Inicialmente acogí este libro con desconfianza. Lo primero, por la etiqueta de bestseller, y lo segundo por una similitud a El código da Vinci.
Portada de la edición de bolsillo
Sin embargo, poco tiene que ver con aquel. El enigma del cuatro, de Ian Caldwell y Dustin Thomasson, trata de un libro: la Hypnerotomachia Poliphili, que se publicó en 1499 y que desde entonces ha intrigado al mundo académico. Dos estudiantes de Princeton empiezan a estudiarlo y consiguen revelar alguno de sus secretos (cómo no, si hasta yo sabía sin consultar ninguna enciclopedia el primero de ellos). Este hecho cambia el rumbo cuando se produce una muerte que al parecer está relacionada con el devenir del misterio.
El libro entretiene y refleja bastante bien lo que son las relaciones de amistad en una residencia universitaria. Llama la atención que aunque sea una novela fácil de leer y además, bastante corta, los personajes son suficientemente creíbles. Sin en otros bestsellers se peca de poca profundidad en los personajes, lo cual les convierte en personas planas, difíciles de asimilarse a la realidad, o meros actores que se topan con la acción. En este libro pasa lo contrario: los personajes son creíbles, identificables con la realidad, y posteriormente se encuentran inmersos en un misterio. Eso me ha gustado.
Para que me entendáis, este libro es una mezcla entre El ocho, de Katherine Neville (pero con menos carga histórica) y El último catón de Matilde Asensi (pero sin invenciones raras).
Vamos, que si lo que buscáis es un libro que no os caliente la cabeza, con una chispa de misterio y que sea fácil de leer, ésta no es una mal opción.
FICHA:
Te gustará si te gustó
El último catón, de Matilde Asensi.
Pros
Entretiene.
El optimismo que irradia en las relaciones entre los personajes.
Este es uno de los libros que tenía pendiente leer. Como todos, los apunté y cuando lo vi en la estantería de la biblioteca la semana pasada me dije que era el momento.
Portada de "Memorias de Idhún I: La resistencia"
Laura Gallego García nos presenta un libro con cuatro personajes principales: Jack, Victoria, Alsan y Shail, que forman la Resistencia y que tratan de preservar Idhún de los sheks y de su jefe, Ashran el Nigromante. Jack y Victoria crecieron en la Tierra, por eso apenas conocen nada de Idhún. Serán Alsan y Shail los encargados de entrenarles, enseñarles y prepararles para una confrontación inevitable si quieren salvar la magia de la destrucción total. Kirtash, será un poderoso enemigo con el que pelearán en diferentes ocasiones y un personaje esencial en la trama del libro.
Es inevitable que lo compare con Harry Potter, puesto que es una de mis escasas inclusiones en el mundo de la fantasía. Allá van algunos parecidos:
El libro comienza con la muerte de los padres de uno de los personajes principales.
La conversión de un personaje en hombre lobo (muy parecida a la conversión de Lupin en El prisionero de Azkaban).
Sin embargo, el libro se parece más a Las crónicas de Narnia que a la saga de Harry Potter.
En ambos hay un mundo paralelo desconocido que tienen que salvar unos terráqueos, con ayuda de algún superviviente de aquél lugar.
Detalle de la edición del libro
Me sorprende cómo, con sólo 5 personajes la autora puede crear un libro de más de 500 páginas, sin que, en muchos episodios pase nada. Además me quedo con la sensación de que apenas conozco nada de Idhún. Es cierto que se menciona un poco de la historia, pero lo que nos expone la valenciana son sólo dos tipos de cosas: nombres extraños, que conforme los leamos se nos olvidarán y mitos que ya existen en la tierra (dragones, unicornios y hadas), sin aportar nada nuevo.
Leyendo la saga de Harry Potter te das cuenta de que Rowling crea un universo a medida: el quiddicht, las asignaturas, el Ministerio de la Magia… Es cierto que no puedo comparar toda una saga de siete libros con uno de los libros de las Memorias de Idhún, pero teniendo en cuenta de que el libro es igual de gordo que cualquiera de los últimos de la saga de Rowling, la comparación no me parece tan desacertada.
En este libro pasan cosas, sí. Pero no muchas. Lo que se supone que son secretos son totalmente previsibles. En muchos de los capítulos, desde mi punto de vista, se abusa de sentimentalismos amorosos… vamos, que para mí son suprimibles. El entramado es apenas inexistente y demasiado lineal: sólo hay un hilo y punto. Eso lo hace aburrido en momentos en los que no pasa nada.
A favor de él tengo que decir que es entretenido, pero no engancha demasiado. Por este motivo me abstendré, de momento, de seguir con el segundo libro. Soy consciente de que es la introducción de la trilogía, así que lo más seguro es que el segundo libro sea mucho más ameno.
Hace 143 años nacía H.G. Wells. Por eso mi entrada de hoy está dedicada al su libro más famoso: La guerra de los mundos.
Cualquier cosa que comente del libro ya la sabréis porque el libro está trillado, así que seré breve: los extraterrestres llegan a la Tierra, y aquí cunde el pánico: son superiores e imparables, arrasan con todo lo que se encuentran, el terror se adueña de las calles de Londres…
La narración tiene mucha acción e intriga, lo cual lo convierte en un libro ameno y entretenido. No sólo de adultos, ni mucho menos.
Cartel de la película
Además de la versión radiofónica que retransmitió Orson Wells, el libro es muy conocido en la gran pantalla (la versión más reciente tenía a Tom Cruise como protagonista… y una de esas frases que jamás se olvidan, cuando un personaje, extrañado por el ataque dice: “Deben de ser los europeos”. Claro, antes eran los rusos y ahora es la Unión Europea la que quiere bombardear Estados Unidos)
[Nota al lector: a pesar de que el libro se ambienta en Londres, la película cambió la ubicación por alguna ciudad estadounidense]
Sin embargo, tengo una crítica a este libro. Es su final. No quiero estropearos la novela a los que los queréis leer, pero os diré que yo no lo habría terminado así ni en sueños. Sólo por eso me estropeó el libro, me defraudó. Pensé que me encontraba ante un libro diferente, pero cuando leí los últimos párrafos me sentí decepcionada. ¿Os pasó eso a los que lo habéis leído?
Como conmemoración google ha llenado su página de inicio de platillos volantes. Una forma muy original de recordarnos fechas y acontecimientos. Desde aquí un aplauso a google.
Poco más. Mi agradecimiento a Niebla Espesa, que me lo ha recordado, y namaste.
Desde siempre, este libro ha estado en una estantería de mi casa junto a La casa de los espíritus, de Isabel Allende, y a La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe.
Inicialmente, y no sé porqué extraña asociación de ideas, pensé que serían libros parecidos, y por eso dilaté la lectura de los otros dos tras leer el libro de Allende, que no me gustó tanto como pensé que lo haría.
Sin embargo, pasado un tiempo, cogí el libro de John Kennedy Toole y lo leí.
Ignatius J. Reilly en plena acción
Quizá ya os hayáis dado cuenta, pero de los libros que me gustan mucho no suelo contar gran cosa, porque creo que con una descripción muy detallada el libro pierde el encanto… así que siguiendo la tradición os diré que el libro trata de un hombre: Ignatius J. Reilly, un personaje que tratará de encontrar trabajo por la ciudad de Nueva Orleans.
Ignatius es un gran personaje: un gordo y fofo asqueroso que vive entre basura. Su visión del mundo la plasma en una serie de cuadernos. Sueña con volver a la vida medieval, pero mientras tanto, la Diosa Fortuna (que tanto menciona en la novela) le empuja a buscar un trabajo con el fin de saldar una deuda. Un objetivo demasiado capitalista para Reilly.
Sin duda, Ignatius J. Reilly es uno de los personajes literarios mejor escritos. Lo irreverente, lo decadente, la superioridad que emana hacen de él un personaje inolvidable.
La novela es inteligente, disparatada. Sin embargo, y aunque en determinados momentos podemos reírnos de las situaciones en las que se ve envuelto el protagonista, también guarda un punto melancólico y amargo. ¿Quizá se deba a que conocemos el fin de su autor? Puede ser. John Kennedy Toole presentó la novela a múltiples editoriales, sin éxito. El fracaso le llevó a una profunda depresión, y ésta al suicido.
Posteriormente, sería su madre, la que con tesón e insistencia conseguiría que la novela se publicara. Ella creía que era buena. Y no se equivocaba. La conjura de los necios consiguió el Premio Pulitzer en 1981.
FICHA:
Te gustará si te gustó
La náusea, de Jean Paul Sartre.
Pros
El personaje de Ignatius J.Reilly.
La mezcla de crítica, sorna e inteligencia de la trama.
Contras
La amargura que despide.
En conclusión, una novela única e indispensable que merece la pena leer.
Tras un parón (obligado) por los exámenes, me declaro de nuevo libre y de vacaciones. El primer libro que voy a comentar es uno que empecé hace bastante tiempo, pero que, como todos los libros a los que les pilla en medio un parón, ha sido injustamente [¿o no?] relegado a mantenerse en un segundo plano. Se trata de El chino, de Henning Menkell. Es un libro que sigue la estela de Los hombres que no amaban a las mujeres, vamos, que el autor es sueco y la novela es negra (de un negro edulcorado, diría yo, lejos de Chandler o MacDonald).
Existen varias dificultades a la hora de leer el libro:
Los nombres de los personajes y lugares. Al menos a mí me resulta difícil distinguir Hälsingland de Hesjövallen, y Helsinborg de Hansesjön.
La traducción: pésima. Fallos de sintaxis, laismos, frases que no se entendían…
Otro tipo de… no sé cómo describirlo. Parecen ser ideas felices del escritor que sin embargo no llevan a ninguna parte y apenas tienen sentido. Como ejemplo os dejo un par de fragmentos:
«Había algo en la anciana que emitía una vaga señal de presagio cuyo destinatario era su conciencia, pero Vivi no conseguía concretar la idea en su mente.»
O bien la siguiente: [¿Quién ha tenido una conversación de este estilo? ¡Venga ya!]
«- Hola, sólo quería saber si habías llegado bien.
– Los bosques suecos son infinitos. Me extraña que a la gente que habita en sus tinieblas no le crezcan pinochas. A mí me dan miedo los abetos. Me ponen triste.
– ¿Y las hojas de los árboles? [cualquiera respondería: ¿Qué droga te has metido?]
– Van mejor. Pero lo que yo necesito ahora mismo es campo abierto, el mar, el horizonte.
– Pues ven a verme. Sólo tienes que cruzar el puente. Tu llamada me trajo a la memoria una serie de recuerdos… Nos hacemos mayores. De repente, los viejos amigos se nos antojan reliquias que debemos conservar. Yo heredé de mi abuela unos jarrones de cristal preciosos, bastante caros, de Orrefors. Pero ¿qué es eso comparado con la amistad? [Vale, acaba de comparar a un viejo amigo con un jarrón]»
Sin embargo, y centrándome en la temática, os contaré que tiene un punto interesante: inicialmente se produce en Suecia un asesinato múltiple. En un pequeño pueblo mueren la mayoría de sus habitantes. La situación resulta extraña porque la policía no sabe quién ha podido asesinar a sangre fría a diecinueve personas. Una juez se inmiscuye en el descubrimiento.
Paralelamente conocemos la historia de San, un chino que es raptado para trabajar en condiciones infrahumanas en el ferrocarril a finales del siglo XIX. Esta parte es mucho más entretenida, creo yo, porque nos cuenta exactamente lo que va pasando. Según avanzamos en el libro comprendemos que se trata de una venganza: la de un familiar de San que se venga de uno de los antepasados de las personas de aquél pueblo.
Hasta ahí la mitad del libro. Después el autor nos narra con todo lujo de detalles, la situación política y económica de la China actual. Mientras tanto, la protagonista emprende un viaje por dicho país tratando de encontrar más pistas…
Desde mi punto de vista, muchas de estas partes sobran. Me he visto obligada a ir saltando párrafos sobre los que narraba la Revolución Cultural, y os aseguro que me interesa mucho el tema (no en vano me dejé 30 euros en un libro que trata del tema), pero la forma de escribir de este señor resulta pesada, da a entender que tiene muchas ideas más o menos buenas pero no hace más que marearlas tratando de exponer frases que apenas tienen sentido.
Aprovechando la coyuntura temática os hablaré de La batalla de Stalingrado, de William Craig. Es uno de esos típicos libros que podemos encontrar en las innumerables colecciones que aparecen por esta época del año. Ni que decir tiene que siempre sucumbo al embrujo de comprar la primera entrega de casi cualquier colección de libros que exista (hay excepciones: paso de la novela romántica) y este libro es un claro ejemplo de ello.
El libro expone los hechos de manera histórica, mientras mezcla la situación con la vida de los personajes que van pasando por cada capítulo. El libro no se hace pesado. Y eso es gracias al tipo de escritura que nos acerca Craig: existen detalles, cómo no, pero no hay una exageración de ellos. El autor simplemente nos sitúa en el momento histórico, y sí, con los datos necesarios como para tener en cuenta de que nos encontramos ante un libro de no ficción, nos relata los avances de los ejércitos, las estrategias de guerra y los problemas que encontraban unos y otros. Me parece un libro muy interesante para gente que, o bien quiera llenar un vacío de la historia que estudió en el colegio, o simplemente si os gusta la época.
Portada del libro
No ahondaré el tema del que trata el libro. Creo que su título ya dice bastante. Además os supongo un público lo suficientemente inteligente como para que no tenga que decir por dónde cae Stalingrado.
Volviendo a la ficción, y también ambientado en esta época, se encuentra La hora estelar de los asesinos, de Pavel Kohout. En febrero de 1945, un policía se hace cargo de una investigación. En Praga, con los ecos de la guerra en la ciudad, un hombre se dedica a asesinar viudas de forma cruel. Me gustó mucho. Quizá porque no esperaba demasiado de él. Sin embargo es un libro que hace paralelismos entre la crueldad de una guerra y la del asesino. Es, además, una crítica hacia cualquier tipo de totalitarismo. Engancha, entretiene y analiza. Recomendable.
Aprovecho un ratito que tengo libre para actualizar.
Últimamente escucho sin cesar las ventajas del libro digital. Que si es el futuro, que si tiene mucha capacidad, que si no se cansa la vista… y de repente me encuentro con un artículo en el periódico que lo pone como la gran revolución, la que hará que el libro en papel sea minoritario.
Así las cosas, yo me pregunto a mí misma: ¿renunciaría al papel para pasarme al formato digital? ¿cambiaría el placer de ir a una librería por el de descargarme los libros? ¿y el de una biblioteca por otro sistema? Y lo que es más importante: ¿qué tipo de marcapáginas se usa en un libro digital?
Os dejo un enlace: el del Kindle 2 de Amazon. No tiene mala pinta… y es más barato de lo que yo pensaba.
A continuación os traslado la pregunta en una encuesta.
Hoy cambio radicalmente de tema, y es por una buena razón: porque me da una pena encontrarme con artículos de este estilo…
¿Por qué? Porque parece que a los que han tenido mala suerte en vida les persigue también la mala suerte en la muerte.
Os haré un breve resumen de su vida. Amedeo Modigliani nace en Livorno, Italia, en 1884. Se cría en el seno de una familia pobre, en la que el padre era un prestamista judío que no supo negociar bien, y la madre una francesa apasionada por el arte. Además, Amedeo estuvo marcado desde muy joven por la enfermedad. De hecho, en un ataque de fiebre a los 14 años, fue cuando se le “reveló” que iba a ser artista.
Al contrario que les sucedió a otros artistas de otras familias, (a las que el hecho de que el hijo se convirtiera era visto con rechazo), la madre le apoyó en todo momento. Enseguida Amedeo comenzó a tomar clases de pintura . En esta época, se dedicó, en su mayoría, a estudiar la historia del arte italiana.
Escultura en forma de cariátide
En 1906, Modigliani se traslada a París, la capital de la pintura vanguardista europea. Allí se congregaban pintores, que aunque entonces eran desconocidos: Matisse, Derrain, Picasso y Juan Gris, (entre otros) iban a ser muy famosos después.
Amedeo se muda al barrio de Montmartre, donde comienza a fraguarse su fama de pintor bohemio: la vida dedicada a la belleza, el abuso de drogas y la fama de mujeriego.
Sin embargo, en cuanto a su arte, pasó más bien desapercibido. En un momento en el que Picasso acababa de crear el cubismo, la atención estaba centrada en otra parte, aunque si bien hay que admitir que Modigliani consiguió un mecenas que le sufragaba los gastos.
En 1909 cambia la pintura por la escultura. La realizaba en piedra; la leyenda dice que obtenía la piedra de las obras de la ampliación del metro. Sea o no cierto, Modigliani se dedicó a un tipo de escultura en el que abundan las cariátides estilizadas (cuellos largos, narices agudas, ojos representados como contornos…) que recuerdan a las esculturas africanas.
"La amazona": la expresión de la mujer es claramente altiva
Las cosas cambiaron con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Modigliani no tuvo que combatir, por razones de salud, y este hecho le convirtió en una persona solitaria. Ya entonces se dedicó a los retratos, que suponen la mayoría de la obra: personas amigas, y como no, las amantes. Lo más característico de sus cuadros es que Modigliani consigue plasmar el carácter del personaje.
Desde 1916 se dedica por entero a los desnudos. En 1917 se organiza la primera exposición individual del artista, y la única mientras vivió. Quiso la mala suerte que el local donde estaban colgados todos los desnudos se situara enfrente de una comisaría de policía. Los visitantes eran muchos, precisamente por tratarse de desnudos… y el comisario, alegando que el vello púbico de los cuadros iba en contra de la moral pública, mandó cerrar la exposición.
En 1918, Modigliani abandona París como consecuencia del avance de las tropas alemanas hacia la capital francesa. Sus pasos lo llevaron hasta la Costa Azul, donde pintó retratos de campesinos, marineros y tenderos y donde comenzó con los paisajes.
Por aquél entonces, Modigliani convivía con Jeanne Hébuterne, la persona a la que más veces pintó y la madre de su hija.
Finalmente, en 1920, Modigliani muere a consecuencia de la tuberculosis. Jeanne Hébuterne se suicidó al día siguiente, embarazada de nueve meses, arrojándose de un quinto piso.
Al menos el arte nunca muere.
Namaste.
P.S. Por cierto, le han hecho una entrevista al presidente de la S.G.A.E. que no tiene desperdicio… si tenéis curiosidad, pinchad aquí.
Seré sincera: cuando leí el libro jamás pensé que lo recomendaría. Sin embargo, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que es un libro que marca, que te deja una huella imborrable. Y qué queréis que os diga, teniendo en cuenta el tipo de libros que, en general, circulan por ahí, sólo eso ya es admirable (¿no os ha pasado éso de “no recuerdo muy bien de qué iba, creo que me gustó, o quizá no mucho, vamos, que no debió de ser para tanto”?). A mí sí.
Versión manga del libro
Este libro lo leí en 2003, así que ha llovido un poco. Recuerdo que era un verano, y que vi mi mirada se posaba en aquel libro de tapas rojas, antiguo, pequeño y con la letra apretada, que a la izquierda (siempre) de Anna Karenina me lanzaba improperios cuando pasaba. Lo escogí precisamente por la estación, porque es en verano cuando me animo a coger historias más densas que probablemente daría de lado en otra época del año.
La historia la sabéis, seguro que incluso muchos habréis visto la película: Edmundo Dantés acaba en la prisión de If, y después de ello… pues eso, que tras un tiempo, consigue salir de allí. No os voy a contar más.
Lo que sí que os puedo contar es que trata de la continua regeneración del hombre, de la facilidad de adaptarse a los ambientes para sobrevivir, de la fortaleza incluso en los malos momentos. Como muestra, os dejo un fragmento, uno de mis favoritos:
¡Morir! ¡No!- exclamó- No he vivido bastante tiempo ni he sufrido tanto para morir ahora. Quiero vivir, quiero luchar con mi destino hasta el fin, quiero volver a adquirir esa felicidad que me han arrebatado. Olvidaba que tengo que castigar a mis verdugos y también quien sabe si tendré que recompensar a mis amigos. Pero ahora me van a olvidar aquí, y no saldré de este calabozo sino como ese desdichado.
Al mismo tiempo, el libro trata del odio, de la redención y del perdón. La prosa está cuidada, es descriptiva pero reflexiva, una mezcla variada.
Y el conde, temiendo ceder a los ruegos de la que tanto había amado, llamaba en socorro a todos los recuerdos de su odio.
Hasta aquí lo bonito. Como toda novela larga tiene altibajos, en ocasiones se hace pesada, quizá demasiado descriptiva (sobre todo en el caso del tema político), lenta y densa por capítulos aunque si bien da sorpresas cuando menos te lo esperas.