Autor, Literatura

Los miserables, Víctor Hugo

Tras la anterior entrada en la que os contaba mis problemas a la hora de continuar con la lectura de este libro, no quería dejar una reseña pendiente. Entre otras cosas porque puedo decir muchas cosas, y porque realmente he apuntado montones de fragmentos destacados, como era de esperar.

Los-miserables_marca-aguaLos miserables se divide en varias partes en las que cada una posee un personaje que se lleva la atención. La primera de todas ellas es Fantine. El inicio es rápido y ameno. Abundan las paradas, el ritmo es diferente al que suelo estar acostumbrada. Pero la ventaja, que se repetirá en toda la obra es clara: encontramos muchos capítulos o de subcapítulos cada poco tiempo. Esto beneficia a la hora de continuar leyendo. Aunque bien es cierto que la longitud es muy desigual: desde una página a tres llegando a las 40.

Desde el primer momento un narrador omnisciente analiza y juzga a cada uno de los personajes protagonistas y de sus acciones, siendo generalmente personajes representativos de un estrato de la sociedad, extremos ejemplos de acciones benévolas o malévolas y que Víctor Hugo utiliza para reflejar la sociedad de la época.

Como tal, existen muchas reflexiones y descripciones de diversos aspectos de la sociedad francesa, desde el mundo conventual de la segunda parte hasta de las calles de París, pasando por supuesto por batallas representativas de la época napoleónica, entre la que destaca la de Waterloo.

Aunque inicialmente el tipo de descripciones me resultó muy interesante e instructivo, con el paso de las páginas me sobraban detalles y nombres. La abundancia de generales, montes, colinas, calles y callejones nos ofrece un estilo que roza con el periodístico, además de aportar un análisis político a las diferentes situaciones.

Mientras tanto se nos ofrece una historia en la que el binomio bondad-maldad tiene importancia preponderante. Las dudas éticas de Valjean, el protagonista de la historia, surgen desde la primera página y le acompañarán durante toda la obra. Las situaciones de penuria y pobreza extremas (Fantine, Cossette), la maldad en superabundancia (los Thénardier) unidos con la descripción vívida de Víctor Hugo consiguen enganchar a una historia en la que sabemos que todo lo malo que pueda pasar pasará.

Una historia que conmueve y aplasta, personajes que nos persiguen en sueños (no habrá forma de olvidar el tormento de Fantine pasen los años que pasen) ahogado, como he comentado alguna vez con Pedro por una traducción que, aunque en la contraportada figure de 2002 en la práctica es de los 70, con todo lo que conlleva: los nombres de los personajes traducidos, arcaicismos y expresiones antiguas que no hacen más que ralentizar la lectura y querer matar unas cuantas cabezas (por algún extraño motivo Jean sí que es Jean pero Fantine es Fantina).

Total, desde mi punto de vista, por supuesto que es un libro conmovedor, duro y muy fiel. Descriptivo e histórico, interesante y completo. Pero es arduo. Estamos hablando de un libro de 1700 páginas, del que obviamente hay mucho bueno, pero también hay otras cosas. Con tantas páginas da para mucho.

Cuando leo un clásico espero que me noquee. Que me deje paralizada, como lo hizo El proceso de Kafka. Que me deje con la boca abierta, como El ruido y la furia de Faulkner. Que lo recuerde 10 años después, como Los hermanos Karamazov. Pues bien, al contrario que todos estos tres mencionados, por poner un ejemplo, que recomiendo hasta la saciedad con un ¿No has leído El proceso? ¿Y tú duermes bien por las noches? No haré lo mismo con Los miserables. No lo recomendaré sin parar. No pensaré en releerlo el año que viene. Y ahí radica la diferencia fundamental. Entre otras cosas porque para mí la economicidad es un grado. Y uno sale encantado con Zola y su Germinal, su realismo preponderante mientras cuenta una historia atroz en 300 páginas. Pero para mí, Los miserables es demasiado. Demasiado larga, demasiado descriptiva, llegando hasta la exageración.

No es que se haga cansado o arduo, porque nos podamos sentir perdidos en lo que nos cuenta. No es el Ulises. Es cansado porque se hace repetitivo, y excesivo en detalles. A veces menos es más. Éste es un buen ejemplo.

 

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El inicio se hace muy ameno. Historia cruda y muy realista.

  • Abundancia de datos históricos que a muchos os fascinarán.

Contras

  • Densa y con demasiados detalles. Se hace pesadísimo.

  • Excesivo.

Namaste.

Literatura

Me planto (o mi odisea con «Los miserables»)

Estaba leyendo esta entrada de Mientrasleo cuando me di cuenta de que tenía algo pendiente que contaros. Me reconocía en muchas de las cosas que contaba ella, en admitir lecturas en diagonal de un libro. Pero, sinceramente, según iban pasando los meses pensé que no llegaría a este punto, el de confesar. Empecemos por el principio…

Los miserables de Víctor Hugo es uno de esos clásicos que siempre se mencionan en todos los libros de literatura, una novela que necesariamente se encuentra en todas las listas, una obra magna de la literatura que además se ha convertido en un famoso musical y en una renombrada película. Pero además, Los miserables es un libro largo. Más que eso: larguísimo, de dos tomos de 800 páginas cada uno, con una letra pequeñita. Uno de esos libros de los que uno dice cuándo empieza pero de los que se desconoce cuánto tardará en leerlo.

Empecé este libro animada por una lectura conjunta en el Café Literario (sí, ese magnífico grupo en el que antes hablábamos de literatura y ahora nos cabreamos por el spam constante), un 8 de junio. De 2013, claro. Hace ya mucho tiempo.

Como en todos los libros largos, comencé con muchas ganas y de tirón. Ir comentando y desgranando cada uno de los entresijos con mis compañeros animaba mucho. Hasta que en un momento determinado me estanqué. Me hundí en el fango de la lectura. Me paré en seco.

En lugar de decidir dejar de leerlo continué manteniéndolo en mi mesilla. Cogía polvo, pero al menos computaba como libro currently reading, esto es, no era un libro abandonado, sino otro más que seguía leyendo.

Entre otras cosas porque ya había leído más de la mitad, quiere un pensar que ya ha pasado lo peor. Vamos, por cabezonería. Quería terminar lo que había empezado. Lógico.

Sin embargo, los prejuicios del lector siempre están presentes. Y el mío, y más teniendo en cuenta de que se trataba de un clásico de este calibre, empezaba y acaba por ese mismo hecho: ¡Cómo no me va a gustar a mí un clásico! ¡Cómo se me va a atravesar esta novela aupada entre las obras magnas de la literatura! ¡Si yo soy una buena lectora! ¡Si he leído otros grandes clásicos y me han encantado!

Una parte de mi cerebro se planteaba y repetía eso mismo. Me trataba de convencer a mí misma de que podía continuar, pero llegado el momento de tomar el libro en cuestión y ponerme a leer siempre decidía aparcarlo. Si tenía un rato para leer escogía otro libro. El que fuera. Llegó un momento en el que Los miserables era un libro que no tenía en cuenta. Es demasiado denso, me decía. Es que estoy un poco cansada, me repetía. Es que este otro libro se ha quedado en una parte muy interesante, me justificaba.

Claro. Es cierto.

Sin embargo, mi otra parte del cerebro decía otra cosa. Esta parte, que para que os hagáis a la idea es la que me suelta las cosas a la cara, la que, si la dejo hace una reseña de vacas en plan telegrama, planteaba una situación muy diferente. Me repetía lo que uno no quiere escuchar: Pero a ver, Laura ¿a quién quieres engañar? Estás leyendo otros 4 libros a la vez, llevas un mes sin tocarlo. Lo único que quieres hacer es terminar de leer el libro para conocer cómo acaba. ¡Pues hazlo! ¿Por qué has de sentir resentimientos? ¿Porque otros dicen que es un libro indispensable? ¡Imagina la de libros que estás posponiendo por intentar terminar un libro que te cuesta!

Sin embargo, tardé otras dos semanas en darle la razón. Simplemente, lo seguía intentando. Quizás, me decía, mejore la cosa. A lo mejor, me repetía a mí misma, me animo. ¡Total, si no me queda nada! ¡Apenas son 300 páginas!

Pero no. Nunca era así. Mentalmente mi cabeza no estaba en ese libro. Así que un día me planté delante del espejo y me dije a mí misma: tengo que terminar este libro como sea. A partir de ahí, un 25% lo leí en diagonal.

Aún no entiendo por qué me siento mal conmigo misma por leer en diagonal o por saltarme páginas. Pensaba que esa sensación se me había pasado con la edad, que llegado un punto ya no la sentía. Pero era mentira. Es una percepción que no puedo evitar, algo que me dice que está mal. Que hay que leer de principio a fin. Interiormente me molesta, me enfada, me cabrea esa sensación.

Así que esta entrada (previa a la reseña de Los miserables pero que ha quedado tan larga como para dividirla) es una confesión: me planto.

Y a vosotros, ¿os ocurre lo mismo? ¿Sois capaces de saltaros las páginas de un libro, o incluso abandonarlo sin arrepentimiento?

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?, Literatura

Y ellos, ¿qué opinan? (XV): Clara Sánchez

Clara Sánchez (Guadalajara, 1955): licenciada en Filología Hispánica, se dedicó durante años a la enseñanza universitaria. Trabajó en televisión, en concreto en el programa Qué grande es el cine. Posteriormente comenzó su andadura como escritora, obteniendo el Premio Nadal en 2010, con Lo que esconde tu nombre, y el Premio Planeta de 2013 por El cielo ha vuelto.
1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Tratado de la vida elegante, Honoré de Balzac.

Vaya, se refiere a este libro publicado por Impedimenta. La verdad es que no tengo demasiada experiencia leyendo a Balzac aparte de Eugenia Grandet.

2.- Un libro que nos recomiendas.

El gran Gatsby, F.Scott Fitzgerald.

Si tuviera que jugar al bingo con los libros que creo que van a decir los autores a los que pregunto, este sería uno de ellos. Y El guardián entre el centeno otro. ¡Y el Quijote! (LÍNEA).

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Kafka.

Plasplasplas. Me encanta escuchar este nombre. Porque Kafka es uno de los más grandes autores. Y de los que más me gustan, como si no lo supiérais ya.

Y vosotros, ¿habéis leído a Balzac? ¿También recomendáis El gran Gatsby? ¿Vais al bingo de vez en cuando?

Que paséis un fin de semana lleno de lecturas.

Namaste.

Autor, Literatura, Moore

From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell

Adquirí este libro hace mucho, mucho tiempo. De hecho os lo enseñé aquí. La responsable de recomendármelo no fue otra que Molinos (graciasgraciasgracias)

La trama se basa en los acontecimientos relacionados con Jack el destripador, el asesino en serie que mató a cinco mujeres en el Londres de 1888.

From-Hell_Marca-aguaAsí, Moore plantea la hipótesis de quién fue el asesino, el por qué de los crímenes y su método. Para ello se basa en toda la documentación que ha ido obteniendo a través de informes policiales, declaraciones de testigos y todos y cada uno de los libros que tratan el tema. Cada personaje, cada detalle y cada conversación está documentado. De ahí que el autor comente cada una de las referencias al final de libro.

Esto se traduce en que From Hell no sea un cómic normal y corriente, dado que no se puede leer del tirón, sino que hay que parar (os recomiendo que paréis en cada página, para conocer la información adicional que aporta Moore). El autor consigue ofrecer una historia llena de detalles, no sólo por la cantidad sino por la calidad.

Partiendo de esta base, crea una historia con mucha personalidad; una historia, desde el punto de vista del dibujo, sencilla, porque el propio Moore renuncia a utilizar nada más que el blanco y negro. Podía haberse facilitado la tarea con el uso de color (el gris de Inglaterra, el rojo de la sangre de las víctimas, el azul de los ojos), pero no lo hace. Y precisamente esta ausencia no hace más que conseguir unos trazos más vívidos, unos rasgos más crueles y severos llenos de un ambiente que nos aplasta.

El título, por tanto, no es aleatorio. Corresponde al encabezamiento de la única carta que a día de hoy se considera escrita por el asesino, a la que acompañaba un riñón humano y que, lógicamente, se escribía Desde el infierno. Así que antes de empezar a leer ya sabemos que un mal se cierne detrás de las tristes miradas de las prostitutas que se reúnen a tomar una pinta; y a pesar de eso, tememos y esperamos que el destino les resulte favorable, que las cosas no sean como sabemos que serán.

El modo en el que despliega una novela de 600 páginas es de quitarse el sombrero. De obra de arte.
Moore es un genio porque puede. Porque lo mismo te cuenta la mejor historia de antihéroes que se puede crear que mete en una historia de un asesino en serie a todos los personajes relacionados con el tema. Y si quiere incluir a Óscar Wilde, que en aquélla época estaba en Londres, lo mete.

Lo hace de la mano de una documentación bastísima, llena de referencias y detalles, en la que desde el primer momento nos damos cuenta de que, a pesar de que el hilo argumental no dejar de ser una teoría, el resto es cierto: el trazado de las calles, los detalles de las víctimas, sus ropas y sus características personales. Todo.

Es una novela tan apabullante, tan sobrecogedora, que uno no puede,  justo cuando termina el libro sino aplaudir.

Aparte de esto, tan sólo me queda agradeceros a todos vuestra paciencia y desearos a todos una noche y agradable y en seguridad.
Vuestro amigo,

Alan Moore.
Northampton, Inglaterra
Mayo de 1996.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Apabullante, brutal y sobrecogedor. Regaladla mañana.

  • Sin duda, la mejor novela gráfica que jamás he leído. Y, de momento, el mejor libro de este 2014.

Contras

  • Ojito con tocar demasiado las páginas: hay tanto color negro que las huellas dactilares se quedan marcadas. Y no, si frotas con las mangas no se van. (Por ese motivo, cuidado con a quién se lo prestáis)

Namaste.

Autor, Orwell

Homenaje a Cataluña, George Orwell

Orwell, uno de los autores base de los que os hablé en esta entrada. Un autor de los que fiarse, a los que hay que leer en cuanto se tercie. No era suficiente, por tanto, todas las menciones que Javier Marías refiere en Tu rostro mañana para tener ganas de acercarme a él. Así que sin más dilación lo leí.

Homenaje a Cataluña es un compendio de las experiencias del británico en la Guerra Civil española, no solamente en relación a su tiempo en las trincheras, sino sus esperanzas e ilusiones, desde el momento en el que abandona Londres y pisa por primera vez en la Barcelona de 1937.

El libro se puede dividir básicamente en dos partes: de un lado, la primera, en la que nos narra la situación de la España de la época: una Barcelona revolucionaria en la que no se veían mendigos por las calles, junto con la realidad de las trincheras, esa calma chicha que tanto le desesperaba por esperar el avance del enemigo.

Posteriormente en la segunda parte, narra las cuitas políticas, las luchas entre comunistas, anarquistas y socilistas, además de su regreso tras resultar herido en el frente, la percepción de una ciudad distinta a la que se había encontrado.

Lo más interesante de su narración es cómo detalla la cotidianidad de la España de la época: la descripción de la desorganización en el frente, los prejuicios de catalanes contra andaluces, o el característico mañana, que suena demasiado actual:

The answer was always a harassed smile and a promise that there should be machine-gun instruction mañana. Needless to say mañana never came.

TRADUCCIÓN PROPIA: La respuesta era siempre una atormentada sonrisa y la promesa de que la instrucción de las ametralladores se haría mañana. No hace falta decir que mañana nunca llegó.

Además, se aprecia una importante diferencia entre su visión de antes y de después de su paso por el frente. No sólo por la situación que había vivido en él (la camaradería independientemente del partido que milita, el calor de los compañeros), sino por su creciente desencanto que se va materializando día tras días. Esto, y sus apreciaciones sobre la prensa en el período de guerra (no me refiero a España, sino a cómo se reflejaba el conflicto en Inglaterra y Francia) consiguen que el lector aprecia ese inicio del desencanto y de la crítica que después plasmaría en Rebelión en la Granja y en 1984.

Obviamente tengo que reconocer que Homenaje a Cataluña no es su obra más destacable y definitivamente no es la que recomendaría para empezar a leer al autor. Pero sí que es cierto que resulta muy interesante recibir de primera mano las opiniones de un ciudadano británico sobre la situación de la contienda de 1937. Si como lectores os gustan las historias de guerra, los análisis sobre las situaciones o simplemente conocer un poco más la represión de Negrín, esta es una muy buena opción.

Para mí, está claro que el siguiente libro del autor será El camino de Wigan Pier. Porque a los autores base hay que seguirles leyendo. Siempre.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El balance entre la cotidianidad de los detalles y el análisis de la situación política y el reflejo de la guerra en otros países.

Contras

  • Los episodios que trascurren en el frente se hacen un poco lentos.

Namaste.

 

Autor, Literatura, Sánchez

El cielo ha vuelto, Clara Sánchez

Podría comenzar esta reseña escribiendo lo que tengo anotado en mi cuaderno:

Buah. Psé. Bueno. En fin… Esto… Psé.

Bueno, aquí estamos. Reseñando el Premio Planeta 2013, uno de esos libros que uno lee por… ¿casualidades? Voy a ser sincera. Es uno de esos libros que en condiciones normales no leería. Pero siempre hay excepciones. Esta es una.

el-cielo-ha-vueltoAl lío.

La trama se centra en una modelo que tiene una vida perfecta, pero que, un buen día coincide con una señora en un avión que le pone en el aviso de que le va a cambiar la suerte. Desde ese momento su realidad va cambiando: le ocurren varios accidentes que afectan a su salud, en el trabajo se ve desbancada por una modelo más joven. Y luego está su marido que, qué queréis que os diga, es para echarle de comer aparte. A este y a los parásitos de su familia.

Hasta aquí.

Porque si nos paramos a analizar un poco más allá nos encontramos con que todos los personajes son insufribles, por mucho que la autora trate de comparar a su Patricia con Anna Karenina. Claro que sí. Con un par. Una historia sin vuelta de hoja, basada en alguna situación real (moc, mala señal. Si un escritor tiene que recurrir a sus experiencias corre el riesgo de que le ocurra como a Nothomb) en la que todo es meridiano, claro como el agua.

Claro como el agua por su estilo, porque se ve que es literatura de producción industrial. Esto es, que sabemos que es Clara Sánchez por su portada, pero que podría ser Lucía Etxeberria, o Isabel Allende o cualquier otro autor. Hay algo tan mecánico en su estilo que podría ser una máquina que produjera libros iguales, sin chispa ni alma.

Una novela que por ni tener bonita no tiene ni la portada, que podría ser azul como el propio cielo que menciona y se quedaron en un rojo, como la sangre de las venas del lector que se las mira preguntándose ¿Por qué? ¿Por qué estoy leyendo yo esto? ¿Por qué se publican este tipo de libros y además se les da reconocimientos y 100.000 600.000 euros?

No todo es malo en esta novela. Se lee rápido, mucho. Es simple y sencillota, sin vuelta de hoja. Las letras son enormes, como camiones en un papel, así que las páginas pasan rápido. Y es cierto que hay temas que se tocan que no están mal del todo, como el miedo al cambio o la dependencia de otras personas, como el frágil equilibrio de algunas vidas. Pero no se le saca partido.

Hay una comparación que siempre utilizo para con los libros. Y es la comparación con la comida. Hay libros que son fabada: riquísimos, sabrosos, pero de complicada digestión. Para leer un capítulo, para asimilar los ingredientes. Se come un plato y no una olla.

Hay otros libros que son ensalada: frescos, animados, interesantes, pero muy veraniegos, puedes leerlos del tirón, dejan un sabor alegre en el paladar. Se puede repetir, siempre animan una comida.

A mí me gustan los chuletones: la carne que está bien hecha, el característico sabor de un autor determinado, ver cómo está en el punto exacto. También me gusta el pescado, rico y sabroso, con alguna espina pero siempre recomendable.

Luego hay otro tipo de literatura: best-sellers o comida rápida, novelas que recuerdan a otras novelas, que podrían parecer comida del día anterior, comida congelada, que alimenta pero con poco sabor, con mucho conservante y otros potingues. Comida que no sabe a comida.

En este universo El cielo ha vuelto son patatas fritas. Esto es, una novela que empiezas y que te terminas de golpe, pero porque son patatas fritas. El tipo de snack que uno come en la playa o esperando el autobús, mientras se hace otra cosa. Sabemos qué marca de patatas nos gustan más, pero eso no significa que vayamos a un restaurante a pedir una bolsa de patatas fritas.

Es lo que es y a mí las patatas fritas me gustan comerlas mientras veo la tele. A excepción de las Pringles, que me ayudan a terminar reseñas como ésta.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Se lee rápido. Si queréis desconectar no parece una mala opción…

  • A mi madre le ha gustado.

Contras

  • Literatura de patatas fritas. Ni chicha ni limoná.

Namaste.

Autor, Literatura

Las tres bodas de Manolita, Almudena Grandes

Almudena Grandes regresa con la tercera parte de los Episodios de una Guerra Interminable. Como ya sabemos por sus anteriores episodios, los seis libros que componen esta serie tendrán como denominador común la época en la Las-tres-bodas-de-Manolitaque transcurren: desde la Guerra Civil a la posguerra.

En este caso, la trama se sitúa en la posguerra española, una época de represión y de dolor, en un país hundido por el hambre, la miseria y las consecuencias de un conflicto bélico que dividió al país.
La protagonista, como ya se adelanta en el título, es Manolita, una joven madrileña que acabará siendo apodada como la señorita Conmigo No Contéis. Una niña que aprenderá a ser mujer demasiado pronto.

A lo largo de toda la lectura no he podido evitar ir comparándola con sus predecesoras, no sólo porque conforman una parte de una serie mayor sino porque han sido mis últimas lecturas de la autora. Probablemente si no habéis leído Inés y la alegría y El lector de Julio Verne esta reseña se os haga aburrida. Pasad directamente al cuadro del final y listos.

La historia de Manolita comienza cuando se ve envuelta en un favor, el que tiene que hacerle a Antonio, su hermano, un comunista sobre el que pesa una orden de búsqueda y captura. Sin embargo, esto no es más que la punta del iceberg de una historia enorme: de política, pobreza y lucha, de amor y odio, de temas mundanos y utópicos. Una historia muy compacta, la más trabajada de las tres. En primer lugar porque se trata de una novela coral, en la que toman un importante protagonismo los personajes secundarios: como el Palmero o Eladia. Personajes con historias muy distintas, pero que se van enlazando como un eslabón al otro, y que visto desde perspectiva cobra mucho más sentido.

En segundo, porque aunque parte de una trama aparentemente menos atractiva, todo se une, todo está unido, y esta unión se hace a través de saltos temporales, de referencias al pasado y al futuro.

El lector, como ya ocurriera con Inés y la alegría, se ve empujado a una historia que, desde la primera línea ya está en marcha. Esto es: se abre el telón y los actores ya están hablando de temas con mucha chicha. Aunque al principio pueda parecer una complejidad añadida, consigue dejar pegado a las páginas de un lector que va adivinando de cada conversación de qué trata el asunto.

Había de todo, y todo valía mientras una excitación imprecisa, universal, corriera por las venas de los asistentes como un líquido brillante y espeso, capaz de hacer más brillante, más espesa su sangre.

Si a Inés y la alegría le veía pegas (las enumeraciones, la densidad de terminados capítulos, el completo cambio de espacio-tiempo) y a El lector de Julio Verne otras (infantilismo al tener como protagonista a un niño), aquí no puedo más que ser categórica: Las tres bodas de Manolita es un novelón. Una historia completísima que radiografía uno de los momentos más oscuros de la historia de España. Pero más allá del contexto histórico, Las tres bodas de Manolita es una historia de amor, por la familia, por los amigos; donde las emociones surgen en cada frase y en cada diálogo. Una de esas novelas que nos encogen el corazón, con las que cruzamos los dedos deseando que no ocurra lo que parece que es inminente.

Y es que, desde la mitad de la novela ya tenía la sensación de que se trata de una novela redonda, sin aristas, una novela bella, por el estilo que despliega Grandes, con una trama grande en la que relucen personajes pequeños; un libro compacto en el que cada personaje se une a los demás como las capas de una cebolla: hay que ir conociendo unos y otros hasta adentrarse en el interior de la hortaliza. Y después, cuando ya hemos terminado, echar un paso atrás para ver todas esas líneas de las tramas sueltas: todos esos personajes que conforman un todo.

Aunque parece sencillo no es fácil conseguir que la acción y el interés no decaiga en un momento, mantener la atención de un lector tras 700 páginas. Esto se debe, al equilibrio que se mantiene en el estilo en cada momento, en los cambios de registros cuando es necesario (si la historia de Manolita tiene varios vericuetos y saltos temporales, la de Isabel es puramente lineal).

Mi sensación es que Grandes vuelve a sus orígenes, esto es, a las historias de mujeres fuertes, que buscan sobrevivir de un modo u otro. Historias que recuerdan a Atlas de geografía humana: mujeres con personalidades muy dispares pero que tienen las cosas muy claras y que luchan por lo que quieren. Si con El corazón helado consiguió darle una vuelta de tuerca a una historia de amor, con Las tres bodas de Manolita subyuga a un lector que mantiene el corazón encogido y que se da cuenta de lo lista que es la madrileña.

Porque existen hambres mucho peores que no tener nada que comer, intemperies mucho más crueles que carecer de un techo bajo el que cobijarse, pobrezas más asfixiantes que la vida en una casa sin puertas, sin baldosas ni lámparas. Ella no lo sabía, pero yo sí.

Por mi parte, lo que sí que sé es que desde ahora va a ser mi novela favorita de Grandes. Una novela redonda.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El desarrollo de la historia de Antonio, Eladia, Manolita y el Palmero.

  • La brutal historia de Isabel Perales García. Tan dura como real.

  • ¡Por fin hay un listado de personajes al final del libro! ¡Gracias Tusquets!

Contras

  • El inicio puede parecer un poco apabullante. Pero no es para tanto.

  • Recomiendo que las leáis en orden, por las referencias de unas con otras.

Namaste.

IMM

IMM (29)

A pesar de que me he propuesto reducir el número de compras con objeto de leer los libros que ya tengo acumulados en casa, es imposible caer en la tentación de llevarse a casa alguno de los libros que uno se va encontrando por el camino.

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  • El cielo ha vuelto, Clara Sánchez. Último Premio Planeta, adquirido un poco de sopetón, porque no pensaba comprarlo ni nada por el estilo. No soy fan de estos premios, pero bueno, nunca viene mal prepararse para un despelleje de vez en cuando.
  • Las hermanas Mitford, Annick Le Floc´hmoan. A pesar de haber buscado por activa y por pasiva el título que Loque recomendó en la entrada de Trifulca a la vista (las hermanas Mitford pero de la editorial Lumen), he tenido que hacerme con este de Circe porque no he encontrado en ningún sitio el que ella me recomendó. En cualquier caso le tengo muchas ganas a esta biografía de las hermanas, de las peculiares Mitford.
  • 14, Jean Echenoz. Préstamo de Pedro. Aprovechando el centenario de la Gran Guerra, tenía pensado leer algo de la época, y no sabía por dónde empezar. Así que su préstamo me vino que ni pintado. Además me he apuntado al Reto de Eva, de leer un libro de este período durante este año.
  • Dora Bruder, Patrick Modiano. Anotado desde hace mucho, pero que mucho tiempo, lo busqué en varias ocasiones pero nunca lo tenían, hasta que hace poco por fin me hice con él. No os voy a engañar: barato no es. Pero claro, es Modiano, este señor es un valor seguro.

Esto es todo por el momento. Mientras tanto, seguimos leyendo… y por mi parte, cosas muy pero que muy buenas. ¿Sabéis esa sensación de que estás leyendo un libro que irá de cabeza a los mejores del año? Pues la estoy teniendo.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de estos libros? ¿Qué os parecieron?

Namaste.

Danielewski

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

La casa de hojas es uno de esos libros de los que habla todo el mundo. A finales de 2013 se publicó este libro que se describía como el Moby Dick de las novelas de terror, todo una experiencia, un descubrimiento. De repente, apareció por todas las revistas culturales, por todos los periódicos. La red se llenó de críticas sobre la novela, a la que se la calificaba entre las historias que cambian los estándares de las historias de terror.

Atraída como una polilla a una luz, después de ver los comentarios de muchos blogueros que lo adquirieron enseguida, lo compré en cuanto pude. Después lo leí. Lo terminé. Traté de esbozar una reseña, una opinión de algo de lo que es este libro. En múltiples ocasiones me he sentado a dejar por escrito mis ideas. Pero creo que no lo he conseguido. Así que pasaos por estos blogs que sí que han hecho bien su trabajo: Leersinprisa, Un libro al día, Cuentalibros, Locura y lectura.

Empecemos por el principio: ¿qué es La casa de hojas? Un libraco. Uno de esos libros enormes, con 700 páginas muy largas y muy anchas, un libro de tapas negras. Un libro caro de narices. Por 30 puñeteros euros te puedes hacer con él.

Si ahondamos un poco más, podríamos llegar a decir que es un libro muy poco común. Basta con pasar alguna de las páginas para darnos cuenta de que esta no es una lectura normal: hay páginas con una línea, otras escritas al revés, por no mencionar la multitud de tipología en las letras.

collage casa de hojas marcas de agua

El argumento de la historia es triple: por un lado tenemos a Zampanò, autor de una serie de legajos sobre el Expediente Navidson; a Truant, que podría haber salido de una novela de Kerouac: quien los lee  y nos cuenta sus farras día sí día también, y al propio Navidson, protagonista de la historia en su casa. Una casa que sorprendentemente, tiene una puerta que no se sabe adónde va.

Desde el primer momento se nos presentan estos tres hilos argumentales a la vez, además de aparecer un sinfín de notas a pie de página que difieren entre sí: están las puramente científicas, esto es, referencias de referencias a bibliografía, a estudios, reflexiones sobre el eco, la fuerza, la luz y un montón de cosas más. Por otro lado, tenemos las notas a pie de Truant, el último poseedor de los documentos, que va comentando lo que lee y relacionándolo con episodios de su vida. ¿Habéis visto Padre de Familia alguna vez? ¿Os acordáis de alguna de las veces en las que Peter Griffin dice aquello de “esto me recuerda a…” y acaba contando una historia que nada tiene que ver con la historia original? Pues eso. Si Navidson está como loco tratando de descubrir por qué su casa mide más por dentro que por fuera, Truant salta con un “y esto me recuerda cuando me fui a un pub y me puse hasta el culo de noséqué y conocí a esta tía que había estado liada antes con noséquién” y al final Truantdelasnarices se marca dos páginas de nota al pie que dejan al lector descolocado.

Pero tranquilos, que las notas de Truant no son lo peor: lo peor son las otras. Al inocente lector que llega y comienza a leer la historia de Navidson se la cuelan todas: te cuelan las cientos de notas al pie de sinónimos, de referencias bibliográficas que no aportan nada. Así era yo, hasta que alguien me dijo: “lee sólo las notas al pie de Truant”. Eso hice. Para cabrearme, tampoco os penséis.

¿Qué es entonces La casa de hojas? Pues un juego de muñecas rusas. Historias dentro de historias, de la que subyace el leitmotiv de la novela: Navidson y su casa. Una casa en la que, como he dicho antes, aparece una puerta. Y claro, quién no entraría en esa puerta. Para encontrarse un laberinto dentro de un laberinto, un mundo de ecos y desconocimiento. Eso es La casa de hojas.

¿Cómo puedo saber adónde voy si no sé dónde estamos? O sea, en serio, ¿dónde está este lugar en relación con aquí, con nosotros, con todo? ¿Dónde?

Pero más allá de esto, La casa de hojas es una obra de arte. Sí, del arte de la maquetación. Y ante esto no puede una sino quitarse el sombrero. Cómo narices habrán podido cuadrar las notas al pie, los recuadritos, las escrituras raras, tras la traducción es un misterio. Un trabajo arduo de narices.

Entonces, ¿me ha gustado? ¿Es esto un despelleje? Pues bien. Me he aburrido como una ostra, sobre todo al principio. No me gusta Kerouac, no me gusta Welsh: esto es, no me gustan las historias de desenfreno pastillero y promiscuidad sexual sinsentido porque me aburren. Así que la parte de Truant me ha hecho sufrir. Seguía porque este Danielewski lo hace bien, nos engaña como un trilero, enseña sus muñequitas rusas y pensamos que es fácil saber dónde está la pelotita que nos dará el premio. Pero no, amigos. Nunca se le gana a un trilero. Cuando comienzas el juego sales con menos dinero del que llegaste. Así que nos marea, nos enseña la zanahoria de la historia de Navidson, nos la pone delante de la nariz para que continuemos, y nosotros tragamos con cientos de páginas de notas al pie, con cargar con un puto espejo para leer un puto recuadrito que no aporta nada a la historia (y nosotros tan felices), con darle la vuelta al librito cada vez que toca, con continuar en ese laberinto que es Zampanò, Truant y unas cuantas chicas del montón.

Y sí, llegado al punto hasta he oído ecos en mi pasillo, hasta he mirado detrás de las puertas para ver qué era ese ruido. Hasta he perdido la cuenta de que tenía que seguir mirando la pelotita. Probablemente hasta me haya olvidado de ella.

La Casa de hojas marca de agua

Me ha gustado. Me decía a mí misma hace un tiempo. Hasta que, (y tú eres la culpable, Niebla Espesa), mi hermana me dijo que lo iba a comprar, y yo aseveré, demasiado rápido y demasiado contundente que se ahorrara los 30 euros porque se lo prestaba yo.

Eso significa algo, me dije, porque yo siempre recomiendo comprar determinados libros.

Entonces, ¿esto qué es? Es un juego de trileros. Y con ellos siempre se pierde. Es una experiencia, es un tío listo de narices que ha creado una historia simple pero que la ha complicado tanto que la ha convertido en una novela casi de culto. O por lo menos en una novela que muchos compramos por el placer de tenerla en el estante. Es un espectáculo visual, de juegos de palabras en momentos determinados. De contener el aliento porque durante 30 páginas va espaciando la frase hasta dejar un folio casi vacío.

Pero no os engañéis. Sigue siendo un espectáculo de trileros. No es un mago que juega con las palabras, ni una demostración de cómo el autor nos toca la fibra. Es un show. Un espectáculo donde el que mueve los hilos es un trilero, un tramposo, un tipo listo que sabe qué quiere conseguir.

A fin de cuentas, los espectáculos de los trileros son así: teorizamos sobre dónde está la pelotita y salimos con menos dinero en el bolsillo. En mi caso, con 30 euros menos.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • No le encuentro comparación. Al menos de momento.
Pros
  • El experimento que supone la casa.
  • Espectáculo visual y maquetación brillante.
Contras
  • Se hace pesado por momentos.
  • Las notas al pie de página. El que disfrute con Truant estará encantado.

Namaste.

¿Y ellos qué opinan?

Y ellos, ¿qué opinan? (XIV): Agustín Fernández Mallo

Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967): físico y escritor español, ganó reconocimiento y fama nacional tras la publicación de Nocilla Dream, trilogía que se completa con Nocilla Experience y Nocilla Lab. Poeta y ensayista, es el mayor representante de la Generación Nocilla, de la que también forman parte Jorge Carrión o Juan Francisco Ferré. Se atreve con la música y con el cortometraje, y más aún, con la experimentación reescribiendo la obra de Borges.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Autopsia, de Miguel Serrano (Editorial Candaya)

Es éste. Una historia interesante, no sólo por la sinopsis en sí sino también por los adjetivos dedicados al autor, por las opiniones positivas que se le dedican (aquí, una de ellas)  y que aunque no la conocía, va directa a mi libreta. Y no me digáis que la portada no es impactante.

2.- Un libro que nos recomiendas.

El Nuevo Testamento.

Vaya. He de reconocer que cuando planteo las tres preguntas hay libros que no espero que estén entre los mencionados. Uno de ellos es éste. Entre otras cosas porque no sé qué decir. Vamos, que no he leído el Nuevo Testamento y tampoco lo tengo entre mi lista de libros futuros. Cuanto menos, sorprendente.

3.- Un autor por el que sientas fijación.

Thomas Bernhard

Un autor de renombre: venerado y consagrado. Mencionado siempre entre los autores que hay que leer, como Coetzee, como Pynchon. Y con el que, lo reconozco, no me he estrenado. Un autor de los que sí espero encontrar en esta categoría. Me alegra porque me recuerda que me queda mucho por leer. Mucho y muy bueno.

Y vosotros, ¿habéis leído Autopsia, de Miguel Serrano? ¿Os habéis atrevido a leer el Nuevo Testamento? ¿Qué me recomendáis de Bernhard?

Namaste.