Septiembre nos ha traído el otoño y la esperada rentrée.
Aquí los libros que he comprado a finales de agosto y en septiembre, algunos novedades, otros pendientes desde hace tiempo con los que me quería hacer.
Los reconocimientos, William Gaddis (Sexto Piso). Del autor de Gótico carpintero, que he leído recientemente, su obra magna. Un título casi imposible de encontrar (mi ejemplar viene vía Colombia ya que en España no hay forma de hacerse con él sin pagar un riñón en el intento) que además es un tocho de muy señor mío. 1300 páginas, ahí es nada.
El río sin descanso, Gabrielle Roy (Hoja de Lata, 2016, de esta edición, 2023). Este título me había pasado desapercibido cuando se publicó, y no fue sino cuando la editorial sacó la edición conmemorativa de sus 10 años que me llamó la atención en visita a la librería, así que revisé la sinopsis y me di cuenta de que no he leído ningún libro ambientado en los inuits, por lo que decidí comprarlo. Reseña aquí.
Cometierra, Dolores Reyes (Sigilio editorial, 2021?). De la misma autora compré Miseria pero por lo que he leído por ahí es más recomendable empezar por Cometierra. Como es un título cortito me da la sensación de que es perfecto para una tarde lluviosa. Reseña.
La frecuente oscuridad de nuestros días, Rebecca Donner (Libros del Asteroide, 2022).Una de las cosas que me echaba para atrás para comprar este libro era su tamaño, ya que es un tocho de 700 páginas. Sin embargo, la historia en sí (¿cómo? ¿una estadounidense que se convierte en espía?) acabó por animarme a comprarlo, aún a sabiendas que le va a tocar tiempo esperando leerlo…
Los comienzos, Antonio Moresco (Impedimenta, 2023). Un inicio de una trilogía de un autor italiano del que desconocía su existencia y que no pensaba comprar… hasta que leí que lo comparaban con Cartarescu y ahí todas mis dudas se disiparon. Ya veis, de Impedimenta me fío.
En memoria de la memoria, María Stepánova (Acantilado, 2022). Una historia sobre el recuerdo y la memoria ante la pérdida. He leído grandes elogios para este título y será mi primer libro de la autora.
Señor Kafka, Bohumil Hrabal (Nórdica, 2023). Mi fijación por leer títulos de autores de Europa del Este no para. Hrabal es uno de los más importantes autores checos y este título me atrajo indudablemente. El envío corre a cargo de Nórdica.Aquí la reseña.
Las tempestálidas, Gueorgui Gospodínov (Fulgencio Pimentel, 2022). Era meterme a las redes y encontrar reseñas y reseñas de este título, una tras otra. ¡Y además el autor es búlgaro! Otro para la casa. Reseña aquí.
El Gorila y el Pájaro, Zack McDermont (Big Sur, 2023). La historia de un joven que tiene un trastorno bipolar y cómo llega y vive la enfermedad. El envío corre a cargo de la editorial. Reseña.
Y vosotros, ¿qué títulos habéis comprado estas semanas?
Tras leer Betty (Hoja de Lata, 2022), cuando me enteré que se publicaba esta nueva novela de la norteamericana, sabía que me haría con ella en cuanto saliera, y así corrí a la librería a por él, y justo lo leí en una ola de calor particularmente intensa a finales de agosto.
En el pueblo de El verano que lo derritió todo (Hoja de Lata, 2023) también hay una ola de calor, que llega a su punto álgido cuando un niño que se proclama el diablo llega al pueblo de la familia protagonista.
El diablo llega porque le han invitado. Quien lo invita es Autopsy Bliss, padre del narrador. Solo y sin familia a la que acudir, Sal se quedará viviendo en la casa familiar de los Bliss a pesar de que parte del pueblo se oponga, por ser el diablo y por su oscuro color de piel.
La gente cree que el infierno son llamas y demonios, pero yo no me sirvo de demonios. Hay fuego, sí, cada puerta está ardiendo. Sin embargo, yo no he encendido ninguno de esos fuegos, ni siquiera el que quema mi propia puerta.
Página 70
Como en Betty, nos encontramos en un entorno rural y familiar. Una sociedad pequeña, llena de fervorosos vecinos que claman lo que se ha de hacer, y una peculiar familia encabezada por el padre, fiscal del pueblo, la madre, que no sale de casa por temor a la lluvia, y sus dos hijos. El protagonista y narrador es el chaval de menor edad, que se convertirá en guía de Sal, el recién llegado, y compartirá con él gran parte de los momentos.
Que te den esperanza y luego descubrir que no hay esperanza posible. La esperanza no es más que un bonito ejemplo del mito de la segunda oportunidad.
Página 88
La ubicación es característica distintiva de una autora que parte de lo pequeño para ahondar en lo más íntimo del ser humano: esas diferencias que acaban chocando en la intolerancia. Añade además un punto de magia y ternura que nos conecta con la historia.
Y es que la sensación de calidez que trasmiten las páginas de la novela vienen de esa magia y ternura que consigue McDaniel, y es la que genera conexión y empatía por los personajes.
El silencio que se hizo a continuación fue como un ensayo de la muerte. Ese silencio solitario que tan bien evoca la oscuridad.
Página 153
Mención aparte merece el ritmo de la acción, una rapidez de la trama que parece en hibernación al principio y que se acelera por momentos hacia la mitad del libro, hasta terminar con una exhalación atropellada.
Se ayuda de la tensión para conseguir un ambiente de opresión y violencia que se va incrementando en cada capítulo: la desconfianza del recién llegado de los primeros se convierten en odio profundo, hasta crear una secta en su contra.
La eternidad es ahora, y no hay más que dolor repetido hasta la saciedad.
Página 315
Inevitable leer los capítulos finales conteniendo el aire, esperando que lo que intuimos que ocurrirá acabe sucediendo. Sorprende además los detalles del final.
Lo que propone McDaniel es bello y cruel por partes iguales. Nos demuestra en cada fragmento lo mejor y lo peor de la sociedad: cómo hay ternura y comprensión y crueldad y violencia sin más justificación que la suerte.
Sus textos tienen una ambientación característica, que conecta con lo mejor del Steinbeck, cos ecos de Morrison, ese estilo que es capaz de mezcla la lírica al describir el paisaje y las escenas más crudas de la acción, el modo de combinar la magia, la ternura y la confianza con lo más cruel de los extremismos y la intolerancia.
El verano que lo derritió todo es a la vez mágico y triste, desesperanzador y doloroso, bonito y crudo.
McDaniel crea un imaginario prodigioso, un ambiente de tensión en el que sabemos que nada bueno puede ocurrir, pero que nos calma al escuchar los visos de alegría, antes de que se desencadenen los acontecimientos.
Tenía muchas, muchas ganas de acercarme a este autor estadounidense que muchos consideran de culto pero que no es tan frecuente en las librerías como podría parecer. Lo he hecho a través de Gótico carpintero (Sexto Piso, 2012).
En una reseña normal comenzaría con algo como: «Gótico carpintero narra la vida de…. o la historia de….»
Nada de lo anterior. Gótico carpintero es la historia, a plano fijo, de un momento temporal situado en una casa de ese estilo arquitectónico. Imaginemos una cámara a plano fijo que graba exclusivamente lo que sucede en una de sus estancias de una casa. Los personajes llegan, conversan entre sí y se marchan. Después regresan y vuelven a conversar qué ha pasado en su marcha. No hay saltos temporales, ni información adicional, ni se evoca nada de fuera de esa estancia.
Debido a lo anterior, esta novela se forma en un 95% de diálogos: deslavazados y en el inicio prácticamente incomprensibles. Quienes hablan son Liz y Paul, actuales habitantes de la casa. Esa situación nos pone siempre como si fuéramos testigos no autorizados de conversaciones de las que no conocemos bien quiénes son, puesto que el narrador apenas interviene a lo largo de toda la historia más que para situar el movimiento en las conversaciones o para, puntualmente, cambiar de estancia.
Hay que olvidarse de las típicas descripciones de personajes, aquí sólo leemos lo que hablan uno con otro, y de ahí que cada uno haga lo que pueda.
El hecho de que el narrador apenas aparezca para explicarnos algo de lo que sucede, pone las cosas algo más complejas al lector que en una novela común. Evidentemente, todo cobra sentido según vamos leyendo, pero al principio la información es fragmentada y escasa: sabemos que Liz va al médico, no se sabe bien por qué, y que Paul tiene negocios cuanto menos dudosos con un tal reverendo Ude.
Por si lo anterior fuera poco Gaddis adereza el texto con falta de puntuaciones para conseguir ese efecto natural, atropellado y rápido que busca en el diálogo de estar por casa. Esto no es un diálogo ensayado, claro y meridiano, aquí los personajes lo hacen como lo hacemos los demás en nuestro día a día, sin respiros, interrumpiéndose y en muchas ocasiones, hasta sin escucharse:
– Comeré algo en el avión… -movió la botella sobre un vaso para vaciarla -. Maldito aperitivo en el vuelo viniendo aquí te dan unas gotas y una galleta, ¿eso es todo? -separó las cartas con una mano, sujetaba el teléfono con la otra-. Tengo que hacer unas llamadas. ¿Liz?
-Estoy aquí.
– Fuiste al médico, ¿no? ¿Qué te dijo? ¿Hola…? Oye, ¿está Elton? Soy Paul… He hablado con Grissom…
Página 80
El resultado es una novela extraña, casi experimental, de la que a día de hoy no sabría deciros de qué trata. La trama o no existe o importa poco, lo que sí vemos es a un grupo de personajes amorales, interesados en ganar dinero a toda cosa, ejemplos de white trash de manual, que se animan entre sí a llegar a sus propósitos, que mienten y creen que el fin siempre justifica los medios.
Destaca entre ellos el señor McCandless, propietario de la casa, geólogo, con bastos conocimientos de temáticas diversas, que nos deja fragmentos como el siguiente:
Tanto hablar de sus profundas convicciones religiosas y eso es lo que son, son convictos encerrados a cadena perpetua y quieren a todo los demás reclusos a su lado es la petulancia, eso es lo que delata a la estupidez Billy, la maldita petulancia de quien se cree moralmente superior toma, lee éste. Dios y Jesucristo se le aparecen a un chico de una granja al norte del estado de Nueva York hace ciento cincuenta años en un boque cuando él está rezando pidiendo encontrar el camino, catorce años es culpable como el pecado que no puede entender y para empeorar las cosas están la resurrección y la vida que comienza a abultar en sus pantalones así que aquí llega el mensajero celestial, el ángel resucitado que resulta que había enterrado unas planchas en una colina cercana catorce siglos atrás con todas las noticias, visiones, revelaciones, profecías, habla en idiomas que no conoce, se dedica a la imposición de manos al final lo explica todo en un libro que es una llamada más al derramamiento de sangre y desaparece.
Página 202
En definitiva, Gótico carpintero no es para todo el mundo, es una novela con la que hay que estar atento a cada una de las referencias y comentarios que van y vienen. Es una historia compleja, fascinante en ocasiones, densa y confusa en otras, que adolece de lo que más le falta a las novelas actuales: una voz propia y característica que te hace querer leer más del autor.
Si la leéis, hacedlo con paciencia, leer muchas páginas de golpe de este libro puede conseguiros una cefalea de campeonato.
FICHA:
Te gustará si te gustó
– Si se me ocurre algo lo añado aquí.
Pros
– El uso de los diálogos y el estilo atropellado del autor. – La crítica de la sociedad estadounidense.
Contras
– Confuso en el inicio. – No es una historia que se pueda leer muchas páginas seguidas.
Hace ya tiempo el nombre de Perec me sobrevolaba de vez en cuando. Sin embargo, la cantidad de títulos y autores pendientes lo sepultaron en algún lugar de mi memoria, hasta que Javier Peña con su podcast Grandes Infelices, le dedicó un episodio y lo trajo de vuelta.
Con esas, acabé comprandoLa vida instrucciones de uso (Compactos de Anagrama edición 50 aniversario, 2019) y esperé el mejor momento para afrontar este tocho.
No sin dudas, y recabando información de lectores que ya lo habían leído, acabé decidiendo que mis vacaciones serían un buen momento para leer esta historia, puesto que tendría bastante tiempo para leer.
La vida instrucciones de uso es la historia de los vecinos de un edificio, los del número 11 de la calle Simon-Crubellier de París. Imaginemos un edificio al que se le ha quitado la fachada, donde el lector-espectador puede ver las estancias y de ahí conocer a los habitantes.
Ahora en el pequeño saloncito queda lo que queda cuando no queda nada: por ejemplo, moscas, o prospectos que han echado los estudiantes por debajo de todas las puertas y que son propaganda de un nuevo dentífrico o prometen un descuento de veinticinco céntimos a quien compre tres paquetes de un detergente (…)
Página 46
La descripción es el punto de partida para explicarnos quién es su morador, bien en el presente, bien en el pasado, ya que además de los actuales habitantes, también hay saltos temporales que nos llevan a los primeros moradores del edificio.
Mención aparte tiene la estructura de la novela. Como seguro muchos ya sabéis, para contarnos la historia Perec se vale el movimiento del caballo para ir saltando de habitación en habitación. Así, el edificio tiene una estructura de una cuadrícula de 10×10, lo que le permite saltar por todas las casillas una vez (con sola una excepción en la que repite).
La cosa no queda ahí. Y es que como miembro destacado del grupo Oulipo, Perec consideró esta historia como un rompecabezas, y como tal se autoexigió que se incluyeran determinadas temáticas, listados o sensaciones en cada estancia. La cosa es compleja y o me voy a extender, para más información, aquí.
Esto es, en cada salto saltamos de espacio geográfico, protagonista y, generalmente, momento temporal, y de ahí las listas, sensaciones y referencias.
Más allá de lo complejo que tuvo que ser dar forma a todo lo anterior, me quiero detener en lo que nos cuenta. El principal protagonista de esta novela coral es Bartlebooth, un rico inglés que dedica su vida a un curioso propósito que relaciona viajes alrededor del mundo, acuarelas y puzzles:
Imaginemos a un hombre cuya riqueza solo se puede comparar con su indiferencia por todo lo que la riqueza suele permitir y cuyo deseo, mucho más orgulloso, estriba en querer abarcar, describir, agotar, no la totalidad del mundo -proyecto que se destruye con solo enunciarse-, sino un fragmento constituido del mismo: frente a la inextricable incoherencia del mundo, se tratará entonces de llevar a cabo un programa en su totalidad, sin duda limitado, pero entero, intacto, irreductible. En otros términos, Bartlebooth decidió un día que toda su existencia quedara organizada en torno a un proyecto cuya necesidad arbitraria tuviera en sí misma su propia finalidad.
Página 147
Las conexiones entre los vecinos las iremos conociendo a medida que las vamos leyendo, y además de ser inevitables (algunas de amistad o enemistad), también les une un hilo conector de lugares comunes y detalles que vemos de unas estancias a otras (por ejemplo, un vecino hace un viaje y otro tiene una postal en su casa de ese mismo lugar).
La cantidad de información que se incluye en esta magnífica historia es increíble: detalles del mobiliario, viajes, historia y arqueología, asesinatos o referencias actuales, arquitectura y geografía. Impresiona que una sola persona haya sido capaz de crear este collage enorme de diferentes cosas, con referencias a temáticas muy diversas con un control de cada una sorprendente y alucinante.
Hace cuarenta años que el afinador de piano viene dos veces al año, en junio y en diciembre, al piso de la señora de Beaumont, y es la quinta que lo hace acompañado de su nieto, que se toma muy en serio su papel de guía, aunque aún no ha cumplido diez años. Pero la última vez volcó una jardinera de dieffenbachia y esta vez la señor Lafuente no lo ha dejado entrar.
Página 434
Os estaréis preguntando: ¿ha sido la mejor opción para leer en un viaje? Definitivamente sí. Por ser una novela larga y con muchas historias cruzadas suceden varias cosas: al principio es complicado retener tanto apellido y referencia. Como suelo hacer, anoté alguna característica de cada uno para que se me quedara en la memoria. La ventaja de tener tiempo a la hora de leerlo es que enseguida aparece de nuevo el personaje y podemos rellenar lagunas. En una situación normal, me temo que al avanzar poco y no enterarme bien habría corrido el riesgo de postergarlo por confusión.
Por suerte, si os echa para atrás la cantidad de nombres y detalles, no os preocupéis que la edición de Anagrama tiene no sólo un mapa de los pisos y estancias a los que va saltando, sino también un glosario con las referencias de nombres, temáticas y personas que se mencionan en cualquier momento, por lo que en caso de duda no hay más que buscar y salir de dudas.
Entonces lo embargaba a veces un sentimiento de tristeza insoportable; pensaba en los demás, en todos aquellos que ya no estaban allí, en todos aquellos a los que se habían tragado la vida o la muerte.
Página 159
Qué libro La vida instrucciones de uso, qué fantástica la sensación, mientras lo estás leyendo, de que va de cabeza a lo mejor de 2023. Pero también qué triste es ese 23 de junio de 1975, cerca de las 20,00.
Qué genial ir avanzando y darte cuenta de que va a formar parte de uno de los libros más destacados, de esos que antes de terminar ya sabes que vas a releer.
A lo lejos (Impedimenta, 2023), me llamó la atención antes de que a Hernán Díaz le dieran el premio Pulitzer por Fortuna (Anagrama, 2023), con la que me acabé haciendo en la Feria del Libro.
Igual que tengo unas temáticas predilectas, también tengo otras de las que, conscientemente o no, acabo alejándome. Una es el western. Quizá asocie a esas historias de forajidos y duelos en la América de los colonos con algo que me parece aburrido o carente de interés, y por eso cuando sé que una novela es un western tiene más papeletas para ser descartada que otras.
A lo lejos narra la historia de Håkan, un muchacho que embarca con su hermano desde Suecia a América. Su propósito es mejorar su vida en la moderna Nueva York, tierra de aventuras y oportunidades, y así huir del agreste y aburrido pueblo agrícola donde se ha criado.
Resultaba imposible distinguir su pena de su comodidad; ambas poseían la misma textura y temperatura. El confort y la melancolía, se percató, surgían de la combinación de agua fría y el olor a resina de pino.
Página 50
Desde el primer momento la cosa se tuerce, puesto que se separa de su hermano, y él acabará su periplo en la costa opuesta: llega a California y desde ahí su propósito es reunirse con su hermano, por lo que tendrá que atravesar todo Estados Unidos.
El muchacho pasará por muchas vicisitudes: buscadores de oro, grupos criminales, un naturalista o soldados de la guerra civil. Una aventura de esas que parecen que ya no quedan en la que va avanzando a trompicones.
Díaz consigue dos cosas a la vez: un estilo pulido y directo, bien trabajado, dentro de una historia entretenida, épica e interesante, con un personaje protagonista que nos duele a nosotros mismos.
– Esto. Ayudarme. Salvarme del sheriff. Huir conmigo. Dejarlo todo. Y ahora estás aquí. ¿Por qué? – Por ti. – ¿Pero por qué? – Porque te vi y lo supe.
Página 250
La fiebre del oro, la ambición y la ausencia de escrúpulos son algunos de los temas que nos podemos encontrar en esta novela, además de la fidelidad y los principios de un protagonista indeleble, de esos de los que uno querría conocer más.
Si esto no me reconcilia con los western no sé qué lo va a hacer.
En este verano he leído bastante, alternando como suelo hacer lecturas de diversas temáticas y procedencias.
Aquí un breve resumen de tres de ellas que terminado las últimas semanas:
Posesión, A.S. Byatt (Anagrama, 1992)
Recomendadísima por mucha gente y casi imposible de encontrar, esta novela de A.S.Byatt se centra en la historia de dos profesores que investigan la relación entre dos escritores de un siglo atrás. Al encontrar unas cartas escondidas se establece una conexión inesperada que termina uniendo sus caminos, tanto a los estudiosos en el presente como a los autores al revisionar su vida. Una novela de campus que se convierte en toda una investigación.
Un hombre es la historia de sus alientos y pensamientos, actos átomos y heridas, amor, indiferencia y repugnancia; y también de su raza y nación, la tierra que le nutrió y nutrió a sus ancestros, las piedras y las arenas de sus lugares familiares, batallas y lucha de conciencia largo tiempo silenciadas…
Página 22
Esperaba mucho más, la verdad. Admito el estilo pulido de la autora, pero lo que os comentaba hace no mucho, parece que lo british y yo no estamos conectados, lo único que quería hacer era terminar la historia para empezar otro libro.
Pensaba en sí mismo como un rezagado. Había llegado tarde para cosas que seguían estando en el aire pero desvanecidas.
Página 23
¿Sabéis eso de la lectura en diagonal? Pues yo la he usado mucho con esta lectura.
Todos tenemos cosas en la vida que conocemos de ese modo alusivo, breve y conveniente, y en las que deliberadamente no queremos ahondar.
Página 120
Ceniza en la boca, Brenda Navarro (Sexto Piso, 2022). Mi primera novela de la mexicana, autora también de la famosa Casas vacías (Sexto Piso).
La historia de la pérdida de su hermano Diego, un suicidio de un joven adolescente que decide terminar con su vida arrojándose por la ventana.
La incomprensión, el dolor y la soledad de la hermana que trata de seguir con su vida mientras acepta la pérdida de su hermano menor.
¿Cómo aceptar lo inaceptable?
¿Para qué quiero la verdad, Diego, si de todos modos no la voy a tener?
Página 27
Una novela breve aparentemente sencilla, que va directa a lo más hondo, de las que se ha especializado la editorial. No fallan.
¿Quién llorará por mí si todos están ocupados llorándote a ti?
Página 181
Anoxia, Miguel Ángel Hernández (Anagrama, 2023).
Del murciano ya habéis visto por aquí El dolor de los demás (Anagrama, 2018) e Intento de escapada (Anagrama, 2013). Como en la primera, también en este caso la fotografía tiene un lugar importante en esta historia. El duelo a través de las fotografías de los muertos y la relación que mantienen Dolores con un desconocido que llega a su vida con algunas respuestas.
La distancia es siempre la posibilidad de no llegar a tiempo.
Página 43
Si no conocéis al autor comenzad mejor por El dolor de los demás. Esta historia es correcta pero pierde parte de la hondura que sí tiene aquélla.
Hay imágenes que nos acompañan para siempre y se convierten en una especie de molde invisible sobre el que se forman todas las demás.
Últimamente en mis lecturas se centran en dos tipos de temáticas: ambientados en países soviéticos o ex-soviéticos y con tramas relacionadas con problemas mentales.
Rostros en el agua (Trotalibros, 2022) está firmado por una autora neozelandesa, una mujer que pasó muchas de las cosas que nos narra en la novela: fue diagnosticada de esquizofrenia e ingresada en un hospital psiquiátrico, y hasta tenía cita para una lobotomía que, por suerte y gracias a obtener un premio literario, pudo evitar.
Acompañamos Istina, la protagonista, desde el momento en el que accede al hospital psiquiátrico desde donde comenzará su vida como paciente.
El estilo de la novela sigue el hilo de pensamiento de la protagonista y se presenta así desde la primera página:
Nos han dicho que debemos lealtad a la Seguridad, que es nuestra Cruz Roja y nos proporcionará pomada y vendas para las heridas y nos extraerá las ideas ajenas las cuenta de cristal de la fantasía las horquillas retorcidas de la insensatez que llevamos incrustadas en la mente.
Página 13
Sorpresivo, sin comas, dando saltos de ideas y sensaciones… la vida de Istina es una lucha constante por adaptarse a un lugar lleno de rutinas, miedos y soledad. Donde las enfermeras son amas y señoras de su devenir y donde entre las pacientes hay luchas, odios y enconos.
No existe pasado ni presente ni futuro. Utilizar los tiempos verbales para dividir el tiempo es como trazar rayas de tiza en el agua.
Página 48
Frame consigue trasladarnos la sensación de opresión de las pacientes, además de la incertidumbre constante ante los posibles cambios en su devenir. Cuando es necesario es lúcida, lo cual nos sitúa en la delgada línea del paciente, donde todo varía según la sensación y en ocasiones, el estado del ánimo. La mezcla es sorprendente e incómoda.
El sol y la sombra son trucos y no confío en nada y entiendo qué le tenemos miedo al teléfono, por qué, aunque hayamos cortado los cables, levantamos el auricular y esperamos a oír la voz que tanto tememos; y entiendo los espejos e intento localizar el punto en sus profundada en el que nos convertimos en nada.
Página 239
El principal problema que he encontrado a este libro es que ese mismo estilo que destaca y brilla tanto en los primeros capítulos me ha acabado cansando en la segunda mitad del libro, por el exceso de uso del recurso. Me da la sensación de que esa saturación se podría haber evitado reduciendo la cantidad de capítulos a la mitad.
Sobre todo porque la prosa de Frame, plagada de poesía desgarradora, habría destacado muchísimo más con menos páginas, otro ejemplo:
Hablaban del futuro como si fuera algo tangible y al alcance de la mano, como una pera del jardín vecino colgando sobre la valla, mientras que yo hacía tiempo que sabía que el futuro había sufrido el ataque de gusanos que había infestado y devorado su corazón.
Página 263
Y vosotros, ¿de qué temas estáis leyendo últimamente?
Me dije a mí misma que no compraría nada en julio y agosto, que podía esperar a las novedades de septiembre.
Mi animal mitológico favorito es el autocontrol.
El verano que lo derritió todo, Tiffany McDaniel (Hoja de Lata, 2023). Desde que supe de su publicación, esperé con ganas este título, que viene firmado de la misma autora que Betty, una novela que me encantó el pasado año.
Una carpa bajo el cielo, Liudmila Ulítskaya (Automática 2023). La autora rusa visitó España, y aunque finalmente no pude acudir al evento, un amigo de estos lares se acercó por mí y consiguió hacerse con su firma. ¡Mil gracias, Ignacio!
El caso Moro, Leonardo Sciascia (Tusquets, 2010). Salir de la noche de Calabresi me trajo a este título, que pensé que no era sencillo de encontrar pero que ha sido reeditado a principios de este año. Toda una sorpresa que se vino conmigo cuando visité la librería.
La plaza del diamante, Mercè Rododera (Edhasa, 2023). Muchos lectores catalanes recomiendan con alegría este título. Por ese motivo llevaba anotado en mi libreta demasiado tiempo. Sin embargo, fue casual que lo comprara, puesto que desconocía de la existencia de esta edición. Recién sacada del horno. Reseña.
Los hombres no son islas, Nuccio Ordine (Acantilado, 2022). Llevaba un tiempo con este libro en el punto de mira. Del italiano, recientemente fallecido, he leído La inutilidad de lo inútil y Clásicos para una vida (y sin embargo, ninguno de los dos los llegué a reseñar aquí). R., siempre atento, me lo regaló.
El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez (Random House, 2022) Llevaba un tiempo pensando que era hora volver a leer al más famoso de los escritores colombianos. Quedan atrás la relectura de Cien años de soledad y también lejos Del amor y otros demonios o El coronel no tiene quien le escriba (de El amor en los tiempos del cólera sólo diré que incluso lo leí antes de que abriera el blog). Y puestos a volver por qué no hacerlo con otra de sus novelas insignias.
Corre, conejo, John Updike (Maxi Tusquets, 2015). Pocos escritores logran conseguir el premio Pulitzer. ¿Pero que lo hagan 2 veces? Sabemos que dos tenía William Faulkner y dos ha conseguido Colson Whitehead. Y sin embargo, Updike ha quedado en el olvido y parece que es uno de esos escritores que ya no se lee. Este viene de la mano de 1001 libros que hay que leer antes de morir, una de esas recopilaciones a las que se pueden sacar muchas pegas pero que me está poniendo en aviso de libros y autores fuera de mi zona de confort. Reseña.
El secuestro, Georges Perec (Compactos Anagrama, 2020). Vengo fascinada por el mundo un tipo francés y es algo que me preocupa, no os voy a engañar. El tipo se hacía llamar Perec y tengo muchas ganas de contaros qué me ha parecido La vida instrucciones de uso. Solamente decir que he corrido a por otra de sus historias. Reseña.
Contadme: ¿habéis comprado algo las últimas semanas?
El bigote es entonces el sexto libro que leo de Carrère, en este caso nos encontramos en lugar de con no ficción con una novela que narra la historia de un hombre que, tras muchos años llevando bigote, decide afeitárselo. La sorpresa viene cuando su mujer y toda la gente que tiene a su alrededor juran y perjuran que él jamás ha llevado bigote.
Este hecho es el punto de partida de una novela surrealista, de tinte kafkiano y absurdo, que juega con los límites de la realidad y con la percepción personal de un hombre que ya no sabe qué creer.
Primero piensa que le están gastando una broma, después, que se está volviendo loco. Más tarde, que la loca es su mujer y que ha aleccionado al resto de sus conocidos para que digan lo que ella quiere.
La situación se vuelve confusa, agobiante y frustrante. Pasan los días y esa realidad que daba por hecho y lo que le dicen los demás que es realmente se acaban confundiendo. La diferencia es tan delgada que ya no sabe qué está pasando.
Pasar la página, empezar desde cero, viejo y vano estribillo de todos los amargados del planeta, pensó, salvo que su caso personal era algo distinto. En el supuesto de que regresara (…) la vida quizá se reanudaría, pero envenenada para siempre. Envenenada no sólo por el recuerdo de este episodio, sino, sobre todo, por el miedo constante a sus secuelas, el riesgo de ver resurgir el horror en el repliegue de una conversación.
Página 135
El bigote es una historia que nada tiene que ver con otros libros de autoficción del autor, ni con el tono general al que nos tiene acostumbrados Carrère, sino que se sitúa la acción en una tensión constante, un acto aparentemente absurdo que lleva al protagonista a replantearse toda su existencia: si él sabe que ha llevado bigote y realmente no ha sido así, ¿entonces qué otros aspectos de su vida ha creído y no existen? ¿Qué tipo de mentiras ha ido aceptando?
Lo mismo que con las metáforas referentes a las páginas que es inútil pasar cuando el único recurso es cambiar de libro.
Página 136
El bigote es un libro entretenido, una buena novela que se disfruta desde la primera página, llena de humor negro y absurdeces pero también crueldad y malestar por compartir el devenir del protagonista. Quizá no ha llegado a las expectativas que tenía de ella pero me ha gustado.
Este título pasó de ser un completo desconocido para mí a un libro que no paraba de aparecer cada vez que me metía a Instagram. Para muchos lectores había supuesto un antes y un después en su camino lector así que me animé a comprarlo y lo leí en un viaje, aprovechando su pequeño tamaño.
El desierto de los tártaros (Alianza, 1976) narra la vida de Drogo, un hombre que es destinado a una fortaleza fronteriza donde deberá incorporarse a la guardia. Los detalles de la fortaleza son escasos, incluso su ubicación es prácticamente desconocida, pero Drogo acude rápido a incorporarse, sabiendo que su estancia será tan sólo de 4 meses.
Los demás intuimos lo mismo que con Hans Castorp: que ese periodo se alargará ineludiblemente.
Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años discurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casa, en las puertas, las personas mayores saludan benignas, y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas que se esperan más adelante; aún no se ven, no, pero es seguro, absolutamente seguro, que un día llegaremos a ellas.
Página 58
La estadía del protagonista incluye la rutina diaria de sus obligaciones, más una escasa relación con sus compañeros. Pero si de algo trata esta novela es del paso del tiempo, las esperanzas rotas y las expectativas que no se cumplen.
Y es que desde el primer momento el lector ya reconoce todo lo anterior en Drogo, aunque él no sea consciente de su situación y confíe siempre en un futuro que nunca va a llegar.
La razón es que Filimore ha esperado demasiado, y a cierta edad esperar cuesta un gran trabajo, ya no se recobra la fe de cuando se tenía veinte años. Demasiado tiempo ha esperado en vano, sus ojos han leído demasiadas órdenes del día, demasiadas mañanas sus ojos han visto esa maldita llanura siempre desierta. Y ahora que han aparecido los extranjeros tiene la clara impresión de que debe tratarse de un error, (demasiado hermoso, si no), debe haber bajo todo un garrafal error. Entre tanto, el reloj de pared frente al escritorio continuaba triturando la vida.
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El desierto de los tártaros es una de esas historias en las que no ocurre nada, o bien muy poco, pero Buzzati se las apaña para contarnos el paso del tiempo, el devenir de las estaciones y el cambio del pensamiento y las mentalidades. Es esto tan importante, tan clave no sólo en esta novela sino en la historia del tiempo, de la vida, que no necesita nada más para conseguir la profundidad que busca.
Lo articula de una forma sencilla, directa y sin subterfugios: no necesita muchos personajes ni diálogos para acceder a ese nivel de profundidad. Le bastan las descripciones de la llanura que tienen los soldados a cada momento de su rutina.
La lectura está plagada de citas clave, de momentos de reflexión y páginas subrayables. Desde la primera página, desde el primer capítulo Buzzati trasmite esa sensación tan humana de conmiseración, de comprensión ante un individuo que va a ver cómo Drogo malgasta sus días en un cometido cuanto menos… inútil.
FICHA:
Te gustará si te gustó
– Stoner, John Williams (aunque a mí este no me convenció)
Pros
– Desde la primera página sabes que esta historia es pura literatura. – El uso de las descripciones y la profundidad de los temas.