Este libro me lo recomendó Miguel Ángel Hernández y esperaba en la estantería desde hace un año.
Historia que engancha: la de un internado en un psiquiátrico ruso tras la Segunda Guerra Mundial que permanece allí 50 años, sin que ni su familia ni su país conozca nada de su supervivencia a la contienda. Surrealista la situación, insólita la historia de un equipo de televisión que acude a la remota ciudad a tirar del hilo en la historia, a conocer por qué estuvo tanto tiempo allí y cómo fue posible que no remitieran ningún tipo de información a su país de origen. Interesante desde la primera página, atrae por un estilo directo del autor, adornado con saltos temporales y detalles personales que hacen la historia más compacta.
Aunque podría parecer que la historia principal es la del soldado, conforme vamos avanzando narra sus situaciones personales que le rodeaban en esos momentos: la relación amorosa con Sophie, que varía entre el amor más profundo y una preocupante indiferencia, hasta su historia familiar, que incluye a un abuelo georgiano que desaparece de París al ser acusado de colaboracionista tras la ocupación nazi. Carrère incluye muchos temas, equilibrándolos, ofreciendo una visión global de su relación con la historia que quiere documentar: los viajes y quiénes conoce allí, su proceso de aprendizaje o profundización del ruso, ligado con temas más literarios, como su recuerdo de los libros que ha escrito, o el proceso de creación que daría lugar a este libro.
Una novela rusa tiene poco de lo que vaticina el título del libro, no se trata de una novela, más bien de una historia de no ficción aderezada por componentes autobiográficos, un acercamiento al francés en el que se incluye como parte fundamental tanto la trama de la historia que investiga como él mismo como investigado y personaje principal. La mezcla es interesante, poderosa, envolvente. Si lo que primero nos atrae es la historia del soldado y todas las implicaciones que conlleva (la empatía, la incesante duda de cómo pudo ocurrir), el resto de temas que podrían parecer accesorios consiguen que veamos diversas facetas del escritor igualmente interesantes, olvidando en muchos casos de que el tema principal no es la vida de Càrrere.
Entiendo por qué Miguel Ángel Hernández mencione al autor, también Llucia Ramis, dado que tanto El dolor de los demás como Las posesiones beben mucho de la influencia del francés, de la búsqueda del equilibrio entre lo narrado y lo vivido, de este género extraño que es la autoficción.
FICHA:
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Te gustará si te gustó |
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Pros |
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Contras |
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Namaste.

Pero además, desde la primera página lo que Ramis nos pone encima de la mesa es algo muy distinto: el asesinato que comete un empresario al matar a su mujer y su hijo, que termina suicidándose. Este hilo lo encontraremos agazapado en toda la novela, presente pero sin mencionarse, y en otras ocasiones, descrito minuciosamente. Un hecho que afectará a la familia de la protagonista, no sólo desde el punto de vista afectuoso y chocante (conozco a alguien que ha sido capaz de realizar un acto execrable) sino desde el punto de vista material, al ser socio del abuelo de la narradora.
Por otro, Elina, que acaba de ser madre y está pasando por el periodo de aclimatación en su nueva etapa, mientras que ve cómo Ted, el padre de la criatura, se va a alejando poco a poco de ella.
La narración se fragmenta en dos partes: de un lado, capítulos en segunda persona del singular, en el tiempo real de 1995. Por otro, la investigación posterior, en primera persona, que incluye las rutinas y actividades del autor mientras va consiguiendo información y va desenterrando sus recuerdos.

En este caso, del Molino nos trae una historia casi autobiográfica en la que nos cuenta la vida de su profesor de filosofía del instituto, su decisión de morir dignamente y cómo le marca en la vida del autor.
Lo cierto es que ambas historias tienen mucho en común: una mujer, narradora en primera persona de su propia vida tras un cambio significativo. En el caso de Tránsito, una mudanza tras el fin de una relación sentimental. En A contraluz, una viaje a Grecia. Tanto una como otra incluyen diversos temas, hilos que nos van sugiriendo los secundarios o que la propia narradora se plantea, nuevas situaciones que hacen reflexionar a su protagonista.
Obviamente, las expectativas eran elevadas. Muchos habían sido los que me comentaban lo interesante que era su lectura, lo bueno que era el libro. Quizá mi visión de lo que me iba a encontrar ha perjudicado la lectura en sí, pero bueno, ya sabemos que los lectores somos todo lo que hemos leído y contra eso poco podemos hacer.
Marty consigue el éxito profesional adoptando una actitud nihilista hacia la vida que le aleja de sus hermanos.