Autor, Carrère, Literatura

De vidas ajenas, Emmanuel Carrère


Sudeste asiático. Navidades de 2004.

El escritor francés pasa unos días de descanso en la zona para reponerse de la rutina. Acude junto con su novia Hélène y dos hijos, uno de cada uno de ellos.

Hasta que.

La víspera eran como nosotros, nosotros éramos como ellos, pero les sucedió algo que no nos sucedió a nosotros y ahora formamos parte de dos humanidades separadas.

Página 26

Carrère acompaña a su novia, de profesión periodista, en los lugares que visita (hospitales, recintos para supervivientes, hoteles…) con objeto de recabar información y reportarlo a los medios franceses. Lo hace también por esa otra humanidad que comentaba el francés: en concreto por un joven matrimonio que ha perdido a su hija y que se enfrentan a la aceptación del gran dolor que sienten y también de la parte práctica en cuanto a la repatriación del cadáver.

El autor reflexiona sobre la naturaleza de la catástrofe, la casualidad y la fortuna, mientras visita los lugares que han quedado devastados por el tsunami.

Paralelamente, Carrère narra la historia de la hermana de Hélène, Juliette, quien ha sido diagnosticada con su segundo cáncer y trata de sobreponerse ante la enfermedad. Finalmente, Juliette muere, dejando tres hijas pequeñas y un desconsolado marido.

El autor conecta ambas historias: las de la enfermedad, la muerte, el dolor, de forma más o menos simétrica: la muerte de una hija para una madre y la de una madre para tres hijas.

Tú tampoco te acuerdas de tu madre cuando eras pequeña. Ni yo de la mía. Ya no vemos la cara que tenían. Sin embargo, nos habitan.

Página 217

La aceptación del fin de la vida, cómo superar el duelo o aceptar lo inevitable, sumado a las circunstancias de una y otra historia. La reflexión sobre lo efímero de nuestros días, sobre la espada de Damocles que se cierne sobre nosotros. Y aún así, seguir.

Como es común en el francés, utiliza la autoficción para situarse como personaje dentro de la historia que nos está contando. Plagado de saltos temporales, ambas historias se entremezclan hasta que Carrère, un tiempo después, decide convertir ambas historias en un libro.

Más errático que otros de sus libros, me parece que la edición ha formado parte clave y no ha resultado del todo satisfactoria. Abundan las autoreferencias (tanto de libros que escribió antes Carrère como de la propia historia de Juliette, que llega a mencionar en el inicio del libro), pero me parece que no acaba de funcionar al no estar bien empastado del todo: se nota que son dos historias independientes que se han decidido unir y pareciera como si ha añadido las autoreferencias para dar la sensación de que De vidas ajenas está bien construido desde el principio.

Comparado con otros libros del autor, me ha gustado mucho menos, es una buena historia, tiene el sello de calidad que nos ofrece Carrère siempre pero no es tan redonda como El adversario o Limónov.

O quizá resulta que cuando has escrito libros redondos, tus lectores siempre te van a exigir el máximo. Porque para otros, y eso es lo triste, este seria el libro que aspiran escribir.

FICHA:

Te gustará si te gustó Una novela rusa, Emmanuele Carrère.
Pros – Cómo trasmite la tristeza y el dolor de las historias.
– Las reflexiones que genera.
Contras – Problemas de conexión entre ambas historias.

Namaste.

3 comentarios en “De vidas ajenas, Emmanuel Carrère”

  1. Hola, Laura:
    No he leído «De vidas ajenas» pero sí otros libros de Carrere como ‘Limonov’, ‘Una novela rusa’ y ‘El Reino’. Creo que Carrere es un buen escritor y también que resulta a veces algo lioso. Coincido contigo en que tras haber leído, por ejemplo, Limónov el nivel de exigencia del lector sube mucho. Y puede ser que sea por eso por lo que «De vidas ajenas» no te ha llegado a llenar.
    Un beso

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    1. Gracias por pasarte y comentar, Juan Carlos.

      A veces pienso que soy una lectora distraída y que me pierdo en las conexiones que hace el autor, así que saber que a ti también te ocurre me reconcilia un poco conmigo misma.

      Claro, los antecedentes son siempre peligrosos, y cuando lees la que parece la obra cumbre del autor es fácil exigir de más.

      Me gusta

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