Autor, Literatura, Mcewan

Ámsterdam, Ian McEwan


Hace ya mucho tiempo que leí mi último libro del autor. Y de vez en cuando, a la hora de escoger lecturas o leyendo reseñas de otros lectores por Internet, me acuerdo de los autores que me gustan, a los cuales leo menos de lo que me gustaría (pongamos por ejemplo a Patrick Modiano, a Penelope Fitzgerald o a Emmanuel Carrère por decir tres).

Así que la compra de este libro en mi última visita a la librería no fue planificada, pero sí el recordatorio que necesitaba para animarme a leer al inglés.

Ámsterdam arranca con la muerte de Molly, una mujer especial que fallece tras una dura enfermedad. En el momento del funeral coinciden dos de sus amigos íntimos para despedirse de ella: un periodista y un músico. Allí se encuentran con el viudo, un hombre al que desprecian y que no creen que nunca ha llegado a estar a la altura de la difunta. El último hombre de esta cuadratura es el Ministro de Asuntos Exteriores, también amigo de Molly.

Entre los cuatro se creará un vínculo al descubrirse unas fotografías comprometidas entre las pertenencias de la fallecida, que va a poner a prueba los principios y la ética de ellos.

En lo que concernía al bienestar de cualquier otra forma viviente sobre la tierra, el proyecto humano no sólo era un fracaso sino un inmenso error desde su inicio mismo.

Página 76

Ámsterdam se centra en la temática de la amistad y su cambio a lo largo del tiempo. También la visión poliédrica que tenemos de los que nos rodean, cómo Molly tenía diversas relaciones con cada uno de ellos y cómo el resto se sorprende al conocer determinados aspectos de ella.

Además también ahonda en la enfermedad en su momento final y en cómo afrontarla, aunque lo que de verdad parece lo fundamental en esta novela es la inclusión de dos dilemas morales para ambos protagonistas, y cómo actúan cada uno de ellos cuando se pondera un tema ético por un lado y el interés personal por el otro. Para el periodista: publicar o no unas fotografías comprometidas en un momento de crisis de su periódico, para el músico, ayudar a una persona en apuros en un momento en el que preferiría no hacerlo. Ambas resoluciones suponen el momento álgido de la historia e influyen en el devenir de los protagonistas.

En lo que concernía al bienestar de cualquier otra forma viviente sobre la tierra, el proyecto humano no sólo era un fracaso sino un inmenso error desde su inicio mismo.

Página 76

Toda esta historia la resuelve McEwan con a su estilo: siendo directo pero perdiéndose en alguna descripción, especialmente cuando de arte de trata. Diálogos frecuentes, que dan dinamismo a la historia, y referencias al pasado que se van dando a conocer poco a poco.

Galardonado con el premio Booker, McEwan es uno de esos autores representativos de la buena calidad literaria de este siglo. Esta novela no destaca tanto como Expiación, pero si que es una muy buena opción para leer una buena historia cuando queráis aseguraros el tiro.

FICHA:

Te gustará si te gustó Expiación, Ian McEwan.
Pros – Los dilemas que plantea y cómo se enfrentan a ellos.
– La visión de la fallecida a través de los recuerdos de los demás personajes.
Contras – Le falta una tilde al título que soy incapaz de comprender.

Namaste.

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