Literatura

Cómo afrontar la lectura de un libro clásico

A lo largo de este tiempo, siempre que he comentado que estoy leyendo un libro clásico, sea cual sea, recibo algún comentario diciendo que esa lectura da miedo, que impone.

He comenzado hace poco Guerra y paz, el libro que espero que me reconcilie con Tólstoi tras una Anna Karénina que me dejó  más fría de lo que esperaba.

Esta sensación no deja de ser subjetiva, pero he pensado que podría venir bien unas pequeñas recomendaciones para enfocar la lectura y minimizar ese respeto que se les tiene.

1.- No leer de seguido. Un libro con más de mil páginas escrito en el siglo XVIII tiene, por necesidad, diferentes partes en las que no todas van a ser igual de dinámicas. Muchas de estas obras, además,  no fueron publicadas de una vez, sino por fascículos. Afrontar la lectura como si fuéramos uno de esos primeros lectores de la novela nos ayudará a fragmentar un libro largo: leer 10, 20 o 50 páginas al día es una tarea más sencilla que intentar asumir una cantidad mayor.

2.- Ayudarse de otros recursos. Por un lado, conviene tener información previa: conocer algo de la vida del autor y de su obra nos puede facilitar la tarea para evitar empezar a leer por el libro más complejo. Por ejemplo, soy de las que no recomiendan empezar a leer a Bolaño por 2666. Para empezar con Dostoievski se puede probar primero con El jugador antes que comenzar por otra novela más larga.

3.- Hacer un croquis. Cuando empezamos a leer una lectura de este calibre suele haber muchos personajes. Muchos muchos. Principales y secundarios, que se relacionan entre sí y que, sobre todo en el caso de los rusos, se mencionan con su nombre, apellido, patronímico y mote. Recomiendo siempre hacer un breve croquis que sitúe a cada uno. Sé que muchas de estas ediciones tienen un glosario pero corremos el riesgo de que nos comamos un spoiler tamaño ballena. (Ej. Hijo de la condesa X, traiciona a su amigo Z y acaba falleciendo en el campo de batalla). De esta forma iremos añadiendo datos que nos permitan ayudarnos a situarnos conforme avance la trama. Además al personalizarlo podemos ir incluyendo detalles que nos faciliten distinguir unos de otros.

4.- No agobiarse. Que sí, que vivimos en un mundo en el que todo hay que hacerlo YA, en el que las cosas se hacen rápido y pasan de moda deprisa. ¿Quién dice que eso sea bueno? ¿Por qué tenemos que vivir de acuerdo a variables cuantitativas (leo más, tengo más)? Un lector medio no leerá este libro en un fin de semana, y tampoco en una semana. No pasada nada. ¿Acaso el libro se va a autodestruir? Al contrario, personalmente creo que se valora y paladea más cuando se lee poco a poco, se disfrutan de otras cosas que le dan valor al texto: descripciones, tramas secundarias, reflexiones… etc.

5.- Inténtalo, y si no te gusta, déjalo. Si siempre has tenido curiosidad por un libro, léelo. Si no te gusta o consideras que no es el momento para leerlo, siempre podrás abandonarlo. Y sí, lo reconozco: abandoné Los miserables. Dejé a medias La montaña mágica de Thomas Mann. Admito que preferiría haberlos terminado, pero no me arrepiento. Lo intenté y no pude, lo dejé y leí otras cosas, y otros muchos grandes libros clásicos que sí pude terminar.

Y vosotros, ¿también tenéis la sensación de que determinados libros imponen? ¿Evitáis leer clásicos? ¡Fuera los complejos y vamos a seguir leyendo buenos libros!

Namaste.