Libros no memorables, Literatura

De todo lo visible y lo invisible, Lucía Etxebarria.

Este libro lo comencé a leer por necesidad. Necesitaba un libro pequeño y manejable que pudiera llevar en el bolso (en aquél momento estaba leyendo Millenium I y no quería destrozarme el hombro, lo cual es normal). Estuve mirando en una de las bibliotecas que frecuento y cogí éste.

Tal y como ha comentado Vero en el post de R. sobre prejuicios, yo también tenía uno sobre esta mujer: no sabía porqué pero bien no me caía (¿quizá vi alguna entrevista?). Pero bueno, pensé que también hay que probar, y este seguro argumento ganó la partida.

Portada del libro
Portada del libro

El libro se puede distinguir en tres partes: de un lado la introductoria, donde se presentan los personajes y la acción. La novela comienza con un intento de suicidio de la protagonista, y por medios de flashbacks conocemos quién es.

En la segunda parte se desarrolla la trama, conocemos al otro personaje protagonista, Juan, y a partir de ahí se inicia una relación entre ambos personajes.

En la tercera parte el libro (por fin) acaba.

Como os podéis imaginar, es una historia de amor. Los protagonistas son dos: Ruth, una histérica directora de películas malas (esa es la impresión que se le queda a uno) amiga de la exageración, la desesperación y demás. Del otro lado está Juan, un poetrastro en busca de fama, con aires de superioridad y totalmente inaguantable.

Las dos primeras partes están bien. Te entretienen, puedes leer cien páginas sin darte cuenta y no tienes que pensar nada porque la autora te lo da todo mascado.

Lo último me parece un alarde de psicología barata, palabrería y libros de autoayuda. Muchas de sus páginas las he leído en diagonal. Total, quería acabarlo y punto.

No creáis que no me ha gustado… hay alguna parte que está bien, y que deja fragmentos como el siguiente:

Al principio Ruth estuvo casi tentada de despreciar a Pedro por conformarse con una solución tan fácil, una solución que aparentemente implicaba tan pocos retos, la opción cómoda de elegir por pareja a alguien que no represente un desafío en ningún sentido, a alguien aparentemente tan inferior que a nadie se le pasaría por las mientes que fuera a abandonar un chollo como el que le había caído en suerte, pero después tuvo que admitir que era mucho más difícil elegir a alguien que implicaba una pareja estable, un compromiso firme, unos sentimientos aceptados, alguien al que se entregaba, alguien que resultaría sumamente herido si se le abandonaba, alguien de quien había que hacerse responsable, que optar por la solución contraria: enamorarse de alguien aparentemente superior que no ofrecería nunca posibilidades de cimentar una relación seria.

Sin embargo, hasta las partes “salvables” de la novela incluyen comparaciones o párrafos de dos tipos: uno, el de demostrar lo mucho que sabe la autora, lo bien que conoce no sé qué y no sé cuantos, y de otro frases baratas que parecen sacadas de un comercial de esos que emiten a las cinco de la mañana:

En cuanto a Juan, comparaba la situación con las rebajas o las liquidaciones de una tienda: uno acudía con toda clase de expectativas sólo para descubrir que lo que quedaba en el local no era más que saldos, mercancía defectuosa, prendas con taras.

Éste es uno, pero hay montones. Me quedo con las ganas de mostraros uno sobre el mistol, que era todavía peor.

Después, terminando el libro, me encontré con un párrafo que me sonaba haberlo leído en otro sitio (y no en una novela suya, porque es la primera que leo de ella):

Pregunta irremediable que antes o después tendría que acabar llegando. Pregunta irremediable formulada en un restaurante. Pregunta irremediable que podría haberse perdido entre las conversaciones cruzadas, el estrépito de platos y cubiertos, la bulliciosa algarabía de local.

(Posteriormente me enteré de que había sido acusada de plagio en varias ocasiones).

Luego hay otra cosa que me mosqueó. Al principio la mujer describe a cada personaje. Pero después, sorprentemente nos “recuerda” como son… ¿A santo de qué viene que tras trescientas páginas te diga algo así como: porque Ruth era pelirroja? Eso ya lo sabemos desde la quinta página… ¿cree que tenemos tan pocas neuronas que nos tiene que repetir cada dos por tres cómo es cada uno? Será una tontería, pero fue un detalle que me cabreó mucho. Es como si al final de un libro sobre Sherlock Holmes dijeras que es detective. En fin, que no me quiero cabrear (más).

Así que nada, no os lo recomiendo. La autora quiere demostrar lo feminista que es, lo “progre” (en el sentido más despectivo de la palabra) y lo mucho que sabe de todo (no como nosotros, simples mortales que jamás ganaremos un Planeta, ni un Nadal, ni una sentencia condenatoria sobre plagio).

Lo bueno es que me ratifico en el prejuicio: me cae mal y ahora sé que no me gusta cómo escribe.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Te llamaré Viernes, de Almudena Grandes.
  • Blanca vuela mañana, de Dulce Chacón.
Pros
  • La edición de Booket es manejable y resistente.
  • Alguna parte de la novela se salva de la quema porque entretiene.
Contras
  • Los personajes son insufribles.
  • La autora tiene ínfulas de superioridad y lo hace saber.

Namaste.