Al fin llego a esta argentina que me recomendaron hace más de una década. Fallo mío, ya sabemos que la lista de pendientes no se acaba nunca y se agolpan los títulos y lecturas que queremos acometer.
Aunque el título anotado en mi libreta era El núcleo del disturbio, al no encontrarlo y ver que Seix Barral está reeditando alguna de su obra, escogí este, Distancia de rescate, escrito en 2014, en esta edición de 2025.
Distancia de rescate nos cuenta la historia de una madre con su hija. Y de un hijo con su madre.
Uno dice «perder la casa sería lo peor» y después hay cosas peores y uno daría la casa y la vida por volver a ese momento.
Página 20
El inicio de la historia comienza con una conversación, la de Amanda con alguien, identificadas las partes de este por estar escritas en cursiva. Pareciera como si este personaje estuviera indagando algo en la historia de Amanda, algo que aún no sabemos de qué se trata.
Amanda nos cuenta cuándo ha conocido a Carla, la vecina de la casa a la que acaba de llegar con su familia. Desde ahí ambas acciones se mezclan, desgranando quién es ese misterioso interlocutor y qué está buscando.
El resultado es una historia que se lee conteniendo la respiración para conocer qué hay detrás, cuál es el misterio, qué sucede realmente, y cuál será el desenlace.
En conjunto, Distancia de rescate huele a sur de Estados Unidos, a esa literatura sureña llena de pasajes oníricos y situaciones al límite: al de la violencia, al de la muerte. Un mundo en parte mágico y en parte poderosamente sucio y real. La unión de éxito de los contrastes.
Porque abrazar (al bebé) me recuerda mis primeros miedos.
Página 93
No quiero dar datos de qué sucede, en parte porque es la gracia de la historia y además por este libro se lee en una tarde y merece mucho la pena, sólo decir que Schweblin consigue meternos de lleno a un mundo de fronteras, de alientos fríos y miedos que se palpan, de niños sometidos a peligros y de padres que no acaban de ver lo que está por venir.
Me ha sorprendido, me ha encantado y ando golpeándome por las paredes por no haber leído a esta autora antes, porque sí, ya estoy anotando el resto de su obra y espero que Seix Barral edite, de una vez, el libro que sí tengo anotado en mi libreta.
Así que os la recomiendo y de nuevo, os conmino a buscar ese título que lleva anotado años en vuestra lista y darle prioridad.
Contadas son las ocasiones en las que anoto un título dos veces en mi lista de pendientes. Este fue el caso. Un libro poco conocido reeditado por Random House, siguiendo la estela de su novela más conocida, Trampa 22.
Por ser el autor de aquélla maravillosa, absurda, sarcástica historia, le asocié las mismas características a Algo ha pasado (Random House, 2022), si bien me daría cuenta enseguida que absolutamente nada tienen que ver entre sí.
Bob Slocum, protagonista de esta historia, es un ejecutivo de medio pelo, casado, con 3 hijos, que se encuentra en un momento de duda sobre su existencia. Anhela un ascenso pero al tiempo tiene un carácter frágil y complaciente que le hace dudar de conseguirlo. Tiene una estupenda mujer pero en lo único que piensa es en el divorcio, mientras acumula amantes. Adora a su hijo mediano pero siente desprecio para con los otros dos. Echa de menos a su hermano a pesar de haber presenciado una escena turbulenta de abuso con una vecina menor.
Pienso mucho en el divorcio y siempre lo he hecho. Aun antes de casarme ya pensaba en divorciarme. Visualizo a mi próxima mujer. Sería más joven, más bonita, tonta y sumisa.
Página 362
Pero aun así, teme a todos. Teme a sus compañeros de trabajo, teme que le deje su mujer, teme cambiar, arriesgarse, lo cual nos hace saber Heller de forma repetitiva y machacona las 600 páginas de la historia.
De un tiempo a esta parte a menudo me aburre mi trabajo. Todo lo rutinario se lo paso a otros. Y esto intensifica mi aburrimiento. Es un verdadero problema decidir si es más aburrido hacer algo aburrido que pasar a otros todo lo aburrido que llega a mi escritorio y quedarme entonces sin nada que hacer.
Página 56
Slocum no es interesante, Algo ha pasado tampoco lo es, pero sí es una reflexión dura y directa sobre el estilo de vida actual, muy a lo Houellebecq, desagradable, incómoda, pero no menos sincera. Un retrato de la vida actual, del aparentar lo que se debe ser mientras se esconde la miseria que le supone a Slocum levantarse cada día. Un homenaje al pose, al postureo, a las pretensiones.
Tengo la sensación de que alguien cercano no tardará en descubrir algo acerca de mi persona que será mi fin, aunque no alcanzo a imaginar qué puede ser ese algo.
Página 38
Algo ha pasado tiene multitud de fragmentos de reflexión, momentos en los que Heller, en boca del despreciable protagonista, le da forma a muchas de las situaciones que vivimos a diario cualquier ciudadano de a pie. Muchos de ellos son desagradables, pero no por ello resultan exagerados, sino que sentimos rechazo precisamente porque pone en boca de su protagonista de muchos sentimientos que andan por ahí, o que pueden acabar anidando en la cabeza de cualquiera.
El problema de Algo ha pasado es la búsqueda interesada del autor de resultarnos repetitivo, como lo es la rutina de cualquier hijo de vecino. Así, las ideas y los comentarios se repiten una y otra vez a lo largo de sus más de 600 páginas, con el objetivo claro de hacernos partícipes de una vida sin propósito, de un personaje mezquino al que conseguimos tenerle algo de aprecio, o al menos de compasión.
Siento escalofríos de terror a menudo cuando estoy ocioso. Normalmente no duermo bien (a pesar de que mi mujer dice lo contrario). Me entristezco y no puedo salir de mi tristeza. Ella es la que decide cuándo dejarme (hablo conmigo mismo o bien creo que puedo llegar a hacerlo). Me deprimo y no sé por qué. Lloro la pérdida de algo y no sé qué es; (sin piernas) camino con mis temores, dolores de cabeza y tristezas, todo ello inflándose y agitándose dentro de mí, a pesar de parecer que no me pertenecen. ¿Es esto esquizofrenia, o simplemente la conformación esquizoide normal, natural, típica, saludable, lógica y universal? (Podría alegar enajenación transitoria. Lo denominarían muerte piadosa. Se presentaría testimonio jurado de que se cometió el acto para no verlo sufrir más. La verdad es que no sufre).
Página 542
Porque Scolum, a fin de cuentas, es un pobre hombre, un tipo que no se miente a sí mismo pero que lo hace a diario, un personaje lleno de contradicciones, un infeliz que ha entrado en un agujero de gusano en el que todo se repite una y otra vez hasta el infinito.
¿Qué nos ha pasado? Algo ha pasado. Alguna vez yo fui un muchacho y ella una muchacha; éramos dos seres nuevos. Ahora somos marido y mujer, y ya nada resulta nuevo; todo resulta viejo.
Página 143
Algo ha pasado no es el libro que esperaba, aunque bien pensado, ninguno lo es. Tampoco la vida es como me la imaginaba.
Desde siempre, si veo un libro una y otra vez por las redes, acabo relegándolo a la lista de los que no quiero leer porque asocio esa sobreexposición al márketing y no a la calidad literaria.
Eso fue lo que me ha ido ocurriendo con esta novela, Tengo miedo torero (Las afueras, 2021), un libro que veía una y otra vez pero que descartaba también una y otra vez.
Al salir, la tarde la sorprendió con una bocanada nublada de día incierto.
Página 57
Tuvo que venir Pedro a prestarme su ejemplar para hacerme cambiar de idea. Eso y sus apenas 200 páginas me convencieron para colar su lectura fácilmente, y ahora, como todos aquellos que los vi mencionar esta novela, vengo a recomendárosla.
Tengo miedo torero es una historia de amor, la de Carlos y la Loca del Frente, en el Santiago de Chile de mediados de los 80. Militante político, Carlos forma parte de un grupo clandestino que participa en protestas con el régimen de Pinochet, lo cual afecta a la relación entre ambos.
Cada vez que Carlos se perdía, un abismo insondable quebraba ese paisaje, volviendo a pensarlo tan joven y ella tan vieja, tan hermoso y ella tan despelucada por los años.
Página 124
Con un estilo muy descriptivo y original (en la contraportada mencionan «colorida», adjetivo muy acertado) Lemebel nos acerca a un personaje potentísimo, el de la Loca del Frente, un hombre homosexual que vive su vida de forma libre, que le pone alegría y valentìa a un entorno turbio e inhóspito.
Lo que nos hizo encontrarnos fueron dos historias que apenas se dieron la mano en medio de los acontecimientos.
Página 202
Tengo miedo torero es una novela cortísima, prácticamente una nouvelle, que nos acerca a la ilusión de un amor idealizado (de los antiguos, plagado de canciones pasionales, de imaginaciones y exageraciones, como si de un primer amor se tratara) plagado de alegría por los pequeños detalles. Una novela estilísticamente muy interesante por lo original, por el uso de los adjetivos y las metáforas, por cómo describe un amor que podría ser exagerado o caricaturizado pero que consigue que veamos la bondad, la alegría, lo puro e inocente del amor de La Loca del Frente.
Contrasta mucho más si comparamos con la simetría de la sociedad: lo marginal de lo homosexual dentro de lo marginal de lo pobre (el amor en los márgenes), dentro de un mundo gris que huele a fango. Como si de una margarita dentro de una pocilga se tratara. Lo subversivo de Carlos, su lucha contra el sistema, frente la Loca, que supone una lucha en sí por la de vida que tiene, pero que subsiste bordando manteles para los ricos.
En conjunto es una novela muy interesante, ya que partiendo de una trama aparentemente sencilla y simple y sin golpes estructurales relevantes, Lemebel consigue que brille gracias a su forma de expresarse, a la colocación de los contrastes entre lo de dentro y lo de fuera.
Os recomiendo también el vídeo de los compañeros de Cómete la sopa Kafka que además de explicar muy pormenorizadamente la historia, analizan la primera página de la novela.
Este pasado mes de agosto me he desquitado en la compra de algunos libros que tenía anotados en mis lista de pendientes, además de aprovechar los descuentos de la Filthy Week de la editorial Fulgencio Pimentel. ¿Empezamos?
Cuentos completos de terror, locura y muerte, Guy de Maupassant (Valdemar, 2011). De vez en cuando voy adquiriendo este tipo de libros de fondo de librería para leerlos en algún momento. Suelen ser títulos indispensables que hay que tener de esos que en un tiempo se descatalogan y son imposibles de encontrar. En esta ocasión compré este de Valdemar, que diría que es el primer libro que tengo de la editorial.
Oficio, Serguéi Dovlátov (Fulgencio Pimentel, 2017). Hace bastante tiempo que alguien me puso en la pista de este autor ruso, recomendándome este título. Aprovechando los descuentos anuales de la editorial decidí comprarlo para tenerlo en el estante y leerlo en cuanto encuentre ocasión.
Bajo el volcán, Malcom Lowry (Random House, 2020). Había visto este libro en su edición de bolsillo en mi visita a la librería, me llamó la atención pero en un par de ocasiones lo volví a dejar en el estante. Más tarde, alguien lo recomendó con efusividad por redes sociales, así que me decidí a comprarlo, en este caso en la edición rústica, que suele ser más cómoda.
Amuleto, Roberto Bolaño (Debolsillo, 2017). Del chileno he ido leyendo sus libros, desde sus novelas más largas, como Los detectives salvajes y 2666 hasta sus historias más cortas, La literatura nazi en América, Estrella distante, La pista de hielo y El secreto del mal. Sin embargo otras historias quedaban pendientes de leer, y aunque soy reticente a las ediciones de Alfaguara tras su mudanza desde Anagrama, he acabado cayendo a esta corta historia que tenía pendiente.
Las lealtades, Delphine de Vigan (Anagrama, 2019), Me gusta tener en la recámara libros de mis autores favoritos, por si fuera menester acudir a ellos en un momento de duda o bloqueo lector, de ahí la compra de este de la francesa que tan buenos momentos ha dado con Nada se opone a la noche, Las gratitudes y la última que he leído, Basada en hechos reales.
Historia de las literaturas eslavas, Varios Autores (Austral, 1997). No conocía este libro pero fue por Instagram que me entró la necesidad de tener un ejemplar con la historia de las literaturas eslavas, de las cuales soy lectora asidua. Llevaba tiempo buscando este tipo de libro tan completo, y por suerte el descubrimiento, aunque ha golpeado a mi bolsillo porque no son baratos, he cubierto una necesidad que tenía desde hace tiempo. La misma colección incluyen otros títulos que abarcan las literaturas alemanas, hispanoamericanas o latinoamericanas así que no descarto hacerme con alguno más.
Regreso al autor peruano con la conciencia de que es de lo mejor que le ha ocurrido a las letras hispanas en los últimos tiempos, y para comprobar si lo de Vivir abajo (Candaya, 2019) es una anomalía en su obra o bien la base de un camino que nos va a traer grandes momentos a los lectores.
Como muy acertadamente me recomendaron, traté de no dejar pasar demasiado tiempo entre la lectura de una y otra al repetirse algunas temáticas y personajes en ambas obras, pero tratando de espaciar lo suficiente como para no quemar este descubrimiento. Así el mes de mayo fue el escogido para su lectura. Desde entonces hasta ahora, que consigo publicar mi opinión, no he parado de pensar cómo iba a expresar lo que os quería contar. Espero haberlo conseguido.
Minimosca (Candaya, 2024) es, en cierto modo, la hermana pequeña de Vivir abajo, ya que tanto el estilo como las temáticas son coincidentes en ambas: las guerras, la violencia, las idas y venidas de los personajes, o George Bennet, el omnipresente protagonista de una historia dentro de otras historias, llenas de referencias y de pedazos de hilos aparentemente independientes que después que posteriormente forman parte de un todo.
De nuevo tenemos a un personaje que viaja por América Latina y Estados Unidos con un propósito de búsqueda. De nuevo hay personajes que desaparecen, misterios que resolver a los cuales se trata de encontrar respuestas.
Aguza los oídos hasta que está seguro de que los golpes suenan en un pequeño clóset junto al baño de visitas, cosa imposible porque en ese lugar no hay ningún clóset.
Página 273
Se añaden en el texto múltiples referencias culturales, no sólo de literatura sino de cine, además de incluirse personajes reales como Stephen King o Marcel Duchamp. De nuevo, sus personajes están solos, traumatizados, con deudas pendientes. Los personajes de Faverón Patriau siempre tienen un vacío inconmensurable que tratan de llenar.
Sentí la pena de mi vida y la pena me miró desde una mesa al otro lado de la habitación, moviendo la cabeza, y con su voz de cascabeles oxidados la pena me dijo nunca más vas a aprender.
Página 131
Mientras que en Vivir abajo las partes se diferenciaban en cuanto a estilo y temática, hay que Minimosca una unidad estilística superior que sin embargo, valorada en su conjunto, encaja de una forma distinta o menos redonda que su hermana. O quizá simplemente el efecto sorpresa que teníamos con la anterior lo hemos perdido con esta novela, y al ser conscientes de lo que nos podemos encontrar prestamos más atención a la propuesta y nos fijamos más en los detalles.
Todo el mundo camina por órbitas distintas, yo pensé, pero no dije. Porque cada persona orbita alrededor de una cosa distinta, que es el centro de su mundo o el centro de su vacío, yo pensé en decir.
Página 363
En cualquier caso, Minimosca se sitúa, de nuevo, en la categoría de lecturas atrevidas, originales, violentas y exigentes con el lector, de esas que ofrecen una propuesta totalmente diferente a las machaconas novelas que pueblan los anaqueles de las librerías. Llena de variados recursos en sus 700 páginas: salta a momentos temporales y situaciones diversas para regresar más tarde, con aspectos surrealistas (un boxeador que gana por susurrar versos a sus oponentes) y otros crudos y reales como guerras o asesinatos.
Se dio cuenta de que los artistas, incluso aquellos a quienes llamamos artistas malditos, o que se hacen llamar así, son peleles mostrencos al lado de un artista maldito de verdad, es decir, al lado de alguien que comprende que el arte no existe para hacer la vida mejor ni para embellecerla ni para entenderla ni para disimularla tras bellezas irrelevantes, sino para sustituirla por otra cosa, para obliterarla y cambiarla por otra cosa (…) entiende que un artista de verdad es el que en lugar de escuchar las campanas y preguntarse por quién doblan las campanas y responderse que las campanas doblan por él.
Página 623
La prosa de Faverón Patriau es incómoda, compleja, jamás superficial, triste y desesperanzada, desconsolada y punzante.
Compiten por ver quién de los dos lleva las cicatrices más horrendas en el cuerpo. Como si las cicatrices más horrendas estuvieran en el cuerpo.
Página 708
Minimosca es de nuevo, una historia arriesgada, por compleja, dura tanto al leerla como debió de ser al escribirla, difícil y valiente. La típica novela que muchos acaban recomendando pero pocos leen, porque remueve, incomoda y exige mucha concentración. Incomoda porque nos lleva y nos trae en diversos momentos temporales diferentes a situaciones violentas, nos pide involucrarnos, MIRAR. Mirar todo eso que no queremos ver, prestar atención a todo cuanto preferiríamos ignorar.
Minimosca es lo sórdido, lo mugroso, los personajes que tratan de poner algo de humor a sus situaciones tristes, duras y desesperadas.
Así es la vida, a veces no se puede tener todo y casi siempre no se tiene nada.
Página 629
Todo lo descrito anteriormente no hace justicia a una novela fantástica, inteligente, complejísima, fabulosa. Sólo esboza algo de lo que podemos encontrar en una novela de esas punzantes, de las que decía Franz Kafka que hay que buscar, de las que rompen el hielo interno que tenemos dentro los lectores.
Así que me repito de nuevo: Faverón Patriau es de lo mejor que le ha ocurrido a las letras hispanas en los últimos tiempos. Y diría más: marca el camino para lo que está por venir.
Leedle y me contáis. No os vais a arrepentir.
(Si no os fiais de mí, os dejo la reseña de Jesús que viene a decir lo mismo pero mucho mejor que yo).