Autor, Faverón Patriau, Literatura

El particular mundo de Gustavo Faverón Patriau

Tras la lectura de Vivir abajo (Candaya, 2019) y Minimosca (Candaya, 2024) que acabaron en lo mejor de las lecturas de sus respectivos años, me lancé de cabeza a conseguir el resto de los libros de este talentoso peruano, y por eso compré El anticuario y decidí leerlo a principios de 2026.

Previa a sus otras dos novelas más largas, en El anticuario (Candaya, 2015) Faverón se desquita con uno de sus temas predilectos: la locura. Daniel, protagonista de la historia, es acusado de un crimen, uno nuevo tras el que motivó su entrada al centro, y será un amigo, a la postre el propio autor, quien lo visite.

De nuevo, el autor juega con la confusión y la ambigüedad y la fina línea entre la cordura y la locura además de entre los propios personajes. A veces no sabemos quién es quién, si alguno de ellos son personajes inventados por los locos o si, precisamente, el loco es el más cuerdo de todos.

Pero qué vamos a pretender entender de una novela que comienza así:

Según la esposa de Conrado Lycosthenes, que era extranjera, en su país las mujeres ponían huevos como las gallinas. Conrado la mató, y en el lecho de muerte encontró un huevo amarillo y a través de la rajadura de su cáscara vio el rostro dormido de una criatura idéntica a él.

Página 9

Como en Vivir abajo, como en Minimosca, hay otro papel importante en torno a la violencia. En el mundo de Faverón siempre hay crímenes, asesinatos despiadados, masacres impunes, que en muchos casos no se sabe bien quién cometió.

Estilísticamente comparte con sus hermanas la casi ausencia de diálogos, y esos párrafos frenéticos que comienzan por un tema, terminan por otro y que invitan y presionan al lector para que siga leyendo.

En este caso, si la lectura de sus novelas más largas, que llegan a las 700 páginas, se os hace complejas o más complicadas por falta de tiempo, El anticuario puede ser una buena puerta de entrada a su obra, ya que es una historia más corta y más asequible que las anteriores.

Sin pretenderlo, hace poco he terminado de leer la última de sus novelas publicadas, Madame Vargas Llosa (Fulgencio Pimentel, 2026) y es que al enterarme de que Laura, de Librería Girasol, iba a organizar un club de lectura con presencia del autor, no podía perder la oportunidad, así que adelanté su lectura.

Mucho más corta que las anteriores, Madame Vargas Llosa viene con el sobrenombre de Más opio para el pueblo, iniciando una nueva serie de historias conectadas entre sí que según el propio autor serán más numerosas y más cortas a la vez, pudiendo llegar a las 7.

En Madame Vargas Llosa encontramos un claro homenaje al Nobel, en el que además, lo predominante son las historias: las que busca el novelista que da nombre a la novela, las que trata de plasmar Ruy Guerra en sus películas, las de las telenovelas del loco Fittipaldi.

Una madrugada abrí las ventanas de mi departamento y, debajo, pasaron los años haciendo morisquetas por las calles de Río de Janeiro, desfilando al pie de mi balcón, uno tras otro, como los carros alegóricos del carnaval de la pena.

Página 79

Y es que sí, Fittipaldi es un loco que también, como Daniel en El anticuario, pasa por un psiquiátrico, que ha cometido un crimen, pero que no se sabe muy bien si es víctima o verdugo.

En esta ocasión el personaje de Madame Vargas Llosa es la que presenta el elemento diferenciador con la ambigüedad que supone ir vestida del novelista y actuar como si fuera él, mientras busca plasmar algunas de sus historias. Además, en esta ocasión, los capítulos son más cortos, por lo que la lectura resulta más asequible que en las anteriores.

El resto, puro Faverón: conexiones entre personajes, historias llenas de vericuetos entretenida y con más humor que en las anteriores.

Piénselo, dijo él. Piénselo bien y escriba un libro que sea la historia de su vida, y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros, del mismo modo que la vida nos enajena y nos empuja a ser otros, como me ha pasado a mí y le ha pasado a usted (…).

Página 159

En este caso la novela resulta más prima que hermana de las anteriores, pareciendo un tríptico entre El anticuario, Vivir abajo y Minimosca y una nueva serie de historias que comienza esta Madame Vargas Llosa. Perfecta para conocer al autor, Madame Vargas Llosa resulta más amable que las anteriores, menos cruel.

Leedle y me comentáis. Insisto porque de verdad es un autor muy bueno. Y porque ya sabéis, en un mundo de novelitas sencillas, de fórmulas reutilizadas una y mil veces, llegar a un autor original, valiente y arriesgado es siempre motivo de celebración.

Por este tipo de autores es que soy lectora.

FICHA:

Te gustará si te gustó Vivir abajo, Gustavo Faverón Patriau.
Pros– Las conexiones entre los personajes.
– El particular mundo de locos, violentos y amantes de las historias que despliega.
Contras– Sus novelas más largas me parecen más completas y redondas.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (102)

Seguimos con los nuevos libros llegados por mi cumpleaños además de compras y regalos por el Día del Libro. Lo sé, muchos libros en las últimas semanas que se añaden a los ya tengo en casa pendientes de leer.

  • Bomarzo, Manuel Mujica Lainez (Seix Barral, 2024). Otra reedición de la editorial de un libro que pululaba por mi lista de pendientes a pesar de no estar anotado por sí. La portada es preciosa.
  • El niño de oro, Penelope Fitzgerald (Impedimenta, 2024). La británica lleva conmigo desde que Impedimenta empezó a publicarla: la famosísima La librería, El inicio de la primavera, Inocencia, La flor azul y La puerta de los ángeles (que no llegué a reseñar quién sabe por qué) y aún así tengo otros en casa sin leer como son A la deriva, La escuela de Freddie y La puerta de los ángeles. Pues no es suficiente y voy y compro el último. Y hasta lo he colado entre mis lecturas. Quién me entiende.
  • V13, Crónica judicial, Emmanuel Carrère (Anagrama). La crónica judicial tras los atentados de Charlie Hebdo de la mano de Carrère. Probablemente no sea una historia trepidante pero creo que cualquier persona interesada por el Derecho querrá leerla. Del mismo autor habéis visto pasar por aquí Una novela rusa, El adversario, Limónov, De vidas ajenas, El estrecho de Bering y El bigote. Una variedad de temáticas y libros de un autor que recomiendo siempre que puedo.
  • Un pulpo en la garganta, Zerocalcare (Reservoir Dogs, 2024). El dibujante con nombre de característica de pasta dental vuelve a la carga con una historia que, seguro, nos lleva de nuevo a Rebibbia junto con Secco, como ya hizo en La profecía del armadillo y Olvida mi nombre. En Netflix tenéis la versión en serie del primero bajo el nombre Cortar por la línea de puntos y Este mundo no me hará mala persona. También lo he leído. Lo del método FIFO nunca me quedó claro. Reseña.
  • Física de la tristeza, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel, 2018). Del autor que he quedado encandilada con Las tempestálidas estaba claro que tenía que hacerme con otros de sus títulos. He preferido que sea en forma de novela, a pesar de que podéis encontrar una edición con sus cuentos que se ha publicado recientemente Impedimenta.
  • Las grandes familias, Maurice Druon (Libros del Asteroide, 2009). Si por algo se caracterizaba la editorial en sus inicios era por la publicación de trilogías totales de gran calidad. Como ejemplos tenemos las de Robertson Davies, Wallace Stegner o Miklós Bánffy. Esta de Las grandes familias del francés Maurice Druon ganó el premio Goncourt y era una que me faltaba. Acaba de ser reimpresa, de ahí que la podáis encontrar en vuestra librería habitual.

Muchas gracias R. por los regalos por el Día del Libro y a Eva por los de mi cumpleaños.

Y vosotros, ¿habéis comprado muchos libros últimamente?

¡Hasta el próximo IMM! (Con suerte con alijo de la Feria del Libro de Madrid)

Namaste.

Autor, Gospodínov, Literatura

Las tempestálidas, Gueorgui Gospodínov

Si de un libro se ha hablado en 2023 ha sido de este, Las tempestálidas (Fulgencio Pimentel, 2022), un libro que además de recibir el premio Booker también ha conseguido el aplauso de una crítica no siempre proclive a los halagos.

Las tempestálidas es la novela del búlgaro Gospodínov que tiene como protagonista a Gaustín, precursor de la clínica del pasado.

El objetivo para Gaustín es crear un ambiente cómodo para los pacientes de Alzheimer que ya no aceptan el presente. Su pretensión es hacerle la vida más fácil creando estancias en las que recrear los ambientes de las décadas del siglo XX que se necesitaran: los 50-70. Así, el ideólogo va buscando los elementos representativos de la época dando un paso más allá y buscando cosas del día a día de esos tiempos: tratando de encontrar los objetos comunes que nos conectan con la cotidianidad, como productos, anuncios de televisión o incluso la prensa.

Ser inmisericorde con el pasado. Porque el pasado mismo es inmisericorde.

Página 93

La idea resulta un éxito, y desde ahí muchas otras personas solicitan pasar sus días en el pasado, muchos por nostalgia, otros porque no vivieron esa época.

Generamos pasado sin cesar. Somos fábricas de pasado. Máquinas vivientes de producir pasado, qué si no. Comemos tiempo y generamos pasado.

Página 153

Este planteamiento es la columna central del tema, lo que lleva a Gospodínov a lo que verdaderamente le interesa, esto es, la reflexión sobre el pasado, los recuerdos y el tiempo. La trama no es sino la excusa para pararse a pensar en el devenir humano.

Para que se pudiera avanza, pensé, para que el pegamento del mito surtiese efecto, haría falta olvidar muchas cosas (…) Olvidar y olvidar después que se les había olvidado. Olvidar exige esfuerzo y trabajo. Exige estar recordándote todo el tiempo que tienes que olvidar algo. Seguramente esa y no otra es la labor esencial de toda ideología.

Página 282

Después, son las naciones de Europa las que plantean por qué no regresar a un tiempo más feliz. Lo cual acaba en un referéndum nacional.

El gran espejismo, el gran autoengaño, reside en el hecho e que pueblos y patrias persigan la felicidad. Pero la felicidad, amén de imposible, es insufrible. Qué hacer con ese material volátil, ese fantasma ingrávido, esa pompa de jabón que te estalla en las narices y queda convertida en poco más que un resto de espuma irritándote los ojos.
¿Hablamos de felicidad? La felicidad es tan perecedera como un cuento de leche al sol, como una mosca en invierno, como una hebra de azafrán a comienzos de la primavera. Tiene el tórax tan frágil como una libélula. (…) La felicidad no entra en los libros de historia ni en las crónicas ni en los anales (entran las batallas, los pogromos, las traiciones y el asesinato sangriento de algún archiduque). La felicidad es solo para los abecedarios y para las guías de conversación en una lengua extranjera (y solo en aquellas para principiantes). Tal vez porque resulta menos engorroso a nivel gramatical, la felicidad se conjuga siempre en presente. Solo allí todos son felices, brilla el sol, las flores exhalan su perfume, vamos todos a la playa, regresamos de una excursión, disculpe, sabe dónde hay un buen restaurante por aquí…
Con la felicidad no se forjan espadas.

Páginas 300-301

Esta deriva de la trama ayuda al autor a reflexionar sobre la historia de cada país, sus momentos felicidades y sus situaciones más complejas

En definitiva, una historia que nos lleva y trae de la parte tangible de la historia a la parte teórica, de la trama distópica que inventa el autor a la parte reflexiva y teórica que va surgiendo, cada una de las reflexiones y análisis nos animan a pausar la lectura y pensar.

Qué otra cosa es la neutralidad sino jugar fuera del tiempo.

Página 330

Un libro absolutamente maravilloso que me ha tenido pegada a la páginas de una historia que obnubila, que sugiere, en el que uno quisiera quedarse.

No os asustéis por el número de páginas, ya que está bastante inflado, no sólo porque la edición de Fulgencio Pimentel tiene bastante aire en el texto sino porque la historia fluye de una manera que es imposible dejar de leer.

Qué bonita se hace la literatura cuando se hace bien. De cabeza a lo mejor de 2024.

FICHA:

Te gustará si te gustó – Tiene algo onírico que me da ecos a Cărtărescu, pero este libro es diferente a todo lo que he leído.
Pros– El equilibrio entre parte inventiva y analítica del autor.
– Cómo despliega ambos temas.
Contras– Impone su tamaño pero se hace mucho más liviano de lo que parece, el texto tiene mucho aire.

Namaste.

IMM, Literatura

IMM (96)

Septiembre nos ha traído el otoño y la esperada rentrée.

Aquí los libros que he comprado a finales de agosto y en septiembre, algunos novedades, otros pendientes desde hace tiempo con los que me quería hacer.

  • Los reconocimientos, William Gaddis (Sexto Piso). Del autor de Gótico carpintero, que he leído recientemente, su obra magna. Un título casi imposible de encontrar (mi ejemplar viene vía Colombia ya que en España no hay forma de hacerse con él sin pagar un riñón en el intento) que además es un tocho de muy señor mío. 1300 páginas, ahí es nada.
  • El río sin descanso, Gabrielle Roy (Hoja de Lata, 2016, de esta edición, 2023). Este título me había pasado desapercibido cuando se publicó, y no fue sino cuando la editorial sacó la edición conmemorativa de sus 10 años que me llamó la atención en visita a la librería, así que revisé la sinopsis y me di cuenta de que no he leído ningún libro ambientado en los inuits, por lo que decidí comprarlo. Reseña aquí.
  • Cometierra, Dolores Reyes (Sigilio editorial, 2021?). De la misma autora compré Miseria pero por lo que he leído por ahí es más recomendable empezar por Cometierra. Como es un título cortito me da la sensación de que es perfecto para una tarde lluviosa. Reseña.
  • La frecuente oscuridad de nuestros días, Rebecca Donner (Libros del Asteroide, 2022).Una de las cosas que me echaba para atrás para comprar este libro era su tamaño, ya que es un tocho de 700 páginas. Sin embargo, la historia en sí (¿cómo? ¿una estadounidense que se convierte en espía?) acabó por animarme a comprarlo, aún a sabiendas que le va a tocar tiempo esperando leerlo…

  • Los comienzos, Antonio Moresco (Impedimenta, 2023). Un inicio de una trilogía de un autor italiano del que desconocía su existencia y que no pensaba comprar… hasta que leí que lo comparaban con Cartarescu y ahí todas mis dudas se disiparon. Ya veis, de Impedimenta me fío.
  • En memoria de la memoria, María Stepánova (Acantilado, 2022). Una historia sobre el recuerdo y la memoria ante la pérdida. He leído grandes elogios para este título y será mi primer libro de la autora.
  • Señor Kafka, Bohumil Hrabal (Nórdica, 2023). Mi fijación por leer títulos de autores de Europa del Este no para. Hrabal es uno de los más importantes autores checos y este título me atrajo indudablemente. El envío corre a cargo de Nórdica. Aquí la reseña.
  • Las tempestálidas, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel, 2022). Era meterme a las redes y encontrar reseñas y reseñas de este título, una tras otra. ¡Y además el autor es búlgaro! Otro para la casa. Reseña aquí.
  • El Gorila y el Pájaro, Zack McDermont (Big Sur, 2023). La historia de un joven que tiene un trastorno bipolar y cómo llega y vive la enfermedad. El envío corre a cargo de la editorial. Reseña.

Y vosotros, ¿qué títulos habéis comprado estas semanas?

Namaste.