Autor, Faverón Patriau, Literatura

Vivir abajo, Gustavo Faverón Patriau


No recuerdo bien quién me recomendó esta historia. Lo que sí sé es que fueron varias las personas que mencionaban esta novela como muy recomendable. Tardo en leer, lo sabéis, pero también soy obediente y anoté esta historia de un autor que no conocía pero del que todo el mundo hablaba bien.

A todos ellos, desde aquí, GRACIAS.

Porque vaya, ya sabemos que cuando lees mucho es complicado que te sorprendan, es difícil que un autor contemporáneo presente una propuesta que te encandile sin caer en las copias, las excesivas referencias o en las imitaciones de otros. Y Vivir abajo es uno de esos, de esas joyitas que aparecen muy de vez en cuando y te vuelan la cabeza desde la primera página. Voy a tratar de explicar por qué en esta reseña, pero en cualquier caso aviso: cualquier cosa que diga no le va a hacer justicia.

Vivir abajo (Candaya, 2019) es una historia poliédrica, vertebrada en cinco partes, donde nos acercamos a la misma historia, o a historias adyacentes que comparten los mismos personajes. En su centro George W. Bennett, de quien salen todos los hilos que vertebran la historia.

Comienza la novela con una doble biografía de este personaje, a dos columnas, como si en un periódico se tratase, ahí podemos comprobar las diferencias entre ambas. Desde este primer momento sabemos de este personaje ambiguo, del que se aprecian lagunas en su biografía y algún detalle extraño.

Lo coincidente es que se trata de un controvertido cineasta que ha desaparecido sin dejar rastro, con un pasado errante que iremos conociendo y desglosando a lo largo de sus más de 600 páginas.

Lo único bueno es el monólogo final de un viejo librero al que la policía captura y que le explica a un detective que no entiende por qué tanto alboroto, si vender órganos humanos y vender libros es lo mismo, porque un libro no es otra cosa que un órgano humano, uno que conecta el corazón unas veces con el cerebro y otras veces con el páncreas.

Página 90

La primera parte es un acercamiento a la figura de Bennet, y también la historia del investigador que le sigue los pasos.

La segunda parte, nada que ver, conocemos a Laura Richardson, que conoció a Bennet en el pasado, cuando era un niño y un adolescente, y nos narra su vida además de la vida de su marido, el pasado en la guerra de Yugoslavia.

Volvemos al investigador con la tercera parte, ahondando su búsqueda de Bennet por diversos países de Hispanoamérica.

Creo que el mundo es indescriptible, que algunas partes del mundo las podemos entender pero otras partes no, y las partes que no podemos entender, debemos abolirlas. El problema no es cómo es el mundo: el problema es que el mundo existe incluso en esas cosas que no podemos comprender. Creer que podemos comprenderlo todo es un engaño, una locura, un simple misticismo.

Página 100

La cuarta supone el inicio del final, donde comenzamos a ver cómo se unen los hilos que ha ido generando el autor a lo largo de toda la historia: vemos cómo se unen historias, se resuelven incógnitas, se unen puntos que parecían alejados.

Como veis, las partes son muy diversas entre sí, pero mantienen patrones comunes, tanto de estilo (saltos temporales, cambios de narrador, historias dentro de historias), como de temática: los sótanos y subsuelos, la guerra y la tortura, además de múltiples referencias de arte, tanto de literatura como de cine.

Le dice que no sería raro que haya publicado ese libro y lo haya olvidado o (…) si es normal que un lector recuerde un libro que ha leído hace muchos años, no es menos natural que recuerde un libro que ha de leer dentro de poco.

Página 277

La historia es enorme, soberbia, descomunal, juega contigo y te atrapa, inicia un hilo del que después Faverón se olvida a voluntad para plantearnos otra incógnita, otra historia, otra duda. Lo hace con una fuerza e ímpetu que traspasa, de esas que te obliga a continuar leyendo, siendo imposible soltar las páginas de una historia que se cuela en nuestras horas, en nuestros días, de esas de las que pensamos cuando estamos haciendo otras cosas. Como en el lodo, te metes más y más, te rodea y te inunda, te agobia, te atrapa: es compleja, es dura, no es sencillo lo que plantea, pero es fascinante.

En definitiva, me parece que Vivir abajo es una historia exagerada, mastodóntica, de esas que ya no se escriben por ser arriesgadas, de esas que apenas vemos en el mercado por complejas, pero de la que, me apuesto, de esas que pasan a ser clásicos de la literatura.

Y por supuesto, nada nuevo, ya en el estante el siguiente libro: Minimosca.

De verdad, hacedme caso y leedla.

FICHA:

Te gustará si te gustó Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. (Por la estructura)
La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa. (Por la temática y la fuerza)
Pros– Inteligente, bien estructurada. Variedad de temas.
– Descomunal, mastodóntica, llamada a ser un clásico del siglo XXI.
Contras– Compleja. Necesita concentración y se lee mejor y si tienes tiempo para no trocear la lectura.

Namaste.


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11 comentarios en “Vivir abajo, Gustavo Faverón Patriau”

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