Autor, Literatura, Starobinets

Tienes que mirar, Anna Starobinets

Tienes que mirar fue un libro que me ganó por la portada cuando me paseaba por mi librería habitual. No es nuevo que todos los libros de Impedimenta están muy cuidados (y que dan ganas de coleccionarlos todos) pero este me ganó sin saber nada de él, sólo por la ilustración floral que aparece en la portada.

Seguro que muchos de vosotros conocéis Starobinets como escritora de relatos de terror. En esta ocasión ella misma se desmarca de lo que vamos a leer a continuación en el prefacio:

Una cosa es inventar historias de miedo y otra muy distinta es convertirse en la protagonista de un cuento de terror. Dudé mucho tiempo si merecía la pena escribir este libro. Es demasiado personal. Demasiado real. No es literatura.

Página 9

Y es que esa historia de miedo que la lleva a ser la protagonista que jamás quiso ser: enfrentarse a la decisión de si continuar un embarazo sabiendo que su hijo tiene una malformación que le impedirá vivir.

Comienza un viaje de búsqueda con la respuesta que le llevará de médico en médico tratando de encontrar porqués. Además, acabará volando a Alemania, donde es mucho más comprendida que en Rusia, su país.

Tienes que mirar es una lectura triste, dura, directa. No cae en los sentimentalismos, porque no los necesita. La descripción de la situación de la autora es suficiente como para que nos remueva por dentro y nos haga partícipes de la incomprensión, del dolor y de la soledad.

A veces te cruzas con personas que consideran necesario decir “lo siento” o “qué pena”. Pero son la excepción. No existen rituales ampliamente aceptados para expresar la compasión.

Página 24

Los capítulos cortos chocan con una narración que parece apresurada, descuidada en ocasiones, con exceso de diminutivos. Probablemente lo que más me ha alejado de la lectura es darse cuenta de que narra lo que le ocurrió hace tan poco (2012) pero que la respuesta por parte de la sanidad rusa parece de otro siglo.

El amor desconsolado, como contrapeso de un dolor lacerante es también parte de esta historia. Ella misma lo define de una forma muy clara:

Mi tristeza es esa leche blanca y tibia que nadie se va a beber.

Página 120

Me queda la duda de si a la autora le habrá resultado catártico escribir su historia y que los demás la leamos. Sin duda, hay que ser muy valiente para abrirse de esta forma en un libro.

FICHA:

Te gustará si te gustóNada más real que un cuerpo, Alexandria Marzano-Lesnevich.
Pros – Directo, duro, real.
Contras – Exceso de diminutivos.

Namaste.