo, el brutal conocimiento del ser humano, de la amistad y de la vida en general. Y por supuesto, el análisis del paso del tiempo, del cambio de parecer según vamos cumpliendo más años. Ginzburg es analítica, matemática y severa a la hora de analizar diversas situaciones. Algo complejo si tenemos en cuenta que parece que la autora toma su propia vida como hilo conductor; es decir, desde mi punto de vista es más fácil analizar a los demás que a uno mismo. A veces un poco de perspectiva es buena para apartarse de la burbuja que nos ciega.

Por otro lado, la autora reflexiona mucho sobre el acto de escribir, sobre el proceso creativo y el método de trabajo de una persona que al menos inicialmente, no se dedicaba a ello de manera profesional. Las dudas, el método y cómo encarar una página. Este relato, uno de los más largos, además, se me ha hecho más pesado. Será que el tema no me interesa demasiado.

Pero… ¡basta de frases describiendo cómo es Las pequeñas virtudes! Creo que lo mejor es que os deje varios fragmentos para que podáis comprobar por vosotros mismos:

¿Cómo podría amar una cosa que no soy capaz de recordar?

Él y yo

Y somos gente ya sin lágrimas. Lo que conmovía a nuestros padres ya no nos conmueve en absoluto.

El hijo del hombre.

Existen dos especies de silencio: el silencio consigo mismo y el silencio con los demás. Una y otra forma nos hacen sufrir igualmente. El silencio con nosotros mismos está dominado por una violenta antipatía que nos invade hacia nuestro propio ser, por el desprecio hacia nuestra misma alma, tal vil que no merece que le digan nada. (…) Está claro que no tenemos ningún derecho a odiar a nuestra propia persona, ningún derecho a callar nuestros pensamientos a nuestra alma.

Silencio.

 FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El relato “Las relaciones humanas”. No tiene párrafos destacables. Todo él lo es. Para releer.
Contras
  • He descubierto que la temática del arte de escribir no me gusta. Más bien, me aburre.
Reto 50 libros
  • 16/50.

Namaste.

Autor, Literatura

El reflejo de las palabras, Kader Abdolah

Este fue uno de esos libros de los que te hablan y desconoces todo. No me sonaba el autor, ni el título, ni tenía ninguna referencia previa. Muy inteligentemente, y tras hablarme muy bien de él, Pedro me lo regaló. Así que tras un tiempo esperando en mi estantería, pasó a ser uno de esos libros que tenía que leer. Aunque sólo fuera por curiosidad.

El reflejo de las palabras narra la historia de una particular relación: la de un padre sordomudo con un hijo en un entorno complejo, el del Irán del siglo XX.

¿Cómo comunicarse con alguien que no nos puede oír? ¿De qué modo le transmiten sus familiares las alegrías y los problemas? ¿Y cómo las transmite este padre aislado de un mundo exterior que comprende a duras penas?

Complejo asunto. Complejo resolver un planteamiento tan diferente a lo que nos tienen acostumbrados otras novelas. El autor no se queda ahí, sino que incluye el devenir histórico de Irán, una nación salpicada de altibajos en los que la guerra, la dictadura y la inseguridad planean a la vuelta de la esquina. Una inestabilidad política que afectará muy directamente a toda su familia, hasta el punto de ese hijo tendrá que abandonar el país.

La prosa del autor es sencilla, pero muy cercana. Trata muchos temas sentimentales y lo hace de un modo muy inteligente para abordarlos, pero al mismo tiempo va más allá, abordando otros temas relacionados e independientes, desde la nostalgia hasta la esperanza, desde el silencio a la modernidad. Es una novela muy humana pero a la vez muy profunda, analítica desde un punto de vista sensible, como sólo los orientales pueden hacer.

No sé vosotros pero cada día noto más esa diferencia a la hora de elegir unas palabras u otras, por el vocabulario diferente que utilizan estos autores frente a los occidentales, a los que encuentro más racionales, más toscos, más directos, es decir, van más al grano. Los orientales, o al menos eso me parece a mí, se detienen para escoger una palabra, relacionan sentimientos, escuchan el silencio, analizan emociones, callan y lloran, evocan recuerdos, es otro tipo de modo de escribir.

En fin, El reflejo de las palabras resulta un libro intimista, que cuenta la vida de un hombre sencillo, el acercamiento con su hijo, su suave inteligencia que le hace amar las montañas de Arak, sus cuevas y sus recovecos. Un padre que escribe un diario, un conjunto de letras incomprensibles para su hijo, que se pregunta frustrado:

¿Llegaré a descubrir algún día el secreto de estas notas? ¿Cómo conseguiré que el libro hable?

Letras incomprensibles que su padre sacó de una cueva. Un lugar lleno de escritura cuneiforme indescifrable para los estudiosos que resulta un misterio lleno de importancia para su pueblo, desconocido para los expertos alemanes que visitan la zona, y dinamitado por los gobernantes de turno.

La novela está, además, aderezada de reflexiones antes de iniciar cada capítulo, de entre las que destaco esta:

La pérdida es una experiencia que conduce hacia un nuevo camino. Una nueva oportunidad para empezar a pensar de otro modo. La pérdida no es el final de las cosas, sino el final de una manera determinada de pensar. Quien cae en un sitio se levanta en otro. Esa es la ley de la vida.

Es una novela deliciosa, que disfrutaréis mucho aquéllos que os dedicáis al mundo de las palabras. Una historia muy bonita que ahora sí que sí, os presento. Porque estas novelas, las minoritarias, las pequeñas, son las que da gusto recomendar en un blog.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo del autor.
  • La conexión padre-hijo y al mismo tiempo, las dificultades
Contras
  • Historia triste.

Namaste.

Literatura

¿Y ahora qué? Propósitos literarios para 2014

Finalizado el 2013, toca proponerse lecturas para este nuevo año. El criterio viene a ser el mismo que el año pasado: leer los libros que tengo en las estanterías y que mes tras mes esperan pacientes su turno.

Tengo que confesar que no he cumplido mi propósito lector que me planteé para 2013. Pero no importa: he avanzado mucho en mi lista y me he puesto las pilas con algún libro particularmente largo y denso que sigo leyendo poco a poco.

Eso sí, este año me gustaría salir de la novela y empezar a leer ensayo y poesía. Al menos quiero ir leyendo los que tengo en mi estantería. Sin embargo, en mi lista sólo encontraréis un ensayo. El resto lo dejo para la improvisación.

 Mi listado anual de lecturas para este 2014 es el que sigue:

  1. El quinto en discordia, Robertson Davies.
  2. El idiota, Fiódor Dostoievski.
  3. Las uvas de la ira, John Steinbeck.
  4. La Señora Dalloway, Virginia Woolf.
  5. Los santos inocentes, Miguel Delibes.
  6. El señor presidente, Miguel Ángel Asturias.
  7. El arte de la fuga, Sergio Pitol.
  8. El plan maestro, Heather Pringle.
  9. 2666, Roberto Bolaño.
  10. Como agua para chocolate, Laura Esquivel.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de los que quiero leer? ¿Qué os parecieron?
Que los Reyes Magos os traigan muchos libros.

Namaste.

Balance de 2013, Literatura

Balance de 2013 (II): recomendaciones y joyas

Explicar qué es lo que nos ha gustado menos es lo más fácil. Sin embargo, especificar qué libros han sido los mejores puede no serlo tanto. No hay que pecar de demasiado benevolente y dejar muchos libros en el listado, sino cerciorarse de que están los que deben de estar y prescindir de los secundarios.

Como viene siendo habitual, he dividido los libros en dos grupos: de un lado, los destacados, esos que recomendaré sin dudas y de otro, los totalmente indispensables, esos que me gustaría que estuvieran en vuestras listas.

 Muy recomendables

  • El reflejo de las palabras, Kader Abdolah. Un autor que me resultaba extraño hasta que me metió en un universo de incertidumbre y complicaciones en la comunicación entre un padre y un hijo. De esos en los que se echa una lagrimilla si te despistas.
  • La buena novela, Laurence Cossé. Aunque no es un libro que recomendaría a todo el mundo, es interesante lo que plantea y cómo lo hace, además del debate que genera después. No todos los libros pueden presumir de lo mismo.
  • La princesa prometida, William Goldman. Entretenimiento puro y duro y del bueno. La típica novela que se puede regalar a todo el mundo y con la que sabemos que acertaríamos.
  • Inocencia, Penelope Fitzgerald. Embelesada me quedé al ver cómo la autora desplegaba una tupida red de tramas, una elegante maraña que nos traslada a la Toscana.
  • Persépolis, Marjane Satrapi. Historia dura y muy real de un país más cercano de lo que creemos. Destaca sobre todo la primera parte. A pesar de que el trazo es sencillo la fuerza de la historia, lo duro del tema nos mete hasta el tuétano en una novela gráfica indispensable, (casi) a la altura de Maus.
  • De ratones y hombres, John Steinbeck. Brutal historia situada en Estados Unidos, dura y cruel como la vida misma. Directa y sin rodeos.

Joyas

  • Nostalgia, Mircea Cărtărescu. Si de algo me puedo alegrar es de haberme topado con este autor en cuanto la editorial Impedimenta empezó a publicarle. Desde entonces todo han sido alegrías. Bien es cierto que si hay algo de lo que se me puede acusar es de ser repetitiva a la hora de recomendar este autor: presto sus libros, los regalo, insisto… en fin, yo soy del #TeamCărtărescu
  • Conversación en La Catedral, Mario Vargas Llosa. Una historia envolvente, global, de un país, Perú, pero también de una familia, de amor y miedos. Una novela redonda, con un estilo único.
  • Tu rostro mañana (I): Fiebre y lanza, Javier Marías. Es una delicia leer a este autor, ese uso de la lengua, el don de la palabras y el uso de los diálogos sin olvidar los sentimientos y las sensaciones, incluyendo temas de los que no suelen escribir otros escritores. Hay que leerlo.
  • Fahrenheit 451, Ray Bradbury. Un libro con un arranque espectacular, lleno de fragmentos inolvidables. Un libro sobre libros, de esos que nos gustan a los lectores, pero que va más allá: un libro sobre la importancia de los libros. El resto lo dejo para la reseña.

Y para vosotros, ¿cuáles han sido los mejores libros de 2013?

Os deseo un 2014 lleno de buenas lecturas.

Namaste.

Literatura

Balance de 2013 (I): abandonos y decepciones

Un año más toca hacer balance de lo que ha ocurrido en este 2013. En este caso, os traigo los abandonos y las decepciones.

  Abandonados

 Al igual que en 2012, he abandonado tan sólo un libro.

  • Trainspotting, Irvine Welsh. Famosísima y mítica película del cine moderno. Animada por la fama de la historia me adentré en una novela simple y llana, escatológica y obscena hasta rallar lo infinito (hay una escena en concreto que, si en la película resulta repugnante, en la descripción de la novela directamente es vomitiva). No me enganchó, tanto que acabé por dejarla a medias y por pasarme a su versión cinematográfica. Ahorré tiempo.

Decepciones

Las decepciones las puedo clasificar en dos grupos: de un lado, las historias de las que esperaba más, mucho más, por opiniones de lectores o por mi propio prejuicio de la historia. De otro, los que directamente me parece una pérdida de tiempo leerlos y que no se merecen el papel sobre el que están impresos.

Despellejes:

  • La reina en el palacio de las corrientes del aire, Stieg Larsson. Es lento, es pesado, el estilo es del tipo indistinto, esto es, el estilo que tienen todos los autores de best-sellers, intercambiable, repetido, vamos, fabricado en masa. Aún así ofrece una historia, por eso lo considero menos malo que los otros dos que vienen a continuación.

  • Verano en English Creek. El libro de las ovejas, como dicen algunos compañeros blogueros. Creo que ya lo dije todo en su momento, pero vuelvo a reiterar que no necesito que me cuenten todo en una historia. No hay nada peor que aburrir a un lector. Aburrirle y hacerle contar ovejas, ver pasar matojos, llegar al punto de ser más interesante ponerte a contar las gotas que va dejando la lluvia en la ventana que seguir por el camino de lágrimas que era el librito en cuestión. Una pesadilla. Llena de ovejas, encima.

  • Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb. Nothomb, tiene usted un problema. Le recomiendo que se tome un año sabático y se vaya por ahí a tratar de que le ocurran cosas extrañas (puede probar a desnudarse en público o a subir a una montaña) porque la ficción raya lo absurdo. Se encuentra en el punto exacto en el que uno se hace la pregunta: ¿Pero qué leches se ha tomado para escribir esto? ¿Y quién ha decidido publicárselo? Es un consejo de amiga. Sobre todo porque todos los lectores se acabarán dando cuenta, antes o después, que usted no es la que era. No viva de sus recuerdos. Cree unos nuevos.

Decepciones propiamente dichas:

  •  El gran Gatsby, F.S. Fitzgerald. Un libro famosisímo, que muchos lectores mencionan como su favorito, ¿cómo podía no encantarme? Y es cierto que el estilo del autor es una delicia, tiene fragmentos muy buenos, pero no me ha llegado. No es un libro del que diría hay que leerlo. Esperaba más.
  • Metamaus. Art Spiegelman. Aunque tiene información muy entretenida, se quiere explotar la gallina de los huevos de oro que fue Maus. Cogedlo prestado de la biblioteca, pero no lo compréis. Esto mismo le ocurre a El secreto del mal, de Roberto Bolaño.

Y vosotros, ¿abandonáis libros? ¿Cuáles habéis dejado a medias este año? ¿Os ha decepcionado algún libro?

Namaste.

Autor, Fitzgerald, Literatura

Inocencia, Penelope Fitzgerald

Inocencia es la última novela publicada por la Editorial Impedimenta de Penelope Fitzgerald, autora de La librería y de la deslumbrante El inicio de la primavera. Cómo no iba a sentirme atraída por ella. Cómo no iba a volver a su prosa.

Mientras leía el libro se me venía a la mente una comparación: Penelope Fitzgerald es como la seda, el preciado material con el que confeccionar un vestido elegante y con perfecta caída, un vestido propio de una dama británica: adecuado y envidiado, que ajusta como si estuviera hecho a medida, y por supuesto, con el cuidado artesanal de todos los detalles: los colores y el estampado, el escote y la largura. En definitiva, el vestido que el resto de mujeres miraríamos con envidia.

Pero es que además la seda no solamente sirve para embellecer, sino que es uno de los materiales más resistentes que se conocen. Sujeta, agarra y es firme, tanto que se utiliza para cuerdas y materiales útiles, de esos que se llevan al espacio.

A pesar de su aparente delicadeza la seda no es lo que parece. Y eso mismo ocurre con esta autora: parece delicada, elegante y superficial, pero va mucho más allá.

Se esconde detrás de historias aparentemente sencillas, como esta, en la que la trama gira entorno a una familia y al amor que se profesan Chiara Ridolfi y el Doctor Rossi. Una familia de antigua nobleza que ha caído en decadencia se une a un prometedor médico. Si no miramos más allá, Inocencia trata de una historia de amor.

Sin embargo, la sensación es que esa historia es lo de menos. Resulta algo meramente anecdótico con lo que situar la trama, porque la verdadera importancia subyace detrás. ¿Y cuál es? El paso del tiempo, algo que incluso deja entrever por la longitud de las dos partes del texto. El cambio humano según el paso del tiempo: las esperanzas e ideas juveniles y la confrontación con la edad adulta, esa realidad que nada tiene que ver con lo idealizado. Fitzgerald no se queda ahí: también aborda la decepción, el cambio de valoración (y en ocasiones sobrevaloración) de nuestra opinión sobre las personas. Por ejemplo, encontrar a alguien que consideramos lúcido e ingenioso pero que apenas un tiempo después nos parece de trato simple y aburrido.

Y es que en esta historia, cada personaje representa un problema, como el Doctor Rossi, que nos plantea su relación con la familia: la huida y el rechazo de cada idea familiar y su sustitución por algo diametralmente opuesto sin tener claro si esa situación es la que realmente se quería o si tan sólo resulta el antónimo de la voluntad familiar, con el añadido del miedo a decepcionar por no cumplir las expectativas.

La autora es, sorprendentemente, una gran conocedora de la sociedad italiana, tanto, que en ocasiones me vi comprobando el título para cerciorarme de que no se trata de ninguna escritora procedente de la Toscana. Paradójicamente, a sus compatriotas los presenta reducidos a un absurdo, ejemplificador de su carácter británico, como se aprecia en la siguiente cita:

¡Oh, querida niña! Ya me han dado la extraordinaria noticia. Créeme queno hay nada en el mundo como el primer hijo: estoy segura de que siempre es así… incluso en los países latinos.

El conjunto es, en apariencia una novela costumbrista, con personajes muy definidos, lleno de dobles interpretaciones. Mi personaje favorito es, sin duda, Cesare. Un hombre que se esconde, considerado loco en su propia familia, quizá por la soledad que le envuelve o quizá por dedicarse a temas prácticos y mundanos. Y sin embargo, detrás de su fachada de ermitaño es el más cuerdo, el más lógico, el antagonista del Doctor Rossi, el que parece cuerdo, el que parece racional. Basta con echarse la fama y esperar.

Una novela como la vida misma. “Tangible”, dice la sinopsis, y es cierto: es visual y palpable: absurda en ocasiones y demasiado real en otras, capaz de reflejar los sentimientos humanos de un modo muy potente, con diálogos redondos y descripciones equilibradas, elegante y evocador, cómico y absurdo. Como la vida. Como la seda.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El universo que crea la autora.
  • Diálogos elegantes y personajes redondos.
Contras
  • El inicio puede parecer un poco confuso hasta que nos situamos.
  • ¿Quién tiene la inocencia entonces, Chiara o el lector?

Namaste.

Autor, Literatura, Marías

Tu rostro mañana (I): Fiebre y Lanza, Javier Marías

Javier Marías, un autor al que regresar siempre. Porque cuando lees Mañana en la batalla piensa en mí, o Los enamoramientos sabes que es este, Tu rostro mañana, su título más famoso, es el que hay que leer, al que hay que llegar. Un libro que adquirí hace ya bastante tiempo en una edición de Alfaguara donde viene recogida la trilogía completa.

Un propósito: leer Fiebre y lanza (la primera parte de la trilogía) en este año 2013.

La idea general que me trasladaban todos, y que yo tenía interiorizada de fábrica era la de Ten paciencia. Es un libro denso. Cuál fue mi sorpresa cuando al empezar el libro la impresión general que me dio era que parecía liviano, resultando ameno y entretenido. Las páginas pasaban raudas y veloces, y tenía que comprobar de vez en cuando que sí, que se trataba Tu rostro mañana y el autor era Javier Marías. Sí, era el libro denso del que todo el mundo me avisaba.

Como siempre, la trama es lo de menos. Eso ya lo sabemos cuando leemos a Marías. Esta en concreto nos ofrece como protagonista a un español en Londres (cómo no), un profesor universitario (cómo no again) que nos desvela parte de su intimidad, de un lado, reflejada en su vida familiar que deja atrás, y de otro, su parte intelectual, su frecuente reflexión sobre temas variados con sus colegas ingleses.

Pero es además un libro que embauca y que analiza, y que al tiempo envuelve y arropa. Como una manta en invierno, da calidez pero también enfoca, arroja luz sobre diversos temas: sobre la soledad y la comunicación, sobre nuestros miedos; en general, sobre el ser humano. Como muestra os dejo dos citas:

Necio en sentido estricto: ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber, es decir, que ignora a conciencia y con voluntad de ignorar.

 Hay personas que simplemente resultan ser imposibles, y lo único sabio es apartarse de ellas y mantenerlas lejos, y no existir para ellas.

 

La narración recuerda en muchas ocasiones a lo que plantea en el libro: una conversación, quizá con otra persona o quizá con uno mismo, pero una conversación en la que se empieza un tema y se van derivando otros que atraen nuestra atención, un elenco de hilos que salen de la madeja de la conversación cómoda, del tiempo dedicado a ella, de esa preciosa sensación de saber con qué tema se empieza a hablar y desconocer con cuál se acaba.

Y para redondear la jugada, los giros con el inglés, los paralelismos entre las lenguas y las diferencias entre ambas. No me refiero solamente a aquél viejo truco de los juegos de palabras, sino a por qué utilizamos una palabra y no otra, y los matices de cada sinónimo y de cada adjetivo.

Recuerdo que este mismo autor analizaba una frase en uno de sus libros. Una frase que utilizamos a menudo pero de la que nunca me había parado a pensar. Es Me voy a ir yendo. Marías se sorprendía por la utilización del verbo ir en tres conjugaciones distintas. Y en los matices de ir añadiendo cada uno de ellos, de esa graduación entre:

  Me voy <<<<<<< Me voy a ir <<<<<<<<  Me voy a ir yendo.

Esto y mucho más ofrece la novela que os traigo hoy. Y eso es Marías, un interesantísimo autor con el que disfrutar y paladear cada uno de sus párrafos, que pone mucho cuidado en cada una de sus palabras, midiéndolas y reflexionándolas, algo que parecía olvidado en este mundo de mensajes por dispositivos tecnológicos, en este mundo en el que se abusa de las palabras coloquiales, en el que pocos se preocupan por cómo decir las cosas.

Para terminar, Marías acaba la novela derivando el tema al espionaje, una parte que se me ha hecho, esta vez sí, más densa. Pero que por contra me ha influenciado para comenzar a leer Homenaje a Cataluña, de Orwell. Qué mayor alegría que empezar un libro porque otro te ha llevado hasta él.

En definitiva, leer a Marías es un placer. El placer de ir comprobando cómo juega con las palabras, envolviendo las ideas y creando sensaciones. Lo hace porque sabe, porque entiende. Qué leches, porque puede. Alardea. Y señores míos, en un mundo en el que la mayoría literaria parece venida desde la misma fábrica de China, esto es genialidad pura.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El modo en el que utiliza el lenguaje.
Contras
  • El final se me ha hecho un poco más pesado.

    No sé si fue una buena idea comprar esta edición. Pesa demasiado.

 Namaste.