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Tercer aniversario

El 23 de mayo de 2009 comenzaba esta andadura incierta que es tener un blog.

Y digo incierta porque cuando uno comienza una bitácora no sabe lo que pasará más allá de un par de semanas. Al final esto es como todo: pasada la novedad, ese impulso inicial de los primeros días, llega la rutina, el día a día, el lento discurrir que influye en cada uno de nuestras entradas.

De repente, el bloguero se encuentra con que no tiene tiempo suficiente, o que anda sin ideas, o que se le han pasado las ganas de postear. Llegados a este punto hay distintos caminos: algunos lo dejan, bien de forma radical (cerrando el blog), o bien dejan perecer su espacio sin las actualizaciones pertinentes.

A fin de cuentas, podemos pensar que uno sólo escribe por sí mismo, que no busca el reconocimiento de nadie… pero seamos sinceros, si no buscamos compartir lo que pensamos con otros, podríamos simplemente dejar nuestros escritos en una carpeta de nuestro ordenador.

La otra opción es continuar, seguir pensando que es muy interesante plasmar los pensamientos y opiniones en un post, ver los comentarios que se generan y anotar las sugerencias, parece como si las ideas de uno se ordenaran, como si las cosas estuvieran más claras, más nítidas. Además, a quién queremos engañar, es divertido despellejar un libro cuando no gusta.

Yo soy de este segundo tipo de blogueros. Soy consciente del decrecimiento en las actualizaciones, de los espacios entre post y post, de mi escaso número de comentarios en otros blogs en los que era frecuente que comentara, en mi poco tiempo para leer. Pero aún así, aquí sigo, poco a poco, entrada a entrada, encantada de teneros al otro lado de la pantalla.

Esta entrada no tiene más pretensión que ser una oda al magnífico placer que supone sentarse con un libro entre las manos y olvidarse de lo demás. Si como a mí, os gusta leer, no hará falta que os diga nada más. Así que hoy la mejor recomendación que puedo hacer es que apaguéis el ordenador y leáis un poco. Ya sea cien páginas, un capítulo o un párrafo. Porque un mal día se mejora leyendo. Porque leer es ganarle tiempo al tiempo.

Nos seguimos leyendo.

Namaste.