El mío es mucho más de estar por casa, pero por supuesto incluye la satisfacción que me brindan los despellejes.
El de hoy no tiene relación con los libros, pero es algo que llevo pensando desde hace tiempo y como no os lo cuente reviento.
1.- Traducirla. Se pongan como se pongan, si la canción original es en inglés, se tiene que cantar en inglés. Lo de traducirla queda fatal, y si no, que se lo digan a la “Reina danzante” de Abba. A continuación la original y la traducida.
En este apartado hay excepciones. Muchos diréis que las versiones de Shakira al castellano están bien. Vale, lo acepto por dos motivos:
a) Generalmente suele componer las dos versiones al tiempo.
b) Como no se entiende lo que dice, da lo mismo.
2.- Traducirla al castellano usando un método aleatorio por el cual la letra original no tiene nada que ver con el resultado obtenido (traducción creativa). Como por ejemplo:
3.- Traducirla y además, cantarla al estilo lolailo. En este apartado se dan los dos anteriores puntos en muchas combinaciones posibles: cantarla con un inglés inventado, traducirla de forma aleatoria o hacerlo todo a la vez. Ejemplos, muchos… El primero, el Príncipe Gitano.
Uno de los más modernos (se le debería caer la cara de vergüenza) es Pitingo. Qué manera de destrozar una canción. Se pone a hacerlo aposta y no le sale. Y lo mismo le da por una canción de Nirvana en una traducción chapucera al castellano, que en una versión muy particular del clásico Killing me soflty.
La original:
Y la de Pitingo:
Y a vosotros, ¿qué os parecen estas versiones? ¿Os cabrean tanto como a mi o soy yo la única?
He decidido cambiar un poco de tema, tras varios posts puramente literarios, cambio de tema.
Series de televisión
Como ya os conté en otro post, sigo varias series de televisión. Desde entonces hasta ahora, me he aficionado a algunas nuevas. Son:
The walking dead. La van a estrenar dentro de poco en La Sexta. Si la habéis visto anunciada, ya sabréis de qué va: un mundo de zombis donde unos pocos resisten. Efectivamente, la televisión se sube al carro de la moda de los muertos vivientes. La verdad es que yo no tenía en mente seguirla, pero tras ver el primer episodio me enganché. Está mejor de lo que esperaba. Por supuesto, no busquéis grandes conversaciones ni nada por el estilo, pero si lo que queréis es entretenimiento sin pretensiones, esta puede ser una buena opción. Engancha, asusta y pasas un rato poniendo cara de asco.
Castle. Descubrí esta serie por Cuatro, y desde entonces cuando me he aficionado a ella. Aunque tiene rasgos de serie policíaca, la principal diferencia son sus personajes, con un humor que le quita hierro al asunto y con un mucho de tensión sexual no resulta. Para los que no lo sepáis, aprovechando que el personaje principal es escritor, han publicado su novela, llamada Ola de calor. En breve empezaré a leerla. (INCISO: anonadada me quedé cuando leí en La enciclopedia oficial de Perdidos que el actor que hace de Castle salía en la serie).
Luego están las clásicas, las que voy siguiendo temporada tras temporada.
How I met your mother. Empecé a verla mucho más tarde que el resto de la gente. Así que os digo lo que me comentaron a mí: si vais a empezar a verla desde el principio, tened paciencia porque empieza floja. Después va mejorando y más tarde por mala que sea ya no se puede dejar de ver. Quizá yo esté en este último subgrupo. La temporada seis (la que actualmente están emitiendo en Estados Unidos) comienza floja, y además se quita protagonismo a Barney, en favor, mayoritariamente de Ted y secundariamente de Lily y Marshall. MOC. Error. Mis personajes favoritos son Robin y Barney y los demás me aburren. A Lily sencillamente no la aguanto (y menos en esta temporada) y Marshall me parece un palurdo. La gracia está ahí, en la variedad de personajes y tal, pero es que no puedo. Hay episodios buenos (como el tradicional de Acción de Gracias), pero hay que esperar a la mitad de la temporada para llegar al nivel de las anteriores.
The Big Bang Theory. Tras la ausencia de Penny (la actriz se partió una pierna y es por eso por lo que no aparece en varios episodios), los secundarios ganan protagonismo, y en este caso es un acierto. Wolowitz es todo un caso y uno muy divertido (lo deja bien clarito desde el primer episodio de la última temporada). Además, la inclusión de Amy Farrah-Fowler da mucho juego (para los que no lo sepáis: ¡sí, es la actriz que hacía de Blossom!). En resumen: imposible no reírse.
Respecto a Modern family, siento decir que la segunda temporada ha perdido empaque. O tiene los chistes quemados o tenemos un problema con los guionistas. Veremos qué pasa.
Y sí, mis pendientes siguen siendo pendientes: la segunda de Fringe, The Wire y algunas de guerra.
Ya os contaré qué me van pareciendo. De momento, os invito a verlas y a que comentéis lo que os parecen.
En la Universidad siempre se hacía hincapié en la necesidad de conocer el producto que se vende. Me parecía tan de perogrullo, tan de se sentido común, que me parecía una redundacia o que valiera la pena decirlo.
Con el tiempo me he dado cuenta de que algo tan básico como eso, se olvida frecuentemente (haciendo totalmente usual lo que dice el refrán: “el sentido común es el menos común de los sentidos”).
Leyendo La librería, lo vi claro: la protagonista no tenía mucha idea de libros, básicamente se dejaba timar. Mientras iba pasando las páginas, pensaba: “¿Cómo alguien que no sabe los libros que existen, las editoriales y las modas, monta una librería? ¡Pero si es como que persona que no distingue una lubina de una trucha abra una pescadería!”
Desgraciadamente, es frecuente. En ocasiones me da la sensación de que nosotros, los bloggers, conocemos más novedades, más autores y más editoriales que la gente que se dedica plenamente a ello. Teniendo en cuenta de que esto es un hobby para nosotros, no dice mucho a favor de los libreros.
Cara de "a mí no me tomes por tonto".
Por supuesto, no pretendo generalizar. Como en todos los grupos de lo que sea, hay de todo: hay libreros que te leen la mente y te dicen cuándo, cómo y de qué modo se publicará el libro que buscas, pero los hay también que cuando preguntas por Cumbres Borrascosas te preguntan si lo acaban de publicar. Aquí es donde tenemos un problema. Si ignoras que se publicó hace más de cien años, ¿cómo me voy a fiar de que simplemente sepas quién lo escribió? Si no tienes Los miserables en tu librería, ¿cómo te voy a pedir un libro menos conocido?
Los hay que parece que tratan al cliente como si fuera tonto. No sé si pensar qué es mejor: que sea porque soy joven, porque soy mujer o porque tengo cara de tonta, pero si te pregunto si tienes alguna de las obras de Dickens, ¿por qué me intentas colocar la saga de Proust? ¿Acaso cuando vas a por un kilo de tomates el frutero te dice “no tengo, pero llévate un kilo de manzanas, que total son del mismo color”? ¿Crees que no distingo uno de otro? ¿Que no se lo que compro o que sólo quiero los libros para que hagan decoración en la estantería?
Es peligroso presuponer que alguien sabe menos que tú, y más en el mundo de los negocios. En el ámbito social, te ganarás la antipatía de alguien, pero en el económico, estás perdido, porque no te van a tomar en serio. Aun recuerdo cuando un banquero trataba de colocarme un activo financiero explicándome lo que era el IBEX, de una forma ridícula e inexacta. O de cuando en una conferencia de la facultad de Derecho uno de los ponentes repetía cada diez minutos que como no sabíamos de economía no podía ahondar en lo que, precisamente venía a explicar.
Comentaba hace poco con alguien cercano que es necesario leer a los clásicos para acabar con los listillos. Siempre hay un listo que te dice: “¿y a tí que tanto te gustan los libros no has leido La Divina Comedia?” (y luego pone una cara de “pues no te gustarán tanto”). Pues no, no he leído el libro de Dante. En una ocasión me pasó lo mismo con la novela de Sánchez Ferlosio, El Jarama. Aquella persona decía que era el mejor libro escrito en literatura castellana (ahí es nada). Lo leí, simplemente para que después pueda decir que lo había leído y poder criticarlo con conocimiento de causa. Más tarde, me enteré que esa persona en cuestión hablaba de oídas: había oído a alguien que decía que otro había dicho que era muy bueno.
Sí, me quedé con cara de tonta. Porque el libro me pareció un truño, lo primero. Lo segundo por creerme algo así. Lo segundo por ser ingenua y pensar que lo había leído.
En cualquier caso, ninguna de estas situaciones me preocupan. Sé que ellos saben lo que opino de ellos, porque como dice Pla en El cuaderno gris:
Los ojos, pequeños, cerrados dentro de una rendija de hucha, tienen cierta vivacidad, mucha movilidad y son -según me han dicho- muy impresionables. Tanto a la visión exterior como a los reflejos internos. Son unos ojos sin educación y sin hipocresía, que me traicionan, según parece, a cada momento. Este defecto de mis ojos es característica de mis facciones, extremadamente móviles -de una movilidad tan acusada que siempre que algún amigo dibujante ha querido hacerme un retrato de frente lo ha tenido que dejar por imposible rápidamente. Es triste no poder disponer de unas facciones estáticas, fijas y académicas, de un mecanismo facial impasible. Porque, ¿de qué sirven unas facciones así? ¿Qué significan? -como la frente ancha o es un síntoma de inteligencia, digan lo que digan los novelistas. Con una cara tan móvil, vale más no moverse de casa, abstenerse de todo contacto con la gente. Si no podéis disimular los sentimientos que otros os provocan -si no podéis disimular las decepciones de las señoritas- vale más retirarse a la Tebaida de la misantropía. Creo que es un buen consejo para todas las persona que tienen la desgracia de tener unas facciones como las mías.
De vez en cuando me gusta olvidar por un momento las novelas (del tipo que sean) y adentrarme en otro tipo de temas: historia, actualidad, mitología… cualquier tema es bueno siempre que tras leerlo conozca algo nuevo.
Los Papeles de Bolivar con la edición árabe de la biografía de Ilich Ramirez
Cuando empecé a leer El Palestino, la hasta la fecha última infiltración del periodista Antonio Salas, no esperaba lo que me acabé encontrando. Ya había leído Diario de un skin y aunque había aprendido cosas lo que más me llamó la atención era la infiltración en sí.
El ensayo periodístico comienza con el estudio previo que realiza Salas a la hora de infiltrarse, lo cual pasa, en este caso, por estudiar sobre el tema, aprender árabe, conocer el Islam y conseguir contactos. Se trata de un primer momento muy importante. No basta con parecer que eres uno de ellos, tienes que serlo.
Y a partir de ahí, poco a poco, Salas se va tejiendo su red que le llevará a acabar siendo parte del terrorismo internacional. Para ello recorre muchos países (Marruecos, Palestina, Túnez, Siria, Suecia, Venezuela… en otros) siendo Muhammad Abdallah y donde consigue relacionarse con algunos de los terroristas más famosos, como Ilich Ramírez Sánchez, y comprobar desde dentro los conflictos que vemos a diario en la televisión: las FARC, la presencia de ETA en Venezuela…
Comunicado delMRTA-Venezuela tras al ataque al campamento de Raul Reyes
(Antonio Salas, arriba a la derecha. Pinchad para ampliar)
Pero además de contarnos, con pelos y señales lo que hace, con quién, dónde y cómo, el autor consigue quitarnos el velo lleno de prejuicios que tenemos respecto al mundo musulmán, respecto al conflicto de Oriente Medio y en general hacia cualquiera que no sea Occidental.
El mensaje que nos transmite es, finalmente, de paz. No somos muy diferentes los unos de los otros. Todos buscamos lo mismo: la felicidad. Pero sin embargo, la ignorancia de un lado y la manipulación de la información de otro nos han hecho identificar una minoría como un pueblo. No solo por nuestra propia ignorancia, sino porque los intereses económicos y políticos del terrorismo están muy presentes.
Desgraciadamente, mi reseña se queda pobre comparada con todo lo que he sacado leyendo El Palestino. Así que mi consejo es que lo leáis, que os dejéis embriagar por ese universo nuevo que nos enseña en su libro. Que sintáis el riesgo que conlleva, la frustración, el cansancio y todos las sensaciones que emanan de las palabras de Salas.
Y al final con lo que yo me quedo es con un sincero agradecimiento. Gracias Toni, por dejarte el pellejo en cada infiltración. Gracias por mostrarnos otro mundo, la versión no oficial de los hechos. Gracias por dedicar tantas horas y tanto esfuerzo a este proyecto.
FICHA:
Te gustará si te gustó
Diario de un skin, Antonio Salas.
Pros
La minuciosa labor de recopilar tanta información. Magnífica.
El riesgo, el trabajo y el afán de Antonio Salas por descubrir la verdad de cada asunto.
Contras
En ocasiones la amplia documentación hace que se haga un poco lento. Aconsejo leerlo poco a poco.
Ha llegado diciembre. Se acerca peligrosamente la Navidad. Y por esto, Fnac ha tenido una gran idea: ¡sortear 2011 euros para gastar en productos de fnac!
La mayoría seguro que habréis visto este mismo post en otros blogs. Pero para los despistados, os cuento: si tenéis un blog, tan solo tenéis que hacer una lista de deseos con productos de Fnac que os gusten, y ya entráis a participar en el concurso, que es de lo más suculento. (Es difícil, pero ¿y si toca?)
We wishlist a merry Xmas
Así que mi lista es la siguiente:
Consolas:
XBOX 360 250 GB + Call of Duty Balck Ops + Red Dead Redemption (299,95€)
Básicamente lo que se dice en esta noticia es que un Juez ha obligado a ponerse una vacuna a un menor de edad, ya que sus padres se negaban a que se la pusiera.
¿Qué es esto?
Los juristas lo llaman ponderación de derechos. En una legislación como la nuestra, donde hay muchos derechos, en ocasiones, unos chocan con otros, lo cual genera un conflicto. Para solucionarlo, se estudia caso por caso cada situación según unos criterios.
Para que se llegue a esta situación, los derechos han de ser similares. Por mucho que les pese a algunos, el derecho de propiedad es siempre más importante que el derecho a una vivienda digna, por lo cual jamás está justificados todos esos comportamientos que vemos de vez en cuando (las patadas a la puerta para ocupar la vivienda).
Sin embargo, hay otros derechos que entran frecuentemente en conflicto, como el derecho a la intimidad y el derecho a la información. En los medios de comunicación nos enteramos muy a menudo de noticias de todo tipo donde el famoso dice que se le ha invadido la intimidad.
¿Cómo se valora?
En este caso en concreto, el criterio que impera es considerar si la información es relevante para la sociedad.
Ejemplo: decir que un famoso en concreto se ha casado puede ser una información relevante. Sin embargo, comentar que un famoso tiene granos no lo es (este caso está basado en hechos reales).
Otros de los derechos que suelen entrar en conflicto es el derecho a la libertad religiosa y el derecho a la salud. Puede resultaros raro, pero hace unos años se dio el caso de que unos padres, que eran testigos de Jehová, se negaban a que se le hiciera una transfusión de sangre al hijo.
Aquí primó la libertad del hijo (que aunque era menor de edad, era lo suficientemente mayor como para dar su opinión) sobre el derecho a la sanidad (que en este caso era un derecho a someterse a una operación y no afectaba a terceros).
Teniendo en cuenta el análisis anterior, resulta lógico y cabal que se obligue a vacunarse a alguien que no quiere, ya que no sólo afecta a la persona que no se vacuna, sino a muchas otras personas que pueden verse contagiadas.
El problema de la ponderación de derechos es que, a fin de cuentas, depende de la importancia que le demos a terminadas cosas, y como tal, es subjetivo y discutible.
El otro día alguien llegó a mi blog poniendo «eliminación de la letra hache».
Enseguida llamé mentalmente a esta persona «ilusa», hasta que acudí a un museo y me encontré esto:
Ausencia de hache en un museo
(Pinchad para ampliar)
Problemón. Igual el que buscaba la nueva norma de la RAE tenía razón y habían eliminado la hache, o bien en el museo llegaron a la simple conclusión de que si «indio» va sin hache, «hindú» tampoco la lleva.
Del citado museo salí totalmente cabreada (y no sólo por cuestiones ortográficas). Debe de ser la Ley de Murphy, porque si no, no hay quien se explique que siempre me toque el típico crío toca narices que no hace más que empujar, tocar lo que dice «no tocar» y apoyarse en sitios no dedicados a esa función. Pero es que además ese típico crío tiene siempre una típica madre que no se da por aludida ante las miradas asesinas de cualquier persona en cinco metros a la redonda. (¿Por qué yo? ¿Por qué nunca se dan cuenta de que los demás no tenemos por qué aguantar los berreos insoportables de sus criaturas? ¿Por qué no les mandan dejar de gritar/tocar/empujar y en general molestar a la gente?) Hasta aquí, mis niveles de cabreo se situaban en cotas superiores a la media pero que, en cualquier caso no la doblaban.
Ilusa de mí, que no sabía que pronto iban a poner la puntilla.Y en este caso, iba a ser la abuela del crío mencionado anteriormente.
La conversación fue, aproximadamente, como sigue:
– Abuela, mira eso, ¿qué es? -el crío se apoyaba, tocaba y empujaba a la vez-.
– Pepito, no empujes a la señora.
¿¿SE-ÑO-RA?? ¿Cómo? ¿A mí? ¿Me estaba llamando señora una mujer que pasó los 65 hace bastantes años y cuya definición exacta empezaría por uve y rimaría con pelleja?
Yo hay cosas que no entiendo, pero está claro que un Museo no me va a ayudar mucho.
A la pregunta que sé que estáis pensando, no. Por lo que sea, no dejan pasar un bate de béisbol a un museo.
Debido a la existencia de alguna duda que generó la primera parte, me ha parecido interesante despejarlas con una segunda entrada:
Hurto-Robo/ Apropiación indebida. A JL no le queda muy clara la diferencia entre apropiación indebida y hurto. Como ya comenté, tanto el hurto como delitos contra el patrimonio, es decir, que se toma, sin la voluntad del propietario un bien.
La diferencia con la apropiación indebida es muy clara: en este caso sí que hay algún tipo de voluntad del propietario en ceder la posesión del bien.
Ejemplo: A le presta a B su coche para irse a los Pirineos. B decide quedarse con el coche: estaría cometiendo un delito de apropiación indebida, ya que inicialmente B sí que tenía el coche por voluntad del propietario, pero posteriormente no. (En el caso de un coche, o una casa es muy fácil ver quién es el propietario, ¡pero ahora pensad en aquél amigo vuestro que no os devolvió el libro que le prestasteis!)
Propiedad/posesión. Esta diferencia es muy clara, aunque muchas veces en los medios de comunicación la usan mal. El propietario es la persona que ha adquirido el bien. Sin embargo, el bien puede encontrarse en posesión de otra persona. Ejemplo típico: el arrendamiento. A arrienda a B su piso. A es el propietario pero no tiene en su poder el bien: es B quien tiene la posesión.
– Loquemeahorro me preguntaba por la diferencia entre rapto y secuestro. En Derecho español, el rapto no existe, es decir, al padre de Julio Iglesias lo secuestraron. Puede ser que se utilice mal el término porque en Estados Unidos sí que exista (por ejemplo, como eximente del tipo homicidio en Derecho español tenemos la legítima defensa, a la que ellos llaman “defensa propia”. Eso lo dicen los medios bastante a menudo, aunque el término es incorrecto).
Uso del presuntamente. Allá por el inicio de la democracia, un importante empresario fue acusado de cometer un crimen. Todas las cadenas se hicieron eco de este hecho, dándole ya por culpable. Un tiempo después, en el juicio se estimó que el empresario era inocente. Sin embargo, el mal ya estaba hecho: pérdida de clientela, menoscabo de la fama… todo ello dio lugar a una disminución de sus ventas, por lo que el empresario inició batalla legal contra aquéllos que habían dado por hecho algo que no debían. El tribunal correspondiente le dio la razón. De ahí que ahora todos los periodistas incluyan el «presuntamente» cada vez que ha pasado algo. Es una consecuencia de la presunción de inocencia. Sin embargo, muchos de ellos no lo usan correctamente. ¿Quién no ha oído «la presunta víctima»? A ver, las cosas claras: las víctimas no son presuntas. El pobre asesinado/robado o coaccionado ya lo ha sido, el que es presunto es el «presunto homicida», «presunto corrupto» o lo que corresponda.
Me chiva Niebla espesala siguiente noticia, que aglutina los cambios que introducirá la Real Academia de la Lengua a finales de este año.
Algunos cambios son previsibles, como quitar la ch y la elle del número de letras, o la supresión de la tilde en palabras como solo-sólo y eso-éso.
Pero otros son, cuanto menos, discutibles: a partir de ahora resulta que la «y» no será «i griega», sino que será «ye». No sé yo si me voy a acostumbrar a decir que yegua va con ye.
Además, lo que resaltaría de la noticia es el siguiente párrafo, que os copio tal cual:
Guion, también sin tilde. Hasta ahora, la RAE consideraba «monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras». Sin embargo, permitía «la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato». Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié… La nueva Ortografía considera que en estas palabras son «monosílabas a efectos ortográficos» y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y «condena» cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, «escribir guión será una falta de ortografía».
Esto ya sí que no lo veo. Tendrán sus motivos, y todo eso, que (en teoría) para eso están… pero al final, lo que me da a mí en la nariz es que lo que van haciendo, poco a poco, es simplicar la ortografía. Lo mismo un día nos quitan la hache alegando que no suena o que no tiene efectos prácticos a la hora de bla bla bla…
En un mundo en el que se escribe tan mal, ¿realmente tiene valor lo que digan este grupo de expertos? ¿Cambiaremos nuestra forma de escribir si nos lo dicen? Y más aún, ¿nos aporta valor que exista? ¿Qué os parece? ¿Los ingleses escriben peor por no tener un equivalente?
Namaste.
P.D. Tanta historia para que los jóvenes que vienen detrás nuestro no sepan qué diferencia existe entre rebelar y revelar. Ver para creer.
Hoy os voy a mostrar lo que ha pasado por mi cabeza estos últimos días.
Tengo que reconocer que soy fácil de embaucar. Me explico: escucho una canción y me pasa, bastante a menudo, que no hace más que rebotar y rebotar en mi cabeza. Para quitármela de en medio, uso la técnica del desgaste, es decir: la pongo las veces necesarias hasta que le coja asco. (Me pasó con Telephone, de Lady Gaga, y me la ponía de media unas quince veces al día).
Ahora me ha pasado lo mismo con unos vídeos que encontré leyendo un artículo de algún periódico.
El tema en cuestión es un chico, Toni A. Martínez, que hace vídeos con estribillos pegadizos con letra que tienen como base algún tema de actualidad. En youtube podéis encontrar todos sus vídeos, pero yo os voy a dejar los que más me gustan (y los que tengo que ver muchas veces para poder seguir pensando en otra cosa).